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Inmersos en la grilla electoral con miras a los comicios de 2027 y picándose los ojos para amarrar candidaturas para sí o sus títeres, a los legisladores morenistas (se entiende que los prianistas y asociados nunca lo harán) parece resbalarles si la democracia mexicana está en riesgo, a pesar de que en al menos ocho países latinoamericanos con gobiernos de ultraderecha impuestos por operadores pagados (descubiertos, como en el caso de Fernando Cerimedo, e invisibles, aunque siempre las coordenadas apuntan a la Casa Blanca) se destapó la cloaca del denominado fraude digital, la guerra sucia, la manipulación, la desinformación y las granjas de bots. En México pretendieron hacerlo, pero se les apestó, lo que no quiere decir que dejarán de intentarlo, especialmente si el río de dinero que los financia sigue su cauce y esto también debe ser investigado.


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