Este 15 de octubre, la Cámara de Diputados aprobó la Ley de Ingresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal de 2027, con ello, se aprobó la tasa 0% de IVA a determinadas ventas de libros, periódicos y revistas, dice el documento.
Sin embargo, lo que supondría un triunfo del gremio librero tras una lucha de casi una década, tiene una restricción: "Al menos 90% de ingresos provenientes de esas ventas". La propuesta que arribará al Senado para su discusión y aprobación, no representa ningún beneficio para las pequeñas librerías independientes, de barrio, en México.
La situación es grave, pero ni los legisladores ni a las autoridades culturales federales, sea la Secretaría de Cultura o el Fondo de Cultura Económica, les importó el llamado que desde su presentación, hace más de un mes, ha hecho la Red de Librerías Independientes (Reli) a través de su presidenta, Claudia Bautista, quien no solo cuestionó la restricción del 90%, sino que dió a conocer una consulta entre librerías, y el resultado es que por sus ingresos concluyen que siete de cada diez librerías reportaron estar por debajo del umbral del 90%.
Por ello, hicieron mas claras sus críticas: "El Estado dice querer fortalecer las librerías, pero establece un criterio que puede castigar las estrategias que les permiten sobrevivir", señala y agregan que al hacerlo, el Estado revela "una preocupante desconexión" entre quienes diseñan las políticas públicas y quienes mantienen abiertas las librerías. "Si no es capaz de hacer esa distinción, el problema no está en las librerías. Está en el diseño de la medida."
Esta tarde, a través de sus redes sociales, publicaron:
"El cabaret de la tasa cero a librerías, un material visual elaborado por Instituto del Libro y la Lectura, A.C.; y colgaron un documento en el que señalan que en México, una librería puede sobrevivir a la falta de lectores, a los costos de distribución, a los márgenes estrechos y a la competencia desleal, "Pero cuidado si se le ocurre vender café, dar talleres o vender papelería. Porque entonces podría dejar de merecer un beneficio fiscal destinado, precisamente, a fortalecer las librerías".
Apuntan que el requisito de que el 90% de sus ingresos provenga de la venta de libros, periódicos y revistas revela una preocupante desconexión entre quienes diseñan las políticas públicas y quienes mantienen abiertas las librerías, ya que las librerías independientes no diversifican sus actividades por capricho, lo hacen para sostener sus espacios, generar comunidad y seguir poniendo libros al alcance de sus lectores.
"La política pública debería distinguir entre una librería que necesita vender café y una cafetería que coloca unos cuantos libros para obtener un beneficio fiscal. También es labor de los funcionarios establecer candados para que las grandes superficies que venden libros no se beneficien aún más por el retorno de impuestos. Si no es capaz de hacer esa distinción, el problema no está en las librerías. Está en el diseño de la medida", apunta y remata: "Una librería no debería tener que elegir entre ser económicamente viable y ser merecedora de un beneficio que le permite operar".
El llamado que han hecho es a generar una discusión seria sobre sus condiciones. Cuestionan el 90%, "¿De dónde surge ese porcentaje? ¿Qué realidad librera pretende representar? ¿A cuántas librerías podría dejar fuera?"
Señalan que las librerías no tienen un modelo único, que algunas complementan sus ingresos con cafeterías, talleres, papelería, ilustraciones, objetos culturales y otras actividades, que esos ingresos pueden financiar aquello que hace valiosas a muchas librerías independientes: "catálogos arriesgados, editoriales pequeñas, libros de lenta circulación y apuestas culturales que difícilmente sobrevivirían si todo se decidiera por su rentabilidad inmediata".
Hasta ahora, los legisladores no han escuchado su llamado: "En RELI proponemos discutir qué criterios permiten identificar a una librería real, proteger el beneficio frente a posibles abusos y reconocer las distintas formas en que se sostiene la actividad librera en México". Agregan: "No necesitamos una política que les enseñe a las librerías cómo convertirse en beneficiarias, necesitamos una política que sepa reconocer a sus destinatarias".
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