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En la mayoría de las familias hay peleas por herencias, hijos no reconocidos, adicciones y delitos. Una serie de situaciones que todo el mundo quiere guardar bajo la alfombra para que nadie se entere, afirma la directora, dramaturga y actriz Valentina Garibay. Todos estaríamos más sanos si pudiéramos hablar con toda libertad, continúa: “En mi familia mi tío es ladrón, mi abuelo es alcohólico, tengo tantos medios hermanos. Creo que hay una obsesión por la perfección y eso hace que carguemos grandes pesos que no nos permiten ser y entender que la humanidad está llena de eso, que la humanidad es muy imperfecta”.

En el monólogo A mi mamá le gusta Bruce Willis, que puede verse en el Teatro El Milagro hasta el 28 de octubre (martes y miércoles, a las 20:00 horas), Garibay plantea la existencia de un “producto mágico y milagroso, que es un kit de secretos familiares. Para quien se tome unas cápsulas de este producto, que es como de infomercial, desaparecerán los secretos familiares, se van a poder exponer con total libertad, sin que ello represente crisis, fracturas y rupturas”.

Garibay añade que lo que plantea en la obra puede rastrearse en su propia historia. Durante muchos años, recuerda, ocultó muchas cosas muy vergonzosas: “Cada vez que establezco una relación con alguien que cruza la primera capa epidérmica, me doy cuenta que todas las personas cargan con esas cosas que las familias exigen ocultar por el qué dirán”.

Una situación en la que están implícitas la doble moral y la hipocresía: “Más en estos tiempos donde estamos expuestos al escrutinio público y se señalan a los otros con tanta facilidad, digo. Me recuerda a la frase bíblica sobre ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio. Es cómodo sentarse y exponer al otro, pero todos cargamos cosas oscuras, densas”.

Una de las experiencias que más impresionó a Garibay en esta línea fue al impartir talleres y ver la cantidad de abusos sexuales que suceden al interior de las familias: “La gente lo vive de manera muy tormentosa, como una pesadilla. Es tremendo, no se habla de eso. La realidad es que es tremendamente y terriblemente común”.

“Hay tanta vergüenza de no sentirnos especiales, pulcros y perfectos. Todos vivimos con estas vergüenzas desde niños, queriendo sepultar todas esas verdades incómodas. No conozco ninguna familia perfecta, en donde todos los integrantes actúen de manera ética y moral todo el tiempo. Si pudiéramos abrir esas preguntas y saber que no estás manchado, o que todos lo estamos, sería más sano, más llevadero”.

Valentina Garibay menciona una idea que flota en el imaginario: la del héroe de acción. “En México existen muchas familias donde las mamás son las jefas de la familia. Ellas son realmente las heroínas de acción de las familias. Hay un tono tragicómico porque la obra revela una cuestión dolorosa e hipócrita. La decepción de darse cuenta de que la sociedad y las familias exigen cosas imposibles. Es gracioso cuando uno enfrenta esto con la cultura mainstream”.

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