Pues Hacienda entregó ya tarde el Paquete Económico a la Cámara de Diputados, y aún se tardaron media hora más en ponerlo en línea, con lo que esta columna quedó ya muy apretada por el cierre editorial. Como sea, a bote pronto, hay algunos puntos que se pueden analizar de los Criterios Generales de Política Económica.
Primero, tanto en el documento como en el discurso del secretario en la Cámara, el gobierno confirma que su objetivo fundamental es mantener la compra de votos disfrazada de política social. Como ya hemos comentado, esto es un problema para las finanzas públicas, independientemente de la opinión que tengan acerca de ese tipo de paternalismo. El gasto social ha crecido mucho más rápido que los ingresos del gobierno, provocando que otras actividades tengan que reducirse mientras la deuda se incrementa. Alguna senadora afirmó hace poco que ese reparto de dinero no viene de los impuestos, y en parte tiene razón, hace ya tiempo que los impuestos no alcanzan para eso, y lo pagamos con menos vacunas y medicinas y contratando deuda.
Esto es muy claro en el paquete 2027: el gasto en “desarrollo social” crecerá en más de 450 mil millones de pesos, mientras que el destinado a “desarrollo económico” se contrae en casi 200 mil millones. Pero el documento parte de estimar un crecimiento de la economía del orden de 2% para el próximo año, con base en los polos de desarrollo y el Plan México, lo que no parece coherente.
El segundo punto que hemos considerado peligroso es el continuo rescate de Pemex, que está costando más de 200 mil millones de pesos al año. Para 2027, ya de entrada le asignan 255 mil millones al pozo sin fondo.
Como verá, Hacienda no está dispuesta a enfrentar las dos causas de la crisis fiscal: el enorme reparto de dinero y el derrumbe de Pemex. Sin esto, no hay cómo “consolidar” las finanzas, de forma que empieza la danza de números, que creo que es muy evidente en el apartado dedicado al mediano plazo. En él, se estiman los ingresos del gobierno de 2028 a 2032 en 22.8% del PIB, pero para 2027 afirman que conseguirán 23.2%. No queda claro cómo ocurriría eso, especialmente cuando vemos que en este año, al mes de julio, se están quedando por debajo de 22 puntos. Esperan incrementar notablemente la recaudación de ISR, pero en este año se les vino abajo, por primera vez en muchos años: sólo en tiempos de crisis (1995, 2003, 2009) había pasado algo así.
En cuanto a los gastos, para 2027 ya anuncian una contracción en la inversión pública, del orden de 120 mil millones de pesos, que nuevamente va a contrapelo de la esperanza de recuperación económica. Es cierto que la estimación de crecimiento es menos absurda que en otros años y queda cerca del promedio de los especialistas (2.0 frente a 1.8%), pero las medidas de política económica implícitas en el paquete, insisto, van en dirección opuesta.
Hacienda sostiene que en este año el déficit será de 4.1% del PIB, y lo bajará a 3.9% para 2027. La primera cifra es poco probable, con los datos que ya tenemos a julio: sería necesario que de agosto a diciembre no hubiese un peso de incremento en ese indicador. La segunda depende de esos ingresos excepcionales, incluso en la perspectiva de Hacienda de mediano plazo.
En próximas colaboraciones podremos analizar con más detalle el paquete completo, que ahora apenas pudimos revisar. De entrada, sin embargo, creo que Hacienda no está respondiendo a las preocupaciones de agencias e instituciones financieras. Se entiende que es más importante para quienes están en el poder no perderlo, y si lo ganaron a costa de endeudar al país, lo defenderán hundiendo lo que queda. Pero tal vez no han medido bien los riesgos, a pesar de los avisos recientes. Ya sabremos.
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