Como sabemos, la elección federal de 2021 la perdió la coalición de Morena, y eso no se reflejó en una mayoría de oposición debido al esquirolaje de Movimiento Ciudadano, que ha optado por buscar convertirse en segunda fuerza electoral, aunque en el camino desaparezca la democracia. En esa misma elección, la coalición de Morena ganó todas las elecciones locales en el Pacífico con el apoyo del crimen organizado, fenómeno documentado ampliamente. Fue precisamente eso lo que encendió alertas en Estados Unidos que llevaron a la extradición de Ovidio Guzmán, la extracción de El Mayo, la declaratoria de cárteles como organizaciones terroristas extranjeras y, finalmente, la conformación de la Fuerza de Trabajo Conjunta Interagencias del Comando Norte, que durante este año ha coordinado las acciones en Chihuahua, las solicitudes de extradición, la captura de El Mencho y, supongo, que otras acciones menos conocidas.
En 2024, para ganar las elecciones, López Obrador utilizó los recursos públicos para fingir una recuperación económica inexistente. Por un lado, gastaron enormidades en el Tren Maya y Dos Bocas, pero, además, falsearon la información para que el crecimiento de la economía (ficticio) ocultara el crecimiento del déficit (muy elevado). Por otro, se amplió el padrón de receptores de apoyos y el monto entregado, para que los votantes no tuviesen duda del camino correcto. Ganaron por muy poco (54% de los votos), pero llevaron a cabo un golpe de Estado mediante el cual se asignaron 74% de las curules en Diputados y un poco menos de 66% de los senadores. Los que faltaban se obtuvieron con una mezcla de corrupción y chantaje. Con base en eso, destruyeron el Poder Judicial, los organismos autónomos, capturaron lo que faltaba en el INE y el TEPJF y ahora buscan acallar a todo mundo.
La razón es simple. Ya no tienen dinero, así que no hay manera de replicar lo hecho en 2024. Para fingir crecimiento, lo que les queda es volver a falsear datos, pero habrá quien reclame. Hay que callarlos. Tampoco podrán recibir mucho apoyo de los socios criminales, porque estos se encuentran ahora bajo presión estadounidense. No solo ellos, sino también los políticos que los han solapado o que de plano trabajan para esos grupos. Para quitarse presión, han empezado a distraer con otros políticos, acusando a Ernesto Ruffo del crimen que ellos cometieron (contrabando de combustible, también claramente documentado), reviviendo la matanza de Iguala, incrementando la presión sobre Alito y lo que se acumule. No son casos comparables, pero sí parecen tener el mismo origen: la urgencia de quitarse reflectores extranjeros.
Como ya hemos comentado en varias ocasiones, el gobierno no gobierna nada, solo habla. Su único espacio de acción es la mañanera y sus únicas herramientas son las mentiras. Por eso les urge acallar las críticas. Para eso revivieron el tema de la “defensa de las audiencias”, que obviamente no es tal, y para eso están ahora elaborando listas de enemigos. Que no haya duda, de eso se trata. El populismo requiere investirse de superioridad moral para sobrevivir, y más en las condiciones deplorables en las que ahora se encuentra el país, que pueden costarle muy caro a la coalición gobernante.
Prácticamente todo depende de que sus mentiras no sean confrontadas: un crecimiento inexistente, la falta de empleo, el desastre educativo y en salud, el derrumbe de la infraestructura, el supuesto avance en seguridad. Incluso el único éxito, el incremento en ingresos producto del reparto de efectivo y el creciente salario mínimo, ya empieza a ser un lastre en el empleo, a considerarse un derecho, y a no alcanzar para mucho. Dicho de otra forma, ya no compra votos como antes.
Por eso les urge acallar las críticas. No van a poder. El derrumbe se avecina.
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