Hubo un tiempo en el que la etiqueta “cine de culto” definía un conjunto de películas por descubrir: provocadoras y desmedidas, al margen del prestigio o del éxito comercial y, a pesar de las dificultades para encontrarlas, capaces de convocar a un grupo de espectadores apasionados. En una época, como la actual, en la que el consumo de cine se ha disgregado e internet parece poner todos los títulos al alcance de la mano, ¿todavía podemos hablar de “cine de culto”? ¿Qué es ser transgresor en nuestro tiempo? En la siguiente conversación, los críticos Fernanda Solórzano y Mauricio González Lara no solo ponen a discusión la vigencia de la etiqueta, sino que indagan en la capacidad de ciertas cintas para seguir perturbando, brindando experiencias estéticas inigualables y tensando los límites de lo permitido. Mauricio González Lara (MGL): El término “cine de culto” ya existía desde los setenta: nombraba películas difíciles de ver, exhibidas en salas underground o en el circuito de medianoche. Danny Peary no lo acuña, pero lo perfecciona en Cult movies (1981), donde define estas películas como productos que no aspiran a ser percibidos igual por todos, y que despiertan –por razones muy variables– un interés casi obsesivo en cierto sector del público. Esa razón puede ser su valor artístico, una propuesta estética radical, la violencia extrema, una actuación extraña, una temática controversial, o incluso la percepción de que están muy mal hechas. El abanico es inmenso: va del cine de horror hasta John Waters o Mamita querida (1981), de Frank Perry, pero también puede incluir a directores artísticamente desafiantes como Żuławski o Béla Tarr. En mi opinión, ese “culto” ya no opera con el fervor de antaño, o mejor dicho: lo ves de manera fugaz en redes, más alrededor de fenómenos que de películas, aunque todavía hay obras que despiertan esa clase de intensidad. Con todo, yo definiría el cine de culto como ese cine extravagante, único o idiosincrático que logra capturar la imaginación de un grupo de personas de manera obsesiva. Fernanda Solórzano (FS): Creo que “cine de culto” es una categoría oldie. Que ahora existan muchos coffee table books sobre películas de culto –incluido el de Danny Peary, que en su primera edición era de pasta blanda y ahora ya es un coffee table book– te habla de todos los pasos de legitimación y de todas las instituciones que aceptaron este cine. Otro elemento que las distingue es que todas esas películas tuvieron mil problemas en el momento de su estreno. Carecieron de los canales de distribución o de exhibición de aquellas películas que sí se concibieron para el consumo masivo. Quizás por eso arriesgaban más. En la última película de Pedro Almodóvar, Amarga Navidad (2026), uno de los personajes es una directora de cine de culto y una enfermera le pregunta: “¿Qué es el cine de culto?” La directora le responde algo como: “Es un cine que en su momento no vio nadie, pero quienes lo vieron se enorgullecieron de eso, y lo volvieron más popular, o más famoso, o más conocido.” Pienso que es un acierto que…
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