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La designación de Rafa Márquez como director técnico de la selección mexicana de futbol se entrelaza con un viejo recuerdo: el encuentro con un amigo de la juventud en el que el hoy entrenador de la selección también estuvo presente en la plática

Texto: Rogelio López

Foto: Fernando Carranza Garcia / Cuartoscuro

HOUSTON, TEXAS. – La última vez que vi a Ulises fue en el año de 1999. Estacionó su auto en algún punto cercano a CU, creo que en las astas banderas del Estadio Olímpico México 68. La UNAM estaba cerrada por una huelga. He de confesar que mi amigo, defensa central oriundo de San Pablo Tecalco en el Estado de México, era un poco reaccionario. En esa ocasión, se lanzó con todo contra los “huevones” que no querían estudiar y que cerraron la Universidad. Yo era uno de ellos.

No recuerdo ni por qué nos vimos. La charla no duró mucho, es más, ni siquiera nos bajamos de su auto.

Le pregunté si todavía jugaba. Me dijo que sí, que el Tec de Monterrey de la Ciudad de México le había dado “media beca” para formar parte del equipo de futbol y estudiar ingeniería.

El “Tío”, como le decíamos en el equipo, siempre fue un muy buen estudiante. Nos conocimos en el equipo de fuerzas básicas del Cruz Azul; ambos también coincidimos en la Prepa 1.

Durante los tres años que jugamos juntos, fuimos muy unidos. Salíamos de clases, nos subíamos al Topaz blanco y en menos de diez minutos estábamos en mi casa. Mi mamá preparaba la comida, nosotros poníamos la televisión y, casi automáticamente, “Lucas”, otro de sus sobrenombres, se quedaba profundamente dormido. Normal para una persona que se levantaba diariamente a las 4 a. m. para salir a las 5 de Tecámac, Estado de México, cruzar toda la ciudad de norte a sur y llegar a clase de 7 en la prepa ubicada en Xochimilco.

Cuando estaba la comida, mi mamá gritaba que pusiera la mesa. Con la mesa puesta, lo único que faltaba era despertar a Ulises para comer.

Por su buen desempeño, con el pase automático —ese que defendían los huelguistas— Ulises entró a la Facultad de Ingeniería a estudiar telecomunicaciones. No obstante, en algún momento de su vida decidió que el Tec era “mejor” opción.

En pleno neoliberalismo zedillista, de desmantelamiento y desprestigio sistemático de la educación pública —y gratuita—, las escuelas privadas se presentaban como la panacea y, claro, como un excelente negocio para los que lucran con la educación.

Con cierto tono de reproche y arrepentimiento, en plena charla Ulises me confesó:

“El Tec ni laboratorios tiene. Teníamos que ir a la Facultad de Ingeniería de la UNAM a usar sus laboratorios; ahora que está cerrada no podemos”.

Dentro de mí pensaba: una institución pública que buscaba eliminar la gratuidad subsidiaba a una institución privada que ve la educación como un negocio, no como un derecho.

Al preguntarle por su salida del Cruz Azul, Ulises me comentó que todo iba bastante bien. De hecho, llegó a formar parte de la selección mexicana Sub 20. Estuvo entrenando con el representativo, que participaría en algún torneo importante; por las fechas, se pudo tratar del Mundial Sub 20 que se celebró en Nigeria en 1999.

“Prácticamente estuve todo el proceso de preparación. Sin embargo, un día llega el entrenador y me dice que mi lugar sería ocupado por Rafael Márquez”. La joven estrella del Atlas, nacido al igual que nosotros en 1979.

Por más que pensara que era una injusticia, los dos sabíamos que no había forma de competir con Rafa Márquez, quien además acababa de firmar con el Mónaco de la liga de Francia.

Ulises continuó:

“Me dieron las gracias en la selección, regresé al club y me mandaron a una filial —tal vez a Lagunas Oaxaca—. Sin embargo, decidí que lo mejor era seguir estudiando y surgió la oportunidad del Tec y, pues, la tomé”.

Rafael Márquez, nuevo técnico del Tri

El día 10 de septiembre Rafa, como cariñosamente le dice la gente, fue presentado como director técnico de la selección nacional mexicana. Sí, ese al que Ulises “cedió” su lugar en la selección Sub 20.

En julio de 2024, en plena preparación de la selección para el Mundial 2026, Márquez se integró al cuerpo técnico de la selección como auxiliar técnico. Previamente, la Federación Mexicana de Futbol —FMF— había anunciado que el oriundo de Zamora, municipio del Estado de Michoacán, famoso por sus chongos y por “Mamá Rosa”, sería el relevo de Javier “el Vasco” Aguirre en el banquillo de la selección.

Confiado en que la FMF cumpliría su palabra, el ex defensa central del Barcelona, considerado el segundo mejor jugador mexicano de todos los tiempos, que, a diferencia de Hugo Sánchez —el primero—, pudo levantar dos veces el trofeo de la Champions League con el Barcelona, primero con Rijkaard y después con Guardiola, abandonó en 2024 su puesto de entrenador en el Barcelona Atlètic para unirse a la selección mexicana.

La decisión de abandonar una filial del Barça después de dos años no fue vista con buenos ojos por algunos. Sus críticos consideraron un error su decisión de ir a la selección mexicana, un salto prematuro. Si el exjugador del León bicampeón de Matosas se hubiera mantenido en el puesto de entrenador en una institución con el prestigio en la formación de jugadores y entrenadores —Guardiola y Luis Enrique— y un estilo de juego bien definido que tiene como sello característico el buen trato y la posesión del balón, como es el caso del Barcelona FC, sin lugar a dudas, todo esto habría impactado positivamente el desarrollo profesional del zamorano.

Sin embargo, Márquez consideró que no podía decirle no a la selección.

La sabiduría del Dr. García

Esta decisión me recuerda un poco una anécdota que cuenta Luis García Postigo. Antes de convertirse en “el Dr.”, primero fue uno de los mejores centros delanteros del futbol mexicano. Surgido de los Pumas de la UNAM, el “niño artillero” como lo llamaba el Perro Bermúdez, formó parte de una de las más grandes generaciones de futbolistas nacidos en la cantera universitaria.

Por su calidad, Luis fue vendido al Atlético de Madrid, lo que en su momento fue la transacción más importante del futbol mexicano.

Esto difícilmente hubiera ocurrido si Luis no le hubiese hecho caso a su padre. García Postigo recuerda que en sus inicios se enfrentó a la disyuntiva de jugar con los Pumas o el América, equipo del que era seguidor. Su papá le recomendó que tomara la opción de la Universidad, equipo que en aquella época se caracterizaba por darle la oportunidad a los jóvenes, a diferencia del América, el cual se nutría de jugadores extranjeros y mexicanos consolidados.

“El América es como una secretaría de Estado, llegas al equipo por arriba”, le dijo su papá.

Lo que trataba de hacerle ver era que tenía muy pocas oportunidades de consolidarse como futbolista en el América.

El “Dr.” optó por los Pumas y se convirtió en uno de los referentes más importantes del equipo universitario, campeón en la temporada 90-91 y bicampeón de goleo. Años después, regresó de Europa y llegó como toda una estrella al América.

El tiempo dirá si Rafael Márquez tomó la decisión correcta.

Un noveno lugar de pacotilla

La FMF seguirá exprimiendo al máximo el noveno lugar obtenido en la Copa del Mundo. El que Rafa Márquez haya sido elegido es un quid pro quo, es decir, un intercambio del cual se benefician ambas partes. Rafa Márquez gana proyección —y seguramente mucho dinero—. Por su parte, la federación utiliza a una de las más grandes figuras del futbol nacional, que con solo su nombre genera expectación. Además, con su nombramiento la FMF aparenta que existe la continuidad de un “proyecto” para la selección mexicana de futbol.

Sin embargo, no debemos olvidar que ese noveno lugar en el Mundial 2026 se dio después de una clasificación en la que, a pesar de las tres victorias iniciales, el desempeño del equipo nacional fue muy mediocre. Al respecto, considero que solo se pueden destacar los destellos del segundo tiempo del partido contra Chequia. Y si bien los juegos de eliminación directa contra Ecuador —el mejor partido— y contra Inglaterra mostraron mejores cosas, estas actuaciones, en los hechos, solo sirven para maquillar las cosas.

La realidad del futbol mexicano sigue siendo la misma: una liga que anula el descenso y que, en lugar de exportar jugadores, los repatría. Hasta el momento, el único seleccionado nacional que logró fichar con un club europeo fue Armando, la “Hormiga”, González. En contraste, la contratación de Erik Lira con el Mónaco se cayó en el último momento. Asimismo, el “Chino” Huerta y Orbelín Pineda están de regreso en el balompié nacional después de su aventura por Europa.

La luna de miel de Rafa y la FMF

Rafa hoy vive un sueño hecho realidad. Si bien, la federación, por primera vez, cumplió una de sus promesas. Lo anterior porque está muy fresco en la memoria la traición de la que fueron objeto los equipos de la Liga de Expansión, a quienes la federación prometió que habría ascenso a la Liga MX, la primera división nacional, si cumplían con una certificación. Sin embargo, aunque como se dice prometer no empobrece, el mes pasado la federación anunció que la única forma de acceder al máximo circuito del futbol mexicano sería a través de la compra de una franquicia, rompiendo con ello su compromiso.

Márquez también debe estar consciente de que la luna de miel durará mientras la selección obtenga buenos resultados. No importa si juega bien, lo importante es que la selección continúe siendo un producto atractivo, es decir, que ingrese dinero a las arcas de la federación.

Si esto no pasa, Rafa debe ser consciente de que, al igual que Diego Cocca o Jaime Lozano, anteriores entrenadores del Tri, que cual “Kleenex”, una vez que se usaron fueron depositados en la basura.

Reflexionando nuevamente sobre el porqué de mi encuentro con quien hasta ese momento era uno de mis mejores amigos, y sobre cómo eso derivó en que no nos volviéramos a ver ni a comunicar, a la luz de los años, pienso que el cruce entre un huelguista y una persona que creía fielmente en la meritocracia, en un ambiente aderezado por la desinformación, la polarización y el linchamiento mediático, no podría dejar intacta la amistad y la camaradería.

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