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La soberanía y la seguridad emergen como temas centrales en la elección presidencial que se avecina en Brasil. Una elección que, en palabras del doctor Alfredo Alejandro Gugliano, profesor de la Universidad Federal de Río Grande del Sur, será fundamental para América Latina: “No sólo por si tendremos más gobiernos de izquierda o de derecha. Es también qué tipo de proyecto político será capaz de responder a los problemas que están en el centro de las preocupaciones de nuestras sociedades”.

Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, el profesor Gugliano conversó con EL UNIVERSAL, vía correo electrónico, sobre los desafíos de esta elección tanto para Brasil como para una región latinoamericana que se dirige hacia la ultraderecha.

¿Cómo describe el proceso electoral que se avecina en Brasil?

—El proceso se caracteriza por una fuerte polarización entre un candidato identificado con el campo progresista y un conjunto de candidatos que representan distintas corrientes del bloque conservador, muy especialmente de la ultraderecha. En gran medida reproduce una división política que se consolidó a partir de la elección de Jair Bolsonaro en 2018 y que ha marcado la competencia electoral brasileña en los últimos años.

Sin embargo, existen algunas novedades importantes. A diferencia de elecciones anteriores, el campo conservador aparece más fragmentado. Otro aspecto relevante ha sido el surgimiento de una controversia relacionada con ministros del Supremo Tribunal Federal (STF); la crítica al STF ha sido una de las principales banderas de los sectores de derecha, especialmente desde que el Tribunal juzgó y condenó a personas involucradas en los acontecimientos del 8 de enero de 2023, cuando se produjo el asalto a las sedes de los tres poderes en Brasilia.

De acuerdo con las encuestas habrá una segunda vuelta entre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro. ¿Qué fortalezas encuentra en estos candidatos?

—Lula da Silva históricamente ha tenido una gran capacidad para conquistar el voto de los sectores de menores ingresos, especialmente en la región Nordeste del país. En las últimas elecciones (...) ha demostrado capacidad para construir mayorías en diferentes regiones, aunque actualmente la disputa es mucho más competitiva en los principales colegios electorales del sudeste.

En el caso de Flávio Bolsonaro, una de sus principales fortalezas es que no parte de cero. Hereda una estructura política y electoral construida por el bolsonarismo, así como una red de movilización política y social que incluye dirigentes políticos, parlamentarios, organizaciones, grupos religiosos y, sobre todo, comunidades digitales. Si llega a la segunda vuelta tendrá la posibilidad de incorporar parte de los votos de los demás candidatos de derecha y de centro-derecha, y de movilizar a sectores del empresariado y del electorado de mayores ingresos. Esto no significa que exista una posición homogénea de las élites económicas brasileñas, pero sí que Flávio puede encontrar en estos sectores una base importante de apoyo.

¿Ve posible el triunfo de la derecha en Brasil?

—Sin duda que sí. En este momento existen condiciones para una disputa muy abierta entre los dos campos. Puede producirse tanto una victoria de Lula como una victoria de un candidato de ultraderecha. La evolución de las alianzas, de la campaña y de las preferencias de los electores que todavía no están completamente definidos, será fundamental para el resultado final.

Cada campaña tiene unos temas o ideas que llaman a más votantes, en 2026 el de la soberanía nacional es central. ¿Qué piensa sobre ese debate?

—La soberanía nacional es, efectivamente, uno de los temas centrales de esta elección, aunque adquiere significados diferentes. Para Lula da Silva, la soberanía está relacionada principalmente con la autonomía del país frente a las grandes potencias, la defensa de los intereses nacionales y la capacidad de Brasil para definir su propia estrategia de desarrollo. Aparece vinculada a temas como la protección de las riquezas naturales, la cuestión ambiental, el fortalecimiento de la industria nacional y de la agricultura, y a una política exterior que preserve un margen de autonomía.

Para Flávio Bolsonaro la soberanía aparece fuertemente asociada a la capacidad del Estado de garantizar la seguridad y el orden dentro del territorio nacional. En el ámbito internacional, propone una reorientación de la política exterior brasileña, con un acercamiento más fuerte a Estados Unidos y a socios que considera tradicionales, como Israel y Argentina.

Hay, además, otros temas que pueden tener un fuerte impacto electoral. La seguridad pública es uno de ellos y se ha convertido en un terreno de disputa entre las dos campañas. Aunque parten de diagnósticos y propuestas diferentes, tanto Lula como Flávio están dando cada vez más espacio a este tema en su propaganda electoral.

¿Cómo se perciben las respuestas del presidente Lula frente a Donald Trump?

—La relación entre Brasil y Estados Unidos sufrió modificaciones importantes en los últimos dos años, especialmente a partir de la intervención del gobierno de Trump en cuestiones relacionadas con el proceso judicial contra Jair Bolsonaro y con las decisiones del Supremo Tribunal Federal. En 2025, Estados Unidos impuso sanciones no sólo contra el ministro Alexandre de Moraes, sino contra su familia, y en 2026, la tensión adquirió una dimensión comercial, con la imposición de nuevos aranceles sobre productos brasileños.

Frente a estas circunstancias, el posicionamiento del presidente Lula ha sido bastante consistente: diálogo con EU, incluso en los momentos de mayor tensión, y rechazo a las sanciones contra un ministro del Supremo y a la utilización de medidas comerciales para presionar a Brasil. No se trata de buscar una ruptura con Estados Unidos, que sigue siendo uno de los principales socios económicos y políticos, sino de establecer una relación en la que Brasil pueda negociar y cooperar sin aceptar interferencias en cuestiones que considera de su exclusiva competencia.

Este caso también tiene una dimensión que va más allá de la relación bilateral entre Brasil y Estados Unidos. Para América Latina, la cuestión es hasta qué punto los países de la región pueden mantener relaciones económicas, políticas y estratégicas con Washington sin renunciar a su autonomía para tomar decisiones internas. La posición de Lula puede ser interpretada como un intento de preservar un margen de autonomía nacional al tiempo que mantiene abierto el canal de negociación con EU.

Las elecciones de Brasil son muy importantes para América Latina ante el crecimiento de la derecha en la región. ¿Qué papel pueden jugar Brasil y México?

—En América Latina tenemos una combinación muy particular. El crecimiento electoral de la ultraderecha ocurre al mismo tiempo que el gobierno norteamericano vuelve a utilizar un lenguaje que recuerda a la Doctrina Monroe y busca reforzar su influencia en América Latina.

Aunque los gobiernos y movimientos de derecha de la región no son iguales, podemos observar convergencias importantes. Una de ellas es la seguridad pública y el combate a la criminalidad; el modelo implementado por el presidente Nayib Bukele en El Salvador se ha convertido en una referencia. La idea de utilizar políticas de seguridad más duras, ampliar las facultades del Estado y dar prioridad al combate contra el crimen aparece hoy en diferentes discursos políticos de la región, y está presente en la campaña de Flávio Bolsonaro.

También existen convergencias en los ámbitos económico e internacional. Además, aparecen en el campo de la moral y de las costumbres, con la defensa de valores sociales más conservadores, hasta un rescate de elementos del pasado autoritario de la región, presentados como un legado positivo.

En este contexto, Brasil y México pueden desempeñar un papel particularmente importante. Son dos de los países con mayor peso económico y político de América Latina y sus decisiones tienen consecuencias que van más allá de sus fronteras. Brasil, especialmente, puede contribuir a mantener una política exterior latinoamericana con mayor autonomía y a defender espacios de cooperación regional que no estén completamente subordinados a la disputa entre las grandes potencias.

Por eso, creo que la cuestión fundamental para América Latina no es solamente si tendremos más gobiernos de izquierda o de derecha. Es también qué tipo de proyecto político será capaz de responder a los problemas que están en el centro de las preocupaciones de nuestras sociedades. La seguridad pública, por ejemplo, es una demanda legítima y no puede ser ignorada por los gobiernos progresistas. Pero también es posible pensar políticas de seguridad que sean compatibles con los derechos humanos y con las instituciones democráticas. Del mismo modo, es posible buscar crecimiento económico sin abandonar las políticas sociales inclusivas y la protección ambiental.

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Contenido sindicado vía RSS de El Universal Mundo. Nota original: https://www.eluniversal.com.mx/mundo/progresistas-no-pueden-ignorar-la-seguridad-en-al-charla-con-experto-rumbo-a-las-elecciones-en-brasil/

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