Querido Reinaldo,leyendo el capítulo sobre los poemasefímeros de Virgiliohe podido ver a la vezlos ochenta poemas frente a mí.Los he leído todos al mismo tiempo,ochenta lecturas simultáneasen mi patio de Illinoiscuando por fin la algarabía de los pájarosde tu verano colorido no es más que tintaamenazante pero solo tinta.Y esa lectura imposible convierte todos los jardinesdel exilio en el patio insular de Olga Andreu. Escribir el dolor humano tiene esas cosas,quemar los poemas a la belleza,al lugar llamado Humanidadtiene misterios:luego de arder en la llama azuladadel infiernillo de madera vegetalviajan en el aire después de la ceniza,se exilian en el secreto de lo extraviadocomo constancia de que solo poseemoslo que hemos perdido para siempre. En el jardín que fueron formando tus palabrasesos poemas destruidos después de su única lecturason lo más tangible y perdurableen un mundo de dobleces y delaciones. Basta la vaga noticia de que esos poemasfueron leídos por Virgiliopara que comience el canto de las aves sobre el verde verano,las blancas mariposas con su revoloteo zigzagueante,la transfiguración a mediodía, la cadena imantada,la transformación de todo lo feo en bondad y milagro.La píldora serena contra todo tirano terror. He querido tomar una foto de las blancas mariposasque en mi jardín hiperquinéticas aletean.¿Pero cómo se fotografía la ceniza noblede un poema migrante? ~
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