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Escribí sobre el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos, mejor conocido como evaluación PISA, que lleva a cabo la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE, poco antes de que se dieran a conocer los resultados de 2025.

Ya se veía venir, pero los resultados del más reciente estudio confirmaron nuestras peores expectativas: en México salimos reprobados en las tres grandes áreas que evalúa PISA: comprensión lectora, matemáticas y ciencias. Una catástrofe educativa.

Desde la Presidencia de la República se han intentado minimizar estos resultados, aludiendo los diversos contextos de los estudiantes alrededor del mundo. Se dice que no es posible comparar a alumnos que enfrentan diferentes realidades.

¿En serio? En un mundo cada vez más globalizado, nuestros jóvenes no competirán por un puesto de trabajo con sus compañeros de salón de Chilpancingo, donde probablemente carecen de computadoras y conexión a internet, sino con otros estudiantes de países que nos llevan una enorme ventaja en lectura, matemáticas y ciencias. Concursarán por puestos de trabajo con jóvenes de China, Singapur, Corea; todos ellos con habilidades y competencias infinitamente mayores que los nuestros.

De acuerdo, no queremos compararnos. Sin embargo, México no solo salió muy por debajo del promedio de los países de la OCDE, en penúltimo lugar, sino que salimos mal hasta comparados con nosotros mismos, obteniendo la calificación más baja desde 2006. Podemos intentar ignorar la realidad una y otra vez, pero ésta inevitablemente nos cobra la factura.

Es cierto que el estudio 2025 causó conmoción en todo el mundo, porque en casi todos los países ha venido cayendo en picada la comprensión lectora. Sin duda relacionado con el fenómeno al que me he referido en colaboraciones anteriores, de que estamos perdiendo nuestra capacidad de lectura profunda. En un mundo inundado de noticias, muchas de ellas falsas, ya no leemos con atención constante, tan solo nos limitamos a saltar de un encabezado a otro, como gallinas que picoteamos sin ton ni son entre un alud de datos.

El problema es que nuestro cerebro se estimula con cada novedad que vemos. La dopamina participa en los circuitos de motivación, recompensa y aprendizaje. Cuando aparece algo potencialmente novedoso o relevante —una notificación, una noticia, un video nuevo— puede aumentar la actividad dopaminérgica, haciendo que el cerebro aprenda: "esto podría ser interesante; revisa qué viene después." Nos crea una verdadera adicción.

El resultado de comprensión lectora debió haber encendido todas las alarmas en México. No solo estamos al final de la tabla de los países de la OCDE, sino que fue nuestro peor resultado desde 2006. La mitad de nuestros alumnos de 15 años no entiende lo que lee. Aunque nos neguemos a reconocerlo, esto es una tragedia, pues condena a toda una generación de jóvenes a no comprender su entorno, ni poder participar de la vida ciudadana y democrática como personas informadas.

En la sociedad del conocimiento del Siglo XXI, la compresión lectora es fundamental. Es, además, la base y condición necesaria para la adquisición de todos los demás aprendizajes.

Hace no mucho tiempo, 200 años quizás, una abrumadora mayoría de la población alrededor del mundo no sabía leer ni escribir. El mundo ha avanzado enormemente en alfabetización, pero ahora el problema es que no entendemos lo que leemos. No basta saber descifrar palabras, la comprensión lectora requiere otras capacidades mentales completamente diferentes.

El resultado de PISA en matemáticas debiese ser considerado otra tragedia en sí misma. El peor dato desde 2006. Caímos de 406 a 388 puntos, mientras que el promedio de la OCDE está en 463. ¿Pero, estos puntos qué significan? Quiere decir que nuestros jóvenes no son capaces de las operaciones matemáticas más elementales para su vida diaria: una regla de tres, sacar un porcentaje, saber si 500g de un producto es más caro o más barato que 1kg de otro. Olvidémonos de la NASA y de la física cuántica. No tendremos premios Nobel. Se trata de conocimientos básicos para la vida diaria.

A partir de 2022 la mal llamada nueva escuela mexicana eliminó los libros de matemáticas. El entonces tristemente célebre director de materiales educativos de la Secretaría de Educación Púbica afirmó, con una seguridad pasmosa, que "la lectura y las matemáticas solo sirven para formar obreros sumisos para las trasnacionales". Sigo sin entender cómo este individuo pudo haber tenido un cargo directivo en la Secretaría de Educación Pública.

Betrand Russel, filósofo, matemático, lógico, escritor y activista británico, considerado una de las figuras intelectuales más importantes del siglo XX, decía que "La causa fundamental del problema es que, en el mundo moderno, los estúpidos están completamente seguros de sí mismos, mientras que los inteligentes están llenos de dudas."

Ya ahogado el niño, como pregona el dicho popular, la presidencia anunció la creación de un libro de matemáticas, ausente en las aulas desde 2022. Pero no solo es que el gobierno elabore un libro de matemáticas. Con eso no se acaba el problema. Antes de 2022, cuando menos para el nivel de secundaria, la industria editorial proveía de materiales educativos de la más alta calidad, con la posibilidad de que los maestros eligieran el enfoque más adecuado para su clase. Ya no más. Ya solo hay un libro único, que mezcla de manera incomprensible todos los aprendizajes de todas las materias, del que diversos especialistas han advertido sobre la pobreza de sus contenidos.

La experiencia internacional demuestra claramente una correlación entre una mayor libertad de publicación y variedad de contendidos educativos, con mejores resultados en la prueba PISA. El libro de texto único ha resultado ser un fracaso en todos los países en los que se ha implementado. La tentación al adoctrinamiento ideológico es demasiado alta.

Nuestro gobierno, que admira a los "próceres" cubanos que convirtieron a su país en una dictadura y lo hundieron en la más absoluta miseria, ha incursionado de nuevo en muchas áreas económicas que la historia ha demostrado que la iniciativa privada hace mucho mejor. Ahora hay chocolates, cerveza, libros, una aerolínea en la que nadie viaja, autos, trenes que "se desplazan horizontalmente", aeropuertos y refinerías, producidos y administrados por el gobierno, entre un sinfín de otras ocurrencias sin sentido.

¿Son eficientes estas iniciativas? No, pues todas pierden montañas de dinero de nuestros impuestos. Poco importa. Lo pagamos todos los ciudadanos de nuestro bolsillo. Y todos pagamos las consecuencias, como los resultados de la prueba PISA y la catástrofe educativa.

Al final del día lo importante no es si obtenemos una medallita en PISA. La verdadera tragedia radica en un futuro sin oportunidades para nuestros estudiantes. Les hemos fallado. Era nuestra responsabilidad darles las herramientas para un mejor futuro. Fallamos de manera escandalosa a toda una generación de jóvenes que estarán condenados a un futuro de mediocridad y subdesarrollo. Si esto no es una tragedia, ya no sé qué lo pueda ser.


Contenido sindicado vía RSS de El Universal Cultura. Nota original: https://www.eluniversal.com.mx/cultura/confabulario/pisa-otra-vez/

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