Recordaba una película de Woody Allen, “Todos dicen que te amo”. En una escena Bob, abogado liberal, tiene una álgida conversación con su hijo Scott, un joven que de la noche a la mañana se hizo republicano conservador. Scott critica al estado de bienestar que ayuda a los que
piden asistencia social, un discurso que, el joven republicano argumenta, está pasado de moda.
El padre asombrado que en su familia demócrata el hijo tenga semejantes ideas, las que el joven califica de viriles, para una América moderna y fuerte como “portar armas”. La pugna es pintada como un absurdo que dibuja dos extremos de los Estados Unidos. Hoy que se celebran las elecciones de medio término en ese país, nos encontramos en una sátira al estilo de Allen, pero menos divertida.
El presidente norteamericano que pretende una América viril y moderna que no atienda a las minorías, tal como el joven Scott de la película, ha atacado con discursos vehementes y absurdos a los demócratas, a las minorías, a los grupos organizados. Llama, junto a sus allegados, a
derrotar al comunismo, mientras celebra acabar con discursos inclusivos, de género, igualitarios. Se propician discursos racistas y de odio como en Michigan contra el demócrata socialista Abdul El Sayed.
Se buscan invalidar votantes, como los 20 mil en California que calificaron de sospechosos de no tener ciudadanía estadounidense, o invalidar candidaturas como la de Mary Peltola en Alaska por supuestamente convencer a un casi homónimo del candidato republicano de registrarse para restarle votos. En medio de la contienda, propina exabruptos contra liderazgos y promete dar cinco mil dólares si los republicanos ganan la elección, porque, asegura, su gobierno ha logrado hacer miles de millones en poco tiempo.
Su discurso, apela a un público que considera ganado, el mismo que votó por él en 2024 con la promesa de “hacer grande a América de nuevo”, abatir el desempleo, cerrar las fronteras, evitar que los extranjeros robaran los empleos.
Con esa idea, impuso medidas agresivas contra migrantes, sin importar si tenías papeles o no. Otorgó al ICE recursos financieros y personal para lograr metas de deportación récord por día. Los operativos del ICE dejaron pronto una estela de autoritarismo y represión, personas muertas en operativos y en los centros de detención (18 personas de nacionalidad mexicana entre estos).
Basado en su supuesta fortaleza interior, Trump se avocó a recuperar la hegemonía estadounidense en el mundo. Con esta idea emprendió una dinámica de fanfarronerías y políticas proteccionistas. Impuso aranceles como medida de presión a los países socios. Intervino en el
conflicto en Gaza para promover un plan de paz y negocios. Inició una guerra contra Irán para ayudar a su socio Israel y atraer recursos vía el conflicto armado.
Planeó una operación militar en Venezuela para apoderarse casi legalmente de su petróleo. Armó su propia liga de la injusticia y la derecha regional con presidentes de América Latina afines y luego exaltó a candidatos ultras a los que apoyaría abiertamente. El rey Trump, re-decoró con oro la Casa Blanca, se organizó desfiles militares, se regaló, vía Corina Machado, el premio Nobel de La Paz. Se sintió el rey del mundo y en casa… en su casa algo se gestó.
La gente dejó de aprobar su gestión, incluso entre las personas que votaron por él ha bajado su popularidad. La guerra no evitó a un enemigo nuclear pero sí aumentó la crisis y el precio de la gasolina. El ICE no deportó invasores, sino que separó familias. La política doméstica de Donald Trump quedó lejos de sus promesas y de sus vestimentas y desplantes imperiales. La población latina desencantada por Trump parece tener un acicate para denostar su repudio. La población en crisis parece que puede dar revés en ambas cámaras del congreso a los republicanos. Incluso parece haber republicanos que favorecerán a los demócratas, que se benefician del ala socialdemócrata con personajes como Mamdani, Ocasio-Cortez y otros políticos jóvenes que se oponen a la guerra, al genocidio en Gaza y a los excesos del ICE.
En la película de Allen, Scott, sufre una caída y al ser atendido descubren una obstrucción que no le permitía oxigenar su cerebro. Al despertar es nuevamente demócrata y abraza causas de izquierdas. Tal vez, mientras el rey Trump piensa que todos lo aman, la gente está despertando
eliminando la obstrucción que no los deja respirar desde la Casa Blanca.
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