Recién acabó una edición más del mundial de fútbol y se abre una puerta que devela que el mundo está lejos de tener un ánimo que sea festivo.
El evento deportivo inició con una guerra pausada, luego, mientras avanzaban las jornadas de fútbol, los acuerdos se rompieron y regresó la rispidez. Estados Unidos ha mantenido una sistemática agresión sobre Irán y el estrecho de Ormuz sigue en una férrea disputa por su control y manejo.
La justa deportiva fue excusa para algunos que quisieron desatar disputas y alimentar los ánimos más conservadores, xenófobos y contradictorios. Un ejemplo fue confundir una aparente parcialidad de la FIFA hacia Messi con un odio a la “argentinidad”. Se alimentó el racismo, la separación de vecindades regionales, se alinearon discursos discriminatorios – que han existido desde antes, pero no eran dominantes-. que confunden identidad nacional con confrontación, disputas deportivas con racismo y que terminan apuntalando a un personaje como Donald Trump.
Éste, aprovechó el espectáculo para promocionarse, aparentar que el mundial era una marca registrada por su gobierno y que le prestó a Canadá, México y a la FIFA.
En el preámbulo de las discusiones por el TMEC, Trump convocó a la presidenta Claudia Sheinbaum y al primer ministro Mark Carney a un espectáculo sin estar dispuesto a una ampliación del tratado de libre comercio. La mira del gobierno de los Estados Unidos se centra en poner límites al intercambio entre los tres países para un gradual retorno a las medidas proteccionistas de antaño. Ante esto, destaca el pragmatismo de la presidenta Sheinbaum, a la idea de calificar cada año el tratado y poner en vilo el acuerdo trinacional como botín político que puede usar la Casa Blanca.
La mandataria mexicana ha explicado que su gobierno optará por hacer una revisión que se base en acuerdos efectivos, de repaso, para llegar a un checklist y no a una revisión año tras año. Esta posición, práctica y efectista de la presidenta, busca dar pie a que se allanen los temas sinuosos en las conversaciones y que se mantengan las ventajas comerciales, de intercambio amplio y de aranceles que durante casi dos años México ha logrado con base en constantes pláticas, conversaciones y cesiones ante el gobierno estadounidense. El conservadurismo neoliberal (mutando tal vez hacia algo diferente) es anti globalista pero no por ello piensa en ceder su lugar en el mundo. Busca imponer condiciones arancelarias a más productos canadienses, reactivar la presencia de partes y ensamblaje estadounidenses
en la fabricación y manufactura de automóviles hechos en México.
Las medidas reaccionarias y conservadoras del gobierno de Trump, desde luego no se limitan a sus vecinos y socios (al menos aún) comerciales. Las actitudes del gobierno estadounidense van de la mano de injerencias internacionales para redefinir contrapesos en el orden internacional. Desde la crítica a la OTAN y a sus aliados europeos hasta la idea de desmantelar la Corte Internacional de Justicia, vemos simplemente referencias de una forma de ser, trumpiana, que descoloca a cualquiera.
Ante todo, esto parece un dato menor que Sheinbaum y Carney estuvieran de invitados de honor, pero no partícipes activos durante la ceremonia de clausura del mundial de futbol. No se trata de las acciones de un personaje que parece desproporcionadamente
protagonista, que busca salir en la foto de los campeones del torneo, que por poco arruina el festejo y la fotografía misma. Se trata de una permanente forma de hacer política desde el ego individual y nacionalista, desde la práctica del “yo, presidente” que intenta convertirse
en un “yo, emperador” para el mundo.
De manera asombrosa, ese discurso encuentra oídos donde las palabras extrovertidas y las actitudes extravagantes se convierten en una encíclica conservadora, en una práctica de fe que encuentra feligreses. Será motivo de otras entregas analizar cómo se organizan las resistencias de izquierda y progresistas en el mundo ante esos actos de evangelización conservadora.
Por ahora, seguramente, luego de la euforia futbolística, lo que veremos es una vuelta al estilo trumpiano de descolocar al mundo. Desde luego, no todo está perdido, ante el embate que vemos, aún hay escenas que quedarán en la memoria como las familias en Gaza festejando goles como muestra de resistencia y victoria breve. Lo que sigue, consecuentemente, es hacer de esa alegría momentánea, el verdadero animo mundial.
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