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Oaxaca.— “El arte me ayudó para no salir de mi pueblo. Desde joven pinto desde mi casa la vida de las mujeres que han luchado por sus derechos, la cotidianidad de las familias negras y afros, los ríos, los paisajes”, platica la artista plástica Yuyé Hernández, desde la costa del Pacífico mexicano.

En una población de aproximadamente 1.5 millones de mujeres afromexicanas y negras de México, apenas unas 10 mujeres son visibles como artistas plásticas, entre ellas Yuyé Hernández y Albert Nicolás, las otras apenas son nombradas en pequeños espacios.

Santa Obdulia Hernández Nicolás, conocida como Yuyé Hernández, es la primera mujer reconocida en el territorio nacional e internacional como artista plástica afro y negra de la costa de Oaxaca. Con sus pies, la artista retrata a las mujeres en sus distintas labores del día a día, rodeadas de ríos, del bosque tropical, del mar con la piel brillante, en la pesca y en los campos.

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La artista, quien tiene una discapacidad en los brazos, también es activista de derechos de las mujeres y tallerista de niños en diferentes comunidades.

“Ayudo a los niños a plasmar sus sueños, sus metas, sus vidas, sus leyendas, lo que lo rodea, con la intención de que conozcan su identidad afro, para saber que vienen de una comunidad de lucha, para que se defiendan en un futuro”, explica Yuyé.

De pequeña, Yuyé no sabía pintar; sin embargo, gracias al padre Glyn Jemmott —pionero e impulsor del movimiento por los derechos colectivos y el autorreconocimiento de las comunidades afromexicanas— a los 14 años comenzó a expresarse en el arte.

“Para el padre éramos como una piedra que se iba ir puliendo y descubriendo su talento”, platica.

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Los pequeños que fueron seleccionados eran de edades distintas y de los lugares a donde iba a celebrar las misas, El Ciruelo, Santo Domingo Armenta, La Estancia, Tamarindo y El Tamal.

Yuyé fue la única mujer en ese grupo. “Yo empecé a dibujar la sandía, la gallina, las vacas, las flores, los árboles, los ríos, los niños, porque es lo que nos rodea. Entonces, el padre me dijo que tenía talento porque yo no sabía ni qué era pintar. Con el tiempo teníamos que pintar nuestros rostros, y así fue que me fue gustando”, cuenta la activista.

Con el tiempo, la artista comenzó a pintar a las mujeres de El Tamal, una comunidad afromexicana con unos 250 habitantes, ubicada a unos 30 minutos de Pinotepa Nacional.

Entre las realidades que atraviesan las mujeres afros también están la violencia, la falta de participación política y el machismo, situaciones que la artista ha plasmado en sus obras. Aunque actualmente las condiciones han cambiado, las mujeres siguen luchando para ejercer sus derechos.

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Artista y activista

Para Yuyé no es suficiente ser artista, sino también acompañarlo con el activismo sobre el derecho de las mujeres. “Con el tiempo comencé a ver el tema de la violencia a las mujeres, había comunidades donde no tenían participación en la asamblea, ni la de jugar futbol o el estudio”.

Aunque en la comunidad de El Tamal —de donde son originarias Yuyé y Albert— las mujeres participan e incluso fue uno de los primeros pueblos afros y negros en donde se votó por primera vez por una mujer de autoridad, en otras comunidades aún no permiten la participación de las mujeres.

“Hoy estamos en ese proceso de que las mujeres ocupen cargos en las comunidades como autoridades, si lo hacen en la casa y además administran el dinero, por qué no ser una autoridad en su pueblo”, dice al tiempo que cuestiona la falta de participación de las mujeres en las asambleas y toma de decisiones.

Igualmente indica que es importante colocar estas realidades, “soy una mujer que me tocó escuchar: ‘por qué estudiar artes plásticas cuando puedes mejor buscarte un marido que te mantenga’”.

Ser artista también la ha impulsado a alzar la voz para abrir espacios a creadores, porque en las comunidades no existen espacios que ayuden a incentivar la creatividad, tampoco espacios para las exposiciones y menos para la venta de obras.

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Falta de espacios

Yuyé reconoce que la vida de un artista afro y negra es triste porque no hay espacios para exposiciones, ni de exhibición para los artistas, debido a la falta de interés de las autoridades.

“Para las artistas, principalmente las mujeres afros y negras, tienen que pasar años y años para que empiecen a hacer como sus primeros pininos. Y no es que no haya talento, sino que no hay condiciones”, precisa Yuyé.

Además, no hay visibilidad ni reconocimiento, “son los artistas que crean y plasman la parte de la cotidianidad de las comunidades afros, las danzas, sus historias, leyendas, su forma de vivir día a día. Y aun así están rezagados esperando una invitación o un espacio, mientras ven cómo le hacen para completar para el material que es carísimo”.

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Al igual que Yuyé, Albert Nicolás es pintora y restauradora, retrata paisajes, animales, la cultura, leyendas, mitos y la identidad de los pueblos afros. Y es de las pocas mujeres que se dedica de lleno a la restauración; sin embargo, también coincide que hay pocos espacios.

En sus obras representa la identidad afro a través de dibujos, líneas. “Trazo nuestra existencia y negritud. Aunque para las mujeres ser artista es más difícil aún porque no hay reconocimiento”.

Las mujeres señalan que se necesitan más exposiciones dirigidas a los artistas plásticos afromexicanos y negros, y externaron que a la falta de espacios para desarrollar su oficio se suman las problemáticas de la vida cotidiana, como la falta de acceso a la salud y la inseguridad que atraviesan los pueblos afromexicanos actualmente, en donde Pinotepa Nacional es uno de los municipios con mayor índice de homicidios dolosos.

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El Universal
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