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Recientemente se publicaron dos cifras que, leídas juntas, parecen contradecirse.

El INEGI dio a conocer ayer el Indicador Oportuno del Consumo Privado, que estima para junio un crecimiento anual de 2.6 por ciento.

Un día antes, la ANTAD reportó que las ventas a tiendas iguales de sus cadenas asociadas cayeron 1.6 por ciento nominal también en junio, lo que, descontada la inflación, implica un retroceso real cercano a 5 por ciento.

¿Quién tiene razón? Probablemente ambos. El consumo no se está desplomando: se está mudando de tienda.

La propia ANTAD atribuyó el mal resultado a un domingo menos en el calendario y al efecto del Mundial, que desvió tráfico de las tiendas físicas. Ambos factores existen, pero son transitorios y no alcanzan a explicar que las ventas reales del gremio agrupado en la ANTAD acumulen varios meses de estancamiento o caída.

Es cierto también que sus cifras tienen exclusiones relevantes, como Walmart y Oxxo, pero esa omisión es de larga data y no explica el deterioro reciente. Lo que sí lo explica es un cambio en los hábitos de compra que ya es visible en varios frentes.

El primero está dentro del propio gremio. En junio, las tiendas departamentales cayeron 3.1 por ciento a tiendas iguales y los autoservicios 2.7 por ciento, pero las tiendas especializadas —farmacias, conveniencia, cuidado personal, mascotas— crecieron 3.1 por ciento. El consumidor no desapareció: cambió de pasillo y de local.

El segundo frente es el descuento duro. De acuerdo con Bain & Company, el mercado de “hard discount” en México pasó de 25 mil millones de pesos en 2019 a 103 mil millones en 2024, y, por ejemplo, Tiendas 3B elevó su participación en ese segmento de 4 a 14 por ciento, mientras Bodega Aurrera la redujo de 71 a 63 por ciento.

En el primer trimestre de este año, las ventas a tiendas iguales de 3B crecieron 16 por ciento, contra 1.4 por ciento de los autoservicios de la ANTAD, con ingresos totales que aumentaron 33.4 por ciento.

No se trata solo de un fenómeno de hogares de bajos ingresos. Según la consultora Kantar, 93 por ciento de la población del Valle de México ya compra en este formato y una cuarta parte de su crecimiento proviene de niveles socioeconómicos altos. La compra en tiendas de descuento dejó de ser un síntoma de precariedad para convertirse en una estrategia de administración del gasto.

El tercer frente es el digital. El Estudio de Venta Online 2026 de la AMVO calcula que el comercio electrónico minorista creció 19.2 por ciento en 2025, hasta 941 mil millones de pesos, y que ya representa 17.7 por ciento de las ventas al menudeo.

México es el octavo país del mundo con mayor penetración digital en el comercio, por encima de Estados Unidos. Cada peso que migra a las pantallas es un peso que las cajas registradoras tradicionales ya no ven.

Euromonitor lo resumió en la Expo ANTAD de este año: el crecimiento del comercio se concentra en los extremos —el descuento y los clubes de precio por un lado, los nichos premium por el otro—, mientras el centro del mercado, el territorio histórico de las departamentales y del autoservicio tradicional, se debilita.

¿Qué esperar para lo que resta del año? El consumo agregado seguirá creciendo, pero poco.

BBVA recortó su previsión de crecimiento del PIB a 1.2 por ciento y anticipa que la debilidad del gasto persistirá en la segunda mitad del año, una vez diluido el impulso transitorio, y con menos impacto del previsto, del Mundial.

A favor juegan una masa salarial real que aún crece a tasas cercanas al 4 por ciento, un crédito al consumo que avanza 6.8 por ciento real y las transferencias de los programas sociales.

En contra, un empleo formal que registró en el primer semestre su segundo peor arranque en dos décadas y unas remesas cuyo poder de compra en pesos se ha erosionado alrededor de 15 por ciento por la fortaleza cambiaria.

En ese entorno de gasto escaso, la migración de formatos no va a detenerse: va a acelerarse.

Un consumidor con presupuesto apretado es, por definición, un consumidor promiscuo en canales: compra la despensa básica en la tienda de descuento; la reposición en la de proximidad, la electrónica, en línea, y deja para el autoservicio solo lo que no encontró en los demás.

Hay una moraleja estadística y otra de negocios.

La estadística: quien mida el consumo únicamente con el termómetro de la ANTAD lo va a subestimar, y quien lo mida solo con el agregado del INEGI va a perder de vista la revolución silenciosa que ocurre en los anaqueles.

La de negocios: en el comercio mexicano ya no gana quien tiene la tienda más grande, sino el que está más cerca —del bolsillo o del teléfono— del consumidor.


Contenido sindicado vía RSS de El Financiero. Nota original: https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/enrique-quintana/2026/07/16/la-infidelidad-de-los-consumidores/

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