ÚLTIMA HORA
4 min de lectura

La respuesta honesta es sí. La inteligencia artificial (IA) podría contribuir a nuestra extinción. El Informe Internacional de Seguridad de la IA 2026 contempla esa posibilidad, aunque reconoce incertidumbres y desacuerdos. Pero reconocer un peligro no significa aceptar una sentencia. Significa comprender qué podemos hacer para evitarla. El peligro central no es solamente su potencial latente, sino la falta de un Propósito claro y digno. ¿Un genio dentro de una botella es bueno o malo? Depende de quién lo usa, para qué y por qué. También, de nuestra capacidad para mantenerlo bajo control. En la historia de la civilización humana podemos reconocer un patrón recurrente: se descubre una fuente de poder inédita; surge una fijación por poseerla y llevarla al máximo posible. La nueva potencia transforma al individuo y las estructuras sociales. El cambio genera tensión, que se libera gradual o repentinamente, de maneras pacíficas o violentas. La lucha redefine las jerarquías; aparecen ganadores, se consolida un nuevo orden y el ciclo comienza de nuevo.

La agricultura ilustra parte de este patrón. Un estudio publicado en Nature relacionó la domesticación de plantas y animales con mayores desigualdades patrimoniales. Ganamos capacidad productiva, pero no justicia automática. La carrera nuclear muestra otra cara: en 1986 acumulamos aproximadamente 70,300 armas, según la Federación de Científicos Estadounidenses. El arsenal nuclear puede destruir nuestra civilización, pero no lo ha hecho. La disuasión busca evitar grandes guerras mediante el miedo a la respuesta. Sin embargo, la crisis de los misiles de 1962 recuerda que eso no garantiza seguridad. La psicología evolutiva ayuda a comprender estas luchas. Joey Cheng y sus colaboradores identificaron dos caminos hacia la influencia: dominar mediante intimidación o ganar prestigio compartiendo conocimientos. La búsqueda de una posición ventajosa puede favorecer tanto la imposición como la contribución. Son tendencias, no una condena genética. Bajo esa competencia, parece muy difícil detener la carrera hacia una inteligencia artificial general (AGI) o una superinteligencia artificial (ASI). Hablamos de capacidades comparables a las humanas en múltiples ámbitos o ampliamente superiores, respectivamente; ambas siglas provienen del inglés. No conocemos su desenlace, pero la dirección aún es moldeable. Entonces, ¿no podemos hacer nada? Todo lo contrario, nunca había sido tan importante y urgente actuar a nivel individual y colectivo. Pero no es momento de ser egoístas, sino de procurar una visión penetrante: mirar más allá de la ventaja inmediata y proteger la prevalencia y resistencia de La Vida en todas sus manifestaciones.

Nos encontramos frente a una crisis de Propósito . Confundimos tener más poder con saber para qué utilizarlo. Lo más valioso que tenemos es La Vida misma y sus grandes conquistas, como la consciencia y la creatividad biológica: sentir nuestra existencia e imaginar posibilidades para transformarla. Protegerlas implica cuidar también otras especies, ecosistemas y generaciones futuras. No basta con sobrevivir: debemos conservar la posibilidad de seguir creando. La IA puede ser el mejor aliado o el peor enemigo para proteger La Vida. Un estudio publicado en Nature en 2024 mostró que puede anticipar inundaciones hasta cinco días antes, incluso donde no hay equipos para medir cuánta agua llevan los ríos. ¿Qué significa esto? Que podemos ganar tiempo para alertar a las comunidades, evacuar zonas de riesgo y salvar vidas. De eso se trata: no de acumular poder por acumularlo, sino de utilizarlo para proteger lo más valioso que tenemos. Y ese rumbo se está definiendo justo ahora. Es momento de tener claridad e inteligencia, entender las nuevas tecnologías y luchar, a medida de nuestras posibilidades, por darles una dirección adecuada. Esto exige aprender sin renunciar al juicio propio, exigir evaluaciones independientes y establecer límites verificables, incluso detener aplicaciones peligrosas. Los buenos propósitos necesitan mecanismos que los protejan. La intención correcta no debe ser solamente tratar de detener el tsunami, sino encauzar su fuerza para conquistar nuestros más grandes sueños. Debemos estar preparados para que desemboque en virtudes y no en tragedias. La IA puede destruir a la humanidad, sí, pero también convertirse en el más grande aliado para proteger La Vida.

___ Nota del editor: Juan Carlos Chávez es Profesor de Creatividad y Etología Económica en el sistema UP/IPADE y autor de los libros Sistema 3: La Mente Creativa (2025), Homo Creativus (2024), Biointeligencia Estratégica (2023), Inteligencia Creativa (2022), Multi-Ser en busca de sentido (2021), Psico-Marketing (2020) y Creatividad: el arma más poderosa del Mundo (2019). Es director de www.G-8D.com Agencia de Comunicación Creativa y consultor de empresas nacionales y transnacionales. Encuentra sus libros en Amazon y síguelo en Facebook , Instagram , YouTube y LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

]]>

Contenido sindicado vía RSS de Expansión. Nota original: https://expansion.mx/opinion/2026/10/08/la-ia-puede-destruir-la-humanidad

Publicidad
Nota sindicada de Expansión · Leer la nota original ↗
Escrito por
Expansión
Fuente externa · Sindicación RSS · Carta de México

Contenido sindicado vía RSS desde Expansión. Los derechos pertenecen a su editor original.