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La música siempre ha sabido absorber la tecnología que le toca vivir. El vinil, la grabación multipista, el streaming: cada una prometió cambiarlo todo, y cada una terminó cambiando solo una parte, la manera en que hacemos las cosas, mientras que la que de verdad importa siguió intacta. Esa parte es el criterio. La decisión de qué contar y cómo contarlo. Eso nunca lo ha puesto la herramienta, lo pone el artista.

Hoy la inteligencia artificial (IA) le plantea a la industria musical la misma pregunta de siempre, solo que con una urgencia distinta. Puede componer, puede producir, puede imitar un estilo con una precisión que hace 20 años habría parecido ciencia ficción. Y precisamente por eso, la pregunta que de verdad importa no es qué puede hacer la IA, sino quién decide qué se hace con ella. Y sobre todo con qué material. Yo llevo años pensando en esto desde un lugar muy concreto: soy dueño de mis masters. Fue una decisión que tomé cuando casi nadie lo hacía, porque entendí que la propiedad sobre tu obra no es un tecnicismo legal, es la diferencia entre ser autor de tu carrera o ser invitado en ella. Esa misma lógica es la que hoy aplico frente a la IA. Porque aquí está el punto que casi nadie está diciendo en voz alta. El problema de la IA en la música nunca fue la herramienta. Fue de dónde salió lo que la alimenta. Un modelo entrenado con el trabajo de miles de músicos que nunca dieron permiso no es innovación; es despojo con buena interfaz. Y un modelo entrenado con tu propia obra, con tu propio archivo, con voces que existen porque alguien firmó y consintió, es otra cosa completamente distinta. La tecnología es la misma. La legitimidad no. Por eso en Equinoccio Records y en Machín Records no estamos únicamente usando herramientas de IA, estamos construyendo las nuestras, y las estamos parando sobre material que nos pertenece. Nuestro propio catálogo, nuestras propias grabaciones, nuestras propias sesiones con músicos a los que conocemos por su nombre. Trabajamos en la preservación y organización de un archivo de tres décadas, en herramientas de producción que le devuelven tiempo a los ingenieros para lo que no se puede automatizar, y en el acompañamiento a artistas que hoy pueden acceder a procesos que antes solo estaban al alcance de sellos con presupuestos mucho mayores. La independencia, hoy, también se construye con tecnología bien usada. Y bien obtenida. Quiero ser claro en algo, porque es el corazón de todo esto. La IA puede generar una melodía correcta, una letra coherente, incluso una voz convincente. Lo que no puede generar por sí sola es la razón por la que una canción le importa a alguien. Esa razón viene de una historia real y de alguien dispuesto a firmarla. Cuando esa historia está —cuando hay un autor que decidió qué contar, y responde por ello con su nombre— la herramienta se vuelve legítima, sin importar lo sofisticada que sea. Cuando no está, ninguna tecnología va a suplirla. La herramienta puede abrir el camino. El sentido lo sigue poniendo quien camina.

Esto no es un debate abstracto. Como artista y como cabeza de compañías que producen y representan música, tengo la responsabilidad de tomar estas decisiones pensando en las próximas décadas, no en la próxima tendencia. La música regional mexicana vive un momento de expansión internacional enorme, y la manera en que incorporemos estas herramientas hoy va a definir si esa expansión se hace protegiendo lo que nos hace únicos, o diluyéndolo. Mi apuesta es la primera. Creo que la IA, bien entendida y bien construida, no le quita terreno a la creatividad humana, es más, se lo puede devolver, si el artista mantiene el control de las decisiones que importan y de la materia prima con la que se entrena. Esa es la regla que no ha cambiado nunca, con ninguna tecnología: la herramienta cambia las reglas del oficio, pero el artista sigue siendo quien les da sentido. ____ Nota del editor: Pepe Aguilar es cantante y productor musical mexicano. Síguelo en X como @PepeAguilar y en Instagram. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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