Sonrisas, cooperación y mucha paciencia.
Esa parece ser la fórmula ganadora de México para lidiar con Estados Unidos después de que la administración Trump se negara a aprobar una renovación a largo plazo del Tratado entre México, EU y Canadá en la fecha límite del 1 de julio, optando en su lugar por revisiones anuales del pacto comercial. No hay motivo para alarmarse. Si la Casa Blanca insiste en reabrir las negociaciones cada año con el pretexto de ejercer presión, México puede simplemente esperar el momento oportuno mientras las exportaciones siguen fluyendo hacia el norte en niveles récord. Plus ça change, como dicen en Francia.
Pensemos en la visita del representante comercial de EU, Jamieson Greer, a Ciudad de México a finales del mes pasado. El viaje deparó pocas sorpresas, pero puso de relieve la estrategia mexicana. Este defensor de línea dura en materia comercial fue recibido en el aeropuerto por un sonriente secretario de Economía, Marcelo Ebrard; pasó más de una hora con la presidenta Claudia Sheinbaum en Palacio Nacional y concluyó con apretones de manos y aplausos durante un cóctel con líderes empresariales mexicanos, disfrutando de la legendaria hospitalidad del país. Ya está programada otra ronda de conversaciones para principios de septiembre.
Si bien Greer planteó algunas exigencias importantes —desde requisitos más estrictos de contenido estadounidense para la industria automotriz hasta la eliminación de barreras no comerciales e incluso la incorporación de los derechos de agua a las negociaciones—, México puede, por ahora, permitirse centrarse en los aspectos técnicos mientras muestra disposición a ceder en favor de mantener una buena relación. La realidad es que cualquier cambio al marco del tratado requeriría la aprobación del Congreso, algo que la Casa Blanca parece querer evitar y que da a México su propia ventaja negociadora. “Las cosas van bien con los mexicanos. Son bastante pragmáticos”, dijo Greer el 15 de julio, antes de reconocer que el principal obstáculo sigue siendo el creciente déficit comercial de EU con su vecino del sur. “Realmente es un problema”.
El problema al que se refiere Greer es, en realidad, responsabilidad del propio EU. El comercio transfronterizo no deja de fortalecerse, impulsado en gran medida por el voraz apetito estadounidense por productos destinados al desarrollo de infraestructura para inteligencia artificial. En junio, las exportaciones no petroleras de México a EU aumentaron casi 36 por ciento respecto al año anterior, lo que amplió el superávit comercial del país con su principal socio por encima de los 102 mil millones de dólares en el primer semestre. La integración de Norteamérica sigue impulsada por la lógica económica de las cadenas de suministro, más que por el teatro político.
Sin duda, México está pagando un precio por no haber conseguido la prórroga a largo plazo del T-MEC hasta 2042, como se contemplaba antes de que las obsesiones comerciales del presidente Donald Trump alteraran el proceso. Es probable que la incertidumbre persistente y la considerable influencia de EU retrasen algunas decisiones de inversión importantes, especialmente en la industria automotriz. Además, el mes pasado EU impuso a México nuevos aranceles de 10 por ciento con el argumento del trabajo forzoso, una medida que afecta aproximadamente al 15 por ciento del comercio bilateral que queda fuera del T-MEC. A ello se suman los aranceles de 25 por ciento sobre los automóviles y camiones fabricados en México, así como el gravamen de 50 por ciento a las importaciones de acero, aluminio y cobre, impuestos por motivos de seguridad nacional. En estos días, parece más un NATTA (Acuerdo de Comercio Arancelado de América del Norte) que un T-MEC.
Sin embargo, los inversionistas parecen aceptar que México puede convivir con la incertidumbre que pesa sobre el tratado norteamericano. De hecho, hasta el martes el peso se había apreciado alrededor de 9 por ciento frente al dólar respecto al año anterior, la divisa con mejor desempeño entre las 16 principales monedas que sigue Bloomberg. Incluso si Greer consigue el mejor acuerdo posible con México —las negociaciones con Canadá parecen aún más difíciles—, seguirá siendo rehén de los caprichos de Trump. Después de todo, el presidente afirmó recientemente que alcanzar un acuerdo es “importante para ellos. No es importante para nosotros”. Trump ya ha violado tanto la letra como el espíritu del T-MEC al imponer aranceles a productos importados de México y Canadá.
El objetivo realista de México no debería ser una triunfal ceremonia de firmas en la Casa Blanca de un T-MEC renovado, o del nuevo nombre que reciba. Debería consistir en lograr el alivio de esos aranceles que incumplen el tratado, seguir ganando participación de mercado mientras sus competidores enfrentan barreras comerciales más altas y esperar a que cambien los vientos políticos en Washington, quizá a partir de noviembre, tras las elecciones de mitad de mandato en EU.
Como explica el exnegociador comercial mexicano Luis de la Calle, son las empresas estadounidenses las que pagan los aranceles y las que deben convencer a la Casa Blanca de que la integración de Norteamérica fortalece la economía de EU, México y Canadá.
“Lo que va a resolver el contenido de la negociación es la política interior de Estados Unidos”, me dijo De la Calle. “A la hora de la hora, tienen que convencer a Trump y eso solo lo va a hacer el empresario local”, añadió, agregando que México no debería precipitarse en sus decisiones.
Es un buen consejo. Un nuevo informe del Banco de la Reserva Federal de Dallas reveló que la avalancha de aranceles de Trump, en realidad, impulsó el cumplimiento del T-MEC al encarecer el comercio fuera del acuerdo. Al intentar debilitar el tratado, la Casa Blanca terminó haciéndolo más valioso. Irónicamente, las ventajas estratégicas de México —entre ellas su ubicación geográfica, su base industrial y su profunda integración con la economía estadounidense— han reforzado su papel como principal socio comercial de su vecino, pese a la asimetría de poder entre ambos países.
Todo esto deja al gobierno mexicano con una táctica de negociación sencilla: mantener bajas las tensiones, conservar abiertas las conversaciones y permitir que las exportaciones sigan fluyendo hasta que Washington recuerde por qué era que quería, en primer lugar, un acuerdo comercial para América del Norte.
Esta columna refleja las opiniones personales del autor y no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial ni de Bloomberg LP y sus propietarios.
Contenido sindicado vía RSS de El Financiero. Nota original: https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/Bloomberg-JuanPabloSpinetto/2026/08/06/la-hospitalidad-el-arma-comercial-secreta-de-mexico/