Como ya hemos visto Johann Gottlieb Fichte llama No-Yo a todo aquello que se presenta como diferente del sujeto y lo obliga a detenerse o a corregir su acción. Puede ser un objeto, un cuerpo que duele, una norma o la voluntad de otra persona. El Yo se afirma y, al mismo tiempo, descubre algo que no es él. La conciencia no surge en el vacío, sino en el encuentro con un límite. Ahí se encuentra el núcleo de la dialéctica fichteana. No se trata de una fórmula mecánica de “tesis, antítesis y síntesis”. Fichte intenta describir un proceso: primero hay una actividad; después aparece una resistencia; finalmente se establece una relación, siempre provisional, entre quien actúa y aquello que se le opone. Un Yo completamente ilimitado no podría saber que es un Yo. Solo cuando encuentra una resistencia puede distinguir entre esto y aquello, entre lo que hace y lo que se le presenta. El sujeto no existe primero como una esencia terminada y luego sale al mundo. Se va constituyendo en el acto de encontrarse con lo que lo limita
Esta idea distingue a Fichte de dos posiciones aparentemente más sencillas. Por un lado, no sostiene que el sujeto invente el mundo a su antojo. Eso sería un idealismo ingenuo. Por otro, tampoco afirma que el mundo llegue ya completamente formado desde fuera, sin que la actividad del sujeto tenga ningún papel. El empirismo, además, ya había sido profundamente transformado por la filosofía de Immanuel Kant. La propuesta de Fichte es más exigente: el sujeto y el mundo de la experiencia se constituyen en una relación de tensión. Ninguno de los dos puede explicarse por completo al margen del otro. Fichte parte de un problema que el filósofo había dejado abierto. Kant distinguía entre lo que conocemos y la cosa en sí, es decir, la realidad considerada al margen de nuestra experiencia, que por definición no podemos conocer directamente. A Fichte esa noción le parece poco útil para explicar cómo funciona la conciencia. Si algo no puede conocerse ni intervenir en un argumento, difícilmente puede cumplir una función dentro del sistema filosófico.
Por eso Fichte busca el límite en una experiencia más cercana: descubrir que no podemos hacerlo todo. Encontramos un freno, un golpe, un “hasta aquí”. A ese encuentro con la resistencia lo llama Anstoß, una palabra alemana que puede traducirse como “impulso”, “choque” o “tope”. El Anstoß no significa que el sujeto invente el mundo como quien escribe una novela. Pero tampoco significa que la realidad se le entregue como un paquete completamente terminado. El sujeto se encuentra con una resistencia y la vive como un límite. El obstáculo se vuelve obstáculo para la conciencia en el momento en que es experimentado como aquello que se opone a su acción.
El sistema de Fichte tiene dos dimensiones inseparables. La primera es teórica. Pregunta cómo es posible que exista un mundo de objetos que no elegimos directamente. ¿Por qué vemos cosas? ¿Por qué algunas situaciones se nos imponen? ¿Por qué no controlamos todo lo que aparece en nuestra experiencia? La respuesta de Fichte no consiste en imaginar un mundo totalmente independiente, con el que el sujeto no tuviera ninguna relación. El Yo se limita a sí mismo y, mediante esa limitación, aparece algo que experimenta como exterior, dado y resistente. Así se hace posible la experiencia de un mundo. La segunda dimensión es práctica. Si el límite aparece, el sujeto no tiene por qué resignarse ante él. Puede trabajar sobre aquello que encuentra, modificarlo y hacerlo menos opaco. Ese proceso nunca concluye por completo. Si todos los obstáculos desaparecieran, también desaparecería la posibilidad de actuar y de tomar conciencia de la propia acción. Por eso la dialéctica de Fichte no promete un final en el que todos los conflictos queden resueltos. Describe una tensión que continúa y que, en cierto sentido, constituye la vida misma del sujeto.
Pensemos en alguien que intenta cruzar una habitación oscura. Desde el primer paso, esa persona actúa. De pronto tropieza con una silla. La silla no representa el universo entero, pero sí funciona como un ejemplo sencillo del No-Yo: algo que no es la persona y que la obliga a detenerse, cambiar de dirección o avanzar con más cuidado. Sin la silla no habría tropiezo. Sin tropiezo, quizá tampoco habría un recorrido consciente: no habría nada que registrar, corregir o superar. Pero la silla, por sí sola, tampoco bastaría. Hace falta alguien que camine y que experimente esa resistencia. La libertad no consiste en moverse en un espacio sin obstáculos. Consiste en poder orientar la acción dentro de un mundo que ofrece resistencia.
En este contexto se entiende mejor lo que Fichte llama intuición intelectual. La expresión puede sonar misteriosa, pero no se refiere a ver un objeto especial ni a alcanzar un estado de iluminación. Se refiere a reconocer que ser sujeto no equivale a ser una cosa más entre las cosas. El Yo no puede observarse del mismo modo que observamos una taza. Lo captamos al actuar: cuando decidimos, resistimos, corregimos un movimiento o reflexionamos sobre lo que acabamos de hacer. En cuanto convertimos el Yo en una etiqueta fija o en un objeto completamente estático, dejamos fuera su rasgo esencial: el Yo es actividad. Esta es una de las ideas más difíciles de mantener y, al mismo tiempo, una de las más fáciles de perder cuando buscamos explicaciones demasiado cómodas. La subjetividad no existe separada de sus actos. Se manifiesta en ellos.
Más tarde, Georg Wilhelm Friedrich Hegel retomará algunos elementos de esta dinámica y los convertirá en el motor de la historia y del desarrollo del Espíritu. En Hegel, la contradicción puede avanzar hacia formas cada vez más amplias de reconciliación, hasta que el Espíritu se reconozca en aquello que al principio parecía ajeno. Fichte se detiene antes de llegar a esa conclusión. El Yo no se disuelve en una totalidad que ya no necesita enfrentarse a nada. Sigue siendo una actividad que encuentra límites y vuelve a ponerse en movimiento. Su dialéctica no pretende contar el destino del universo. Intenta explicar cómo alguien llega a ser alguien: no aislándose, sino encontrándose con aquello que no es él.
Contenido sindicado vía RSS de El Universal Cultura. Nota original: https://www.eluniversal.com.mx/cultura/confabulario/la-dialectica-antes-de-hegel/