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El escritor Carlos Monsiváis recordó por escrito la noche de noviembre de 1976, en que la galería Arvil inauguró su local en la Zona Rosa con una exposición del pintor Enrique Guzmán: “encuentro a Enrique en la calle Hamburgo a dos cuadras de la galería Arvil, y supongo que entraremos juntos a su vernissage. Inútil: su emoción es muy profunda y se niega, alega incapacidad de ver su trabajo reunido, caminamos un rato, su nerviosismo se acentúa, y sólo arribamos a la exposición cuando se han ido casi todos. No sé bien qué es lo contrario de protagónico, pero ese término se le aplicaría, a menos que exista el protagonismo de la reticencia y la huida”.


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