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“Excuse me?” —digo intrigada e incrédula de que me esté preguntando si México es parte de los Estados Unidos. Pienso: tuve que haber escuchado mal. “Never mind” —me responde con un dejo de enojo, de insolencia, como si fuera obvio que México es parte de Estados Unidos.

Por Évolet Aceves / X: @EvoletAceves

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Please press 1 for English.

Voy a ser honesta, casi siempre cuando me comunico al servicio al cliente con algún número telefónico de Estados Unidos, prefiero presionar la tecla 1 for English, porque por lo regular me entiendo mejor con alguien que habla un inglés nativo que con alguien que a duras penas maneja el español. No obstante, reconozco que es necesario y prolífico —aunque no siempre eficiente— el que haya una opción para hispanohablantes.

Simplemente prefiero ser yo la que se dé a entender en inglés, y no es porque mi inglés sea nativo, pero al menos sé que puedo darme a entender, he sobrevivido así durante los últimos cuatro años en Estados Unidos. Además lo digo con la misma certeza con que en repetidas ocasiones he desesperado a los impacientes representantes del customer service, que no suelen ser tan amables como en México, por cierto.

A veces me cuesta más trabajo darme a entender hablando en español cuando sé que, para mi mala suerte, a la persona del otro lado del teléfono le cuesta trabajo hablarlo. Y luego —también me ha pasado— cuando presionas la opción 2 para español, de plano ni contestan. Y en más de una ocasión me ha pasado que cuando presiono el 2 para hablar en español, luego de unos minutos terminamos la persona al otro lado de la llamada y yo entendiéndonos mejor en inglés. Así que, para ir a la segura, preferí presionar la tecla 1.

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Curiosamente, en el conmutador siempre dejan al final la opción para hablar con una persona de carne y hueso, luego de escuchar una retahíla interminable de varios minutos con opciones inservibles que seguramente nadie busca escuchar. No me imagino a nadie levantándose de su cama mientras piensa: “qué hermosa mañana, hoy es un buen día para llamar al banco y escuchar su aviso de privacidad”.

En esta ocasión me tocó llamar a mi seguro médico ubicado en Estados Unidos, para preguntar algunos datos que necesitaba consultar urgentemente.

Los conmutadores no buscan más que despachar pronto a quienes llamamos para solicitar una pregunta que, paradójicamente, ningún robot es capaz de encontrar respuesta, porque quienes llamamos al servicio al cliente solemos buscar una voz, una respuesta proveniente de la lógica humana y a veces hasta la empatía, aunque sea por el teléfono.

En fin, luego de escuchar las varias opciones finalmente llegó el esperado Please press 7 if you want to speak with a representative.

Esa opción de hablar con una persona es cada vez menos frecuente en México. Lo bueno es que el servicio al cliente por vía telefónica en Estados Unidos no está tan exageradamente plagado de laberínticos conmutadores sin salida, ¿o será más apropiado decir conmutadoras?, porque, por alguna razón, casi siempre son voces femeninas las que atienden en los conmutadores. Voces robóticas, pero femeninas. No recuerdo, al menos en el corto plazo, haber escuchado voces masculinas entre aquellos menús de opciones tan altamente ineficientes.

Me responde una mujer, a quien en su voz puedo adivinar a una mujer negra, algo en su voz me indica que tiene sobrepeso, casi puedo verla, se escucha de unos cuarenta y cinco o cincuenta años. No tiene muy buen humor que digamos, sin embargo me contesta, no me cuelga, como muchos operadores suelen hacerlo con mis demandantes preguntas o porque se me ocurre llamar justo en el minuto en que estaban agarrando su bolso, alistándose para partir rumbo a su casa mientras dicen “Good night” a sus compañeros de oficina.

Atisbo en la voz de esta mujer una cierta prisa, como sucede con los operadores del país del norte —la mayoría quieren acabar lo más pronto posible con la llamada, como si les cobraran cada segundo que pasan al teléfono.

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Conforme avanzan mis preguntas de cuyas respuestas de la operadora voy anotando a toda prisa mientras ésta me las dicta con más rapidez que la del aleteo de un colibrí, de pronto se me ocurre hacer pequeñas y pausadas afirmaciones “mhm… mhm”, con la esperanza de que la operadora entienda que cada “mhm” significa “estoy anotando, espéreme tantito a que le confirme con mi siguiente ‘mhm’ para que pueda entonces continuar”.

Le comento a la mujer que en este momento me encuentro en México, y que si aún sigue vigente mi seguro médico para cuando regrese a los Estados Unidos —en cuestión de días, de horas—, cuando de pronto me toma por sorpresa su pregunta: “Is Mexico part of the US?

Ah caray, me digo. Se me hace que no le entendí bien.

Excuse me? —digo intrigada e incrédula de que me esté preguntando si México es parte de los Estados Unidos. Pienso: tuve que haber escuchado mal.

Never mind —me responde con un dejo de enojo, de insolencia, como si fuera obvio que México es parte de Estados Unidos.

Frente a mi negativa, y todavía desconfiando de mi veracidad, la escucho repitiéndose a sí misma lo que está escribiendo en su computadora: “Is Me-xi-co con-si-dered part of the US?” 

Ya me imagino las barbaridades que le habrá arrojado la computadora cuando oprimió la tecla Enter.

Ahora que sabía que sí había escuchado bien la pregunta de la mujer, simplemente me limité a responderle: “Oh, no, no. Not at all, it’s a different country. Mexico is absolutely not part of the US”.

Hubiera sido un tanto complicado responderle: “That’s a very good question… Although I’d put it in the opposite way: a good portion of what today is considered US territory, was actually part of Mexico two centuries ago, basically all the states of the US South and a bit more…”, pero el tono de la mujer y mis prisas médicas me decían que no era el momento más apropiado para esta discusión de corte histórico.

Luego pensé en preguntarle si conocía el término Chicano, porque, de ser así, entonces su pregunta inicial se vuelve aún más compleja.

Aparentemente mi absolutely not fue suficiente para que la mujer me brindara unas cuantas indicaciones adicionales, que, como en la mayoría de los trámites, al ser extranjera mexicana en los Estados Unidos, debo realizar.

Después de todo, la llamada era primordialmente para preguntar por detalles que necesitaba saber sobre mi seguro médico, no tanto para entrar en discusiones sobre la invasión de los Estados Unidos a México.

Me quedo al menos con la posibilidad de que, quizá luego de haber colgado con la telefonista, con suerte se metió a curiosear en alguno de los links que su computadora le habría arrojado luego de escribir si México es considerado parte de los Estados Unidos. Espero no se haya metido a alguno que dijera Me-ji-jo. Quiero pensar que, tal vez, la operadora se habrá interesado en entrar a algún link que dijera Treaty of Guadalupe Hidalgo…

X: @EvoletAceves

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