Los escribanos de Santo Domingo forman parte de la memoria de uno de los rincones más antiguos del Centro Histórico de Ciudad de México. Durante generaciones, bajo los portales de esta plaza hubo personas dispuestas a poner sobre el papel las palabras de quienes no sabían escribir o necesitaban ayuda para redactar una carta, petición o documento.
Conocidos popularmente como evangelistas, trabajaron primero con plumas, tinta y papel. Después incorporaron máquinas de escribir y, conforme cambiaron las necesidades de la ciudad, sus servicios también se transformaron. La historia del oficio permite asomarse a una época en la que saber escribir podía convertirse en una manera de ganarse la vida.
¿Quiénes eran los escribanos de Santo Domingo?
Durante buena parte de la historia de México, leer y escribir no fueron habilidades al alcance de toda la población. Para resolver esa dificultad existían escribientes capaces de redactar documentos por encargo, quienes se instalaban en espacios públicos donde sus servicios podían ser requeridos.
En la Plaza de Santo Domingo, estos trabajadores fueron conocidos como evangelistas. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) señala que elaboraban cartas para personas que no sabían leer o escribir o que, por diferentes circunstancias, necesitaban de alguien que redactara por ellas.
Los escribanos de Santo Domingo elaboraban cartas para personas que no sabían leer o escribir o que, por diferentes circunstancias, necesitaban de alguien que redactara por ellas. Facebook México Secreto Guiado.Su espacio de trabajo podía ser bastante sencillo: un escritorio, papel, plumas de ave, tinta y un par de asientos de tule. Frente a ellos se sentaba el cliente para explicar qué necesitaba comunicar y el escribiente debía convertir aquellas palabras en un texto.
De esta manera, su labor iba más allá de tener buena caligrafía. Era necesario escuchar, comprender una petición y encontrar la manera apropiada de expresarla. Durante mucho tiempo fueron auténticos intermediarios de la palabra escrita.
¿Por qué se instalaron en la Plaza de Santo Domingo?
La ubicación del oficio va más allá de la casualidad. Desde el periodo novohispano, la Plaza de Santo Domingo estuvo rodeada por instituciones relacionadas con la administración, el comercio y la vida religiosa de la capital.
Uno de los edificios más importantes fue la Real Aduana, trasladada a esta zona en 1676. Los comerciantes que introducían o sacaban mercancías necesitaban realizar diferentes trámites y presentar documentos relacionados con sus operaciones.
El INAH documenta la presencia de escribanos que redactaban papeles requeridos por los comerciantes para presentarlos ante la Aduana. La plaza se convirtió así en un lugar estrechamente relacionado con documentos, trámites y escritura.
Los escribanos públicos de la Nueva España desempeñaban funciones jurídicas formales. Pinterest.Sin embargo, existe una precisión importante. Los escribanos públicos de la Nueva España desempeñaban funciones jurídicas formales y no eran exactamente la misma figura que los escribientes populares conocidos posteriormente como evangelistas. Estos últimos se establecieron bajo los portales después de la Independencia y ofrecieron sus servicios directamente a la población.
La continuidad entre ambos momentos ayuda a explicar por qué Santo Domingo mantuvo durante siglos una estrecha relación con el mundo de la escritura.
Trabajo de los escribanos
El trabajo de los evangelistas podía comenzar simplemente con una conversación. El cliente explicaba aquello que quería decir y el escribiente encontraba las palabras para llevarlo al papel.
Una carta personal podía requerir un tono distinto al de una solicitud dirigida a una autoridad. En otros casos se necesitaban documentos relacionados con trámites, negocios o diferentes asuntos cotidianos. El oficio exigía conocer ciertas fórmulas de escritura y adaptarlas a las necesidades de cada persona.
Esta función adquiría especial importancia en una sociedad con elevados niveles de analfabetismo. Quien no dominaba la escritura no necesariamente quedaba completamente excluido de ella: podía recurrir a alguien que escribiera en su nombre. Los portales funcionaban entonces como una especie de escritorio abierto a la calle. Allí podían encontrarse quienes necesitaban transformar una petición, noticia o sentimiento en palabras que viajarían posteriormente sobre una hoja de papel.
Facebook Rodo Sialo Camero.Las herramientas de los escribanos de Santo Domingo cambiaron junto con la ciudad. El INAH señala que originalmente los evangelistas utilizaban plumas de ave, además de tinta y papel para elaborar sus documentos.
Con el paso del tiempo llegaron las máquinas de escribir, que terminaron convirtiéndose en una de las imágenes más características de los portales. El sonido de las teclas sustituyó a la escritura manual y permitió elaborar documentos con mayor rapidez.
La transformación no terminó ahí. Conforme aumentó la alfabetización y aparecieron nuevas tecnologías, disminuyó la necesidad de pagar a otra persona simplemente para redactar una carta. Los servicios ofrecidos en Santo Domingo comenzaron entonces a adaptarse a nuevas demandas.
La zona terminó especializándose también en impresiones y diferentes trabajos relacionados con documentos. Así, aunque la función original fue perdiendo importancia, la relación de Santo Domingo con el papel y la escritura consiguió sobrevivir.
Con el paso del tiempo los escrbianos de Santo Domingo comenzaron a utilizar máquinas de escribir para realizar su trabajo. Facebook Rodo Sialo Camero.¿Todavía existen los escribanos de Santo Domingo?
El oficio tradicional ya no ocupa el lugar que tuvo durante los siglos XIX y XX, pero su huella permanece en los portales. El Catálogo Nacional de Monumentos Históricos del INAH documenta la continuidad reciente de escritorios públicos en servicio en este espacio, aunque sus funciones se han transformado con el paso del tiempo.
Hoy resulta difícil imaginar una ciudad en la que alguien necesite acudir a una plaza para pedir que otra persona escriba una carta. Teléfonos, computadoras y mensajes instantáneos modificaron radicalmente nuestra relación con la escritura, mientras que la expansión de la educación hizo mucho menos común aquella necesidad.
Precisamente por eso los antiguos escritorios de Santo Domingo cuentan una historia que va más allá de la nostalgia. Recuerdan que la escritura fue también un oficio urbano y que durante generaciones existieron personas encargadas de prestar sus palabras a quienes las necesitaban.
Entre los edificios históricos de la plaza sobrevive así la memoria de los escribanos de Santo Domingo, hombres que durante décadas escucharon historias, solicitudes y mensajes antes de convertirlos en tinta sobre el papel. En una ciudad donde numerosos oficios han desaparecido, sus viejos escritorios todavía recuerdan una época en la que escribir para los demás era una forma de ganarse la vida.
Wikipedia.Aquí te contamos qué otros secretos alberga la Plaza de Santo Domingo
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