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La política se ha corrompido. El ejercicio del poder se ha degradado. Una profesión tan noble, generosa y comprometida con el bien común se ha convertido en instrumento para hacer negocios, obtener recursos ilegítimos y privilegios.

Se ha olvidado del servicio a la gente y renunciado al compromiso de ejercer los recursos con pulcritud, honestidad y eficiencia. Los partidos políticos y las organizaciones que directa o indirectamente tienen que ver con esta actividad han olvidado su principal compromiso: encabezar causas sociales y buscar el bienestar colectivo.

Existe un desprestigio de la política y de los políticos. Los ciudadanos se sienten traicionados y abandonados y no quieren saber nada de estas instituciones. Ha tiempo que los partidos se han divorciado de sus bases y seguidores. Se han ganado el desprecio de las y los votantes, que no creen en sus propuestas y menos en su quehacer cotidiano.

La corrupción y la inseguridad son los dos principales problemas del México actual. Se ha perdido el tiempo con gobiernos de distintos símbolos que no han estado a la altura de las circunstancias. La transición democrática y la alternancia del poder que permitió el expresidente Zedillo no prosperó en beneficio de la gente y en la solución de sus problemas. El PAN se hizo bolas y no respondió a la confianza de los ciudadanos. El PRI, a su regreso, ratificó corrupción, ineficiencia y frivolidad.

En 2018 se abrió una nueva posibilidad de cambio y se perdió. Morena entró al quite. Crecieron, para muchos votantes, las expectativas de una verdadera transformación. Sin embargo, la corrupción está como nunca y la inseguridad continúa.

El cambio no se dio, generando desencanto y frustración para mucha gente. El síndrome pernicioso de la corrupción de la política ha lesionado gravemente al país y obstaculizado su desarrollo. Todos los elementos humanos, naturales y recursos materiales que pueden ser bien utilizados están desperdiciados. Es verdaderamente preocupante que no se encuentren salidas para el país. Se requiere de una fuerte sacudida y un cambio verdaderamente importante que permita su desarrollo y el bienestar para la gente. El futuro de las nuevas generaciones así lo exige.

En la actualidad se viven momentos críticos, pero que tienen la posibilidad de ser superados y cambiar el rumbo nacional. No es posible que sigamos haciendo más de lo mismo. Hay que erradicar la inseguridad y la corrupción. Algo se tiene que hacer para afianzar las posibilidades de desarrollo de nuestro país. Ojalá así sea.


Contenido sindicado vía RSS de El Financiero. Nota original: https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/colaborador-invitado/2026/09/18/el-sindrome-pernicioso-de-la-degradacion-de-la-politica-mexicana/

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Escrito por
El Financiero
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