Cerca del Arco del Tiempo, el INAH registró 13 depósitos rituales que permanecieron intactos durante siglos
Por mucho tiempo Mundo Zoque, una cueva escondida en el accidentado paisaje de Cintalapa, Chiapas, permaneció fuera del alcance de visitantes y saqueadores. En su interior, entre pasajes inundables, cámaras de roca, estalactitas y estalagmitas, quedaron resguardados los rastros de ceremonias realizadas por los antiguos habitantes hace más de mil años.
La cueva Mundo Zoque se encuentra cerca del Arco del Tiempo, en el cañón del río La Venta, donde una exploración encabezada por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia contabilizó 179 objetos prehispánicos, organizados en 13 conjuntos distribuidos a lo largo de la cavidad con 100 metros de longitud. Lejos de ser utensilios abandonados al azar, la posición de los recipientes, las imágenes modeladas en ellos y su relación con determinados puntos de la cueva indican que fueron colocados deliberadamente como parte de distintas ceremonias.
INAHEntre los materiales registrados hay urnas, cajetes, incensarios y sahumadores. Algunos muestran rostros humanos; otros llevan figuras de jaguares, aves nocturnas y serpientes. El conjunto tiene una datación de manera preliminar entre los años 600 y 900 de nuestra era, una etapa conocida por la arqueología regional como Clásico Tardío.
Mundo Zoque, una cueva protegida por su propia geografía
Llegar a la cueva Mundo Zoque exige experiencia y equipo especializado. Su entrada obliga a realizar un descenso vertical de más de 10 metros y, una vez dentro, el trayecto continúa por espacios estrechos y superficies difíciles. A unos 30 metros del acceso aparece un paso que se llena de agua durante la temporada de lluvias. Solo cuando el nivel desciende es posible cruzarlo y continuar hacia las cámaras interiores. Esta barrera natural probablemente explica por qué los objetos se conservaron en buenas condiciones y el lugar escapó durante tanto tiempo de intervenciones clandestinas.
La existencia de la cueva se reportó al INAH en enero de 2026 por Jairo Díaz Barreiro, guía local dedicado al turismo de naturaleza. Durante los meses siguientes, un equipo dirigido por el investigador comisionado al Centro INAH Chiapas, Josuhé Lozada Toledo, con la colaboración de la arqueóloga y escaladora profesional, Martha Arcelia García Sánchez, y del espeleólogo Gabriel Merino Andrade ingresaron al sitio para verificarlo y elaborar un primer registro. La participación de habitantes de General Cárdenas también fue fundamental debido a su conocimiento del territorio facilitó las exploraciones y permitió proteger la ubicación mientras avanzaban los trabajos. El caso muestra el papel que pueden desempeñar las comunidades en el cuidado de un patrimonio que forma parte de su propia historia.
INAHEl territorio zoque
Cintalapa se localiza en una región donde el paisaje cambia entre valles, montañas, selva y profundos cañones. El río La Venta atraviesa ese relieve y forma paredes de roca, grutas y pasos subterráneos que durante siglos han condicionado la vida de quienes habitan la zona. Esta geografía también ayuda a entender la presencia zoque en el lugar. Antes de la llegada de los españoles, los pueblos zoques ocuparon una extensa franja que comprendía zonas de Chiapas actual y territorios vecinos.
javierderma Cañón río La VentaLas cuevas tuvieron un lugar especial dentro de esa relación con el entorno. Eran vistas como puntos de encuentro entre la superficie habitada por personas y las fuerzas alojadas en el interior de la tierra. Para los antiguos zoques, las cuevas eran espacios sagrados de comunicación entre el mundo humano, el interior de la tierra y las fuerzas de la naturaleza. Se concebían como entradas simbólicas al ts’uan o inframundo, no entendido únicamente como el lugar de los muertos, sino como un ámbito donde se originaban y renovaban elementos esenciales como el agua, la lluvia y la fertilidad. Por ello, en su interior se realizaban ceremonias y se colocaban ofrendas para establecer contacto con las entidades del monte y solicitar equilibrio de la comunidad, buenas cosechas y continuidad de la vida.
Cueva Mundo Zoque, un espacio cargado de símbolos
La distribución de los objetos permite imaginar cómo se desarrollaban aquellas prácticas. Los incensarios aparecen en diferentes puntos del trayecto y algunos llevan adornos que recuerdan las espinas del tronco de la ceiba. En buena parte de Mesoamérica, este árbol era un eje capaz de unir el cielo, la superficie terrestre y las profundidades.
Después de los primeros pasos angostos, la cueva conduce a recintos de mayores dimensiones. Allí, los antiguos visitantes colocaron vasijas junto a estalagmitas y, en ciertos casos, intervinieron las formaciones naturales para darles rasgos semejantes a una figura humana. Más adelante se hallaron recipientes de varios tamaños, algunos provistos de mangos con pequeños rostros. El recorrido desemboca finalmente en una cámara donde se concentra una parte importante de la cerámica.
Una de las piezas sobresalientes es un sahumador con una composición en forma de cruz, interpretada como la representación de los cuatro rumbos y su centro. Su mango termina en una serpiente con la boca abierta. Los animales representados tampoco parecen casuales. El jaguar estaba asociado con la noche, las profundidades y el poder del monte; las aves nocturnas remitían a la oscuridad y al conocimiento de lo oculto, mientras que la serpiente evocaba movimiento, transformación y continuidad. En conjunto, estas imágenes reforzaban el carácter sagrado de la cueva.
INAHLas preguntas que siguen abiertas
Los investigadores consideran que la cueva Mundo Zoque fue un espacio ceremonial y no un asentamiento doméstico. Una de las posibilidades es que allí se llevaran a cabo peticiones relacionadas con el agua y la producción agrícola. La siguiente etapa contempla documentar la cavidad con modelos tridimensionales y analizar los residuos que puedan conservar algunas vasijas. Esos estudios podrían detectar restos de sustancias aromáticas, cenizas, materiales orgánicos o fragmentos óseos y, con ello, precisar qué se quemó, depositó o consumió durante los rituales. También será necesario afinar la cronología y determinar si todas las ofrendas pertenecen a una misma época o si la cueva recibió visitas ceremoniales a lo largo de varias generaciones. Las piezas continúan relacionadas con el espacio donde fueron colocadas y esa conexión permite reconstruir acciones, recorridos y creencias que un objeto fuera de su lugar difícilmente podría explicar.
Mundo Zoque conserva la memoria de una sociedad que no separaba el paisaje de lo sagrado y que encontró, bajo la piedra y en medio de la oscuridad, un lugar para dialogar con la lluvia, la tierra y las fuerzas de las que dependía la vida.
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