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Migrar no es sinónimo del sueño americano o de la riqueza desmesurada. Migrar es reorganizar. Todo aquello que era cotidiano deja de transmitir certeza. Cambian las referencias, la arquitectura, el idioma, incluso nuestra manera de percibir el mundo. De habitarlo.

Demasiado al norte, de Emiliano Pérez Grovas, es la novela ganadora del premio Mauricio Achar 2025, elegida por un jurado integrado por Brenda Navarro, Sylvia Aguilar Zéleny y Julián Herbert.

La novela sigue a un hombre que emigra a un país del norte acompañando a su cónyuge, quien se ha mudado allí por cuestiones de trabajo. Sin embargo, al llegar en calidad de acompañante, el protagonista no puede trabajar. Así que, sin mucho más que hacer, comienza a observar la ciudad, dejando de ser protagonista de su propia vida.

A la par, se ve involucrado en una dinámica familiar, que, hasta ese momento, desconocía. Además, en medio de esta cotidianidad se adentra en una situación que le permite descubrir un secreto que le roba el sueño.

¿Cómo surgió Demasiado al norte?

Mi esposa vivía en una ciudad muy al norte, entonces cuándo empecé la maestría de escritura creativa, me fui a pasar una temporada con ella. Ella trabajaba todo el día, mientras yo aprovechaba el tiempo para escribir o preparar mis clases. Recuerdo que en ese momento busqué una cancha de pádel. Quería encontrar algo que me recordará a casa — el pádel es muy latino, yo jugaba con mis hermanos—, pero no la encontré.

Fue entonces cuando escribí un cuento sobre un tipo que iba al norte en busca de algo que nunca encontraba. Lo escribí para una convocatoria que tenía una amiga, en la que se iba a publicar algo sobre ciudades. El cuento estaba enfocado en cómo la ciudad afectaba al personaje, que, por cierto, describe su caminata como un espacio laberíntico. Al final, la convocatoria nunca se realizó, pero el personaje me gustó mucho.

En ese momento también estaba leyendo El proceso, de Kafka, me interesó la idea de: ¿qué sucede cuando quitas algo central de una narración?. En Kafka, por ejemplo, nunca sabes exactamente por qué están procesando al personaje. Entonces pensé: ¿qué pasa si nunca digo dónde está este personaje o hacia dónde va? Hice esa prueba y me gustó mucho el resultado. Además, como mi formación era más bien audiovisual, quería hacer una sitcom. Estaba viendo CUrb Your Enthusiasm y pensé: ¿qué pasaría si convierto a este personaje en el protagonista de una sitcom?

Así que empecé a escribir cuentos en donde el mismo personaje vivía diferentes cosas.

Ya en la maestría trabajé en talleres con mis compañeras, y así, seguí desarrollando el proyecto durante dos años, entonces, cuando llegó el momento de hacer mi tesis, lo propuse y mi asesora dijo que podía construir una novela.

Fue así, como empezó el proyecto.

¿Qué crees que le dió esta ciudad a tu escritura, que quizá no habrías encontrado en México?

Me impresionó mucho como la arquitectura es diferente a la de aquí y creo que eso inspiró el libro. Hay mucho de la arquitectura de estos lugares en el libro, tanto como del lugar al norte, como de Nueva York, que tuve la oportunidad de visitar por un congreso de NYU por una beca que gané. En mi familia hay algunos arquitectos, además siempre me ha interesado la arquitectura, así que, me puse a leer al respecto. Me llamó mucho la atención el Movimiento Internacional. Uno de sus máximos exponentes es Mies van der Rohe, así descubrí que la arquitectura puede ser igual en cualquier parte del mundo: edificios de hormigón, grandes columnas y cristal.

El movimiento se llamaba arquitectura internacional justamente por eso: daba igual si estabas en un lugar al norte, México, Cuernavaca, India o donde fuera; la arquitectura podía ser la misma.

En el lugar al norte hay un edificio de Mies van der Rohe que me gusta mucho. No recuerdo ahora cómo se llama, pero es un edificio negro, de metal, muy impactante.

En Nueva York hay otro edificio igual, también de Mies van der Rohe. Entonces pensé: están construyendo lo mismo en diferentes lugares. ¿Cómo afecta eso la identidad de las ciudades?

Conforme iba leyendo el libro tuve una sensación muy similar a la que experimenté al ver la película The Truman Show. Era como si nosotros los espectadores estuviéramos siguiendo de cerca su cotidianidad, pero llega un momento en el que justamente lo pulcro y monótono de la arquitectura —incluso me recordó a Burbank, el lugar en el que creció Tim Burton—, contribuye a generar este ambiente de extrañeza, como si hubiera algo que no termina de encajar. ¿Es una lectura acertada o estoy llevando la historia por otro lado?

Sí, los suburbios como los de Tim Burton, como en Edward Scissorhands, y cualquier otro son iguales; entonces pierdes la referencia geográfica, porque ese suburbio en California puede ser idéntico a uno en Wisconsin, Vancouver o Texas; en realidad son lugares muy alejados entre sí, pero se ven iguales. ¡Me gusta The Truman Show!, justo como en la película, me interesaba la teoría de la simulación, en dónde no sabes qué es real y que no. Construí al personaje pensando en esa duda de la realidad que, aparentemente, es cotidiana. Él no vive en un mundo particularmente extraño, es el personaje quien lo percibe de una manera extraña, por tanto el libro se torna extraño.

“Mientras camino, las casas se suceden las unas a las otras sin que pueda distinguir rasgos específicos, como si estuviera avanzando en una caminadora cuyo telón de fondo se mantiene estático. El paisaje es más o menos el mismo durante el trayecto. Ahora que lo pienso, no importa la dirección que avance, sería el mismo. No podría describirlo con mucho detalle”

La historia tiene imágenes muy cinematográficas, que se quedan con uno. ¿Por qué decidiste escribir una novela, en vez de hacer un producto audiovisual, considerando tu formación en cine?

La verdad fue por dinero. Yo me gradué haciendo cortometrajes, escribía guiones. Hice un corto como tesis y gasté todos mis ahorros. Lo disfruté mucho, pero lo vieron veinte o treinta personas. No creo que la literatura sea más fácil que el cine, pero si no voy a ganar dinero haciéndolo, por lo menos no me va a costar. Entonces, decidí que las ideas que tenía para cortos las iba a escribir como cuentos y me gustó muchísimo esa experiencia. Terminaba el cuento y, aunque todavía no estuviera publicado, el trabajo ya estaba hecho.

También me obsesionaba con una idea, me refiero a que, con los cortometrajes, la historia nunca salía de mi cabeza porque no lograba verla realizada, y eso me desesperaba. En cambio, los cuentos, ya los tenía escritos. Una vez que los escribes, deja de ser un peso que llevas encima.

Respecto a la literatura ¿hubo algún libro que te acompañó en este proceso?

El lugar, de Mario Levrero, una novela medio absurda, kafkiana. Trata de un hombre que despierta en un cuarto con una puerta, sale y hay otro cuarto igual, y así, infinitamente. Este libro me inspiró para construir la ciudad, pues yo quería generar la sensación de que el personaje estaba atrapado.

Curb Your Enthusiasm por su personaje neurótico, que en situaciones cotidianas tiene una respuesta exagerada.

La dependienta, de Sayaka Murata, que trata de una mujer que recibe mucha presión para cambiar, pero que, al final, termina haciendo lo que le gusta. Estos dos últimos personajes no tienen un proceso de cambio. Me interesó eso en ambas historias, sobre todo hablando de migración, porque es un proceso de cambio, pero, aunque el personaje lo intenta, no logra adaptarse.

Ahora que mencionas personajes, debo confesar que él tuyo me cayó un poco mal (risas). Me gustó especialmente cómo rompe ciertos estereotipos de género, pues mientras su cónyuge trabaja, él se queda en casa. Sin embargo, al mismo tiempo parece tener ciertas dificultades para demostrar sus sentimientos. ¿Qué querías explorar con ese contraste?

Me interesaba explorar lo que sucede cuando pones en crisis a un hombre de clase media o media alta que migra y, en lugar de hacerlo como un miembro productivo de la sociedad, tiene que hacerlo como acompañante de su pareja. Además, pensé en un hombre que no necesariamente es incapaz de expresar sus sentimientos, sino que a veces ni siquiera puede reconocerlos; es decir, no sabe qué está sintiendo.

En la maestría tuve que presentar un texto sobre nuevas masculinidades, así escribí sobre masculinidades hegemónicas, que son, digamos, un modelo de hombre al que cierto tipo de hombres aspira, quería explorar qué sucede cuando alguien que sigue cierto tipo de masculinidad hegemónica, se presenta ante la imposibilidad de ser productivo, por eso era tan importante para mi ese contraste. Hay algunas cosas del personaje que sí están inspiradas en mí (risas), pero no a ese grado. Quería llevar la situación al extremo y demostrar cómo esa situación comienza afectar a la familia.

Hay muchas historias sobre migración marcadas por represión, guerras o mejores oportunidades de vida. Tu historia habla de un hombre que migró para acompañar a su esposa. Mencionaste la dificultad del protagonista para reconocer sus sentimientos. ¿Crees que el hecho de migrar desde el privilegio, puede dificultar que las personas reconozcan el desarraigo?

No había pensado en eso. Sí era consciente de que mi personaje es mucho más privilegiado que otras personas que deciden emigrar, por ejemplo, a diferencia de otros personajes de la historia, él se puede aburrir. No está haciendo nada en realidad.

Muchas compañeras escribieron sobre migración, pero pensé que podía aportar otro tipo de historia. Quería demostrar como el hecho de ser improductivo te hace más consciente de la realidad, porque, al final, si migras y todo el tiempo estás trabajando, luego haces una maestría: tienes que resolver tus papeles.

Sales de trabajar a las ocho de la noche y llegas a dormir, no tienes tiempo de sentarte a pensar: “¿Dónde estoy? ¿Dónde está mi familia? No tengo amigos aquí. Los amigos que tengo también están de paso. ¿Qué voy a hacer?”. Todas esas preguntas yo me las hice cuando migré.

¿Crees que el hecho de que tu personaje no busqué trabajo con insistencia, y que incluso rechacé algunas ofertas de trabajo es una especie de resistencia al cambio?

Sí. Es un acto de resistencia, por eso tampoco nombra los lugares.

El protagonista es alguien con poca agencia, no migró porque quería, lo hizo para acompañar. En realidad, no tomó muchas decisiones, entonces quise darle agencia de alguna manera, protegiendo su identidad. Por eso no nombra ni a su cónyuge, ni siquiera queda claro si es esposo/a. Tampoco especifica la relación con su familiar. Narrativamente me percaté de que eso genera en el lector la sensación que yo tuve al migrar: el desarraigo, no poder aferrarte a nada, no echar raíces en ningún lugar.

El hecho de no nombrar las cosas es también una herramienta del lenguaje para no arraigarse fácilmente. Es una decisión arriesgada, porque no a todo mundo le gusta tanta incertidumbre en un texto. Pero, como yo no sabía si lo iba a publicar o no, dije: “ voy a hacer lo que a mí me gusta e interesa”

El familiar enfermo me hizo pensar en las expectativas familiares: “la familia es primero” “un hijo debe cuidar a los padres”... ¿Qué pasa cuándo lo que uno quiere, va en contra de lo que la familia espera de nosotros?

El personaje viene de una familia tradicional, unida y con ciertas expectativas que no se dicen pero están ahí. Respecto a la familia, noté que uno de los miedos de las personas que emigran es qué pasa si tu familiar se muere mientras estás lejos.

Quería retratar el duelo de no estar ahí, no solo en su muerte, sino en su enfermedad. En tener que ser práctico ante una situación que emocionalmente no lo es, así como el duelo por el lugar. Hay una nostalgia muy mexicana alrededor de morir lejos de casa, de romper raíces. Pensé en mi propia familia, ¿qué pasa con esas ramas que se pierden?

En la novela hay un personaje que muere lejos de su familia, pensé en lo solitario que debió haber sido morir en otro lugar. ¿Cómo te sientes ahora que soltaste la obra, saber que ha sido leída, juzgada y premiada?

Cuando escribí el libro, no sabía que se iba a publicar. Era un ejercicio de ficción con un impulso propio, con sentimientos que me costaba expresar con pocas palabras. Cuando se publicó fue diferente, entendí que estaba dejando una parte expuesta.

Es un texto arriesgado, sé que habrá lectores que conecten, otros que no, pero supongo que, parte de aprender a publicar es entender que debes dejar ir el texto y permitir que encuentre a los lectores correctos.

¿Qué te gustaría que tus lectores se llevarán del libro?

Que semanas después de leerlo aún sientan un poco de incomodidad, que sigan riendo o pensando en él.

El libro explora un humor muy particular, deadpan, un humor que no busca hacer parodia o burlarse de alguien; sino, que surge de situaciones incómodas. El personaje toma muy en serio todo, no piensa que las situaciones sean graciosas, pero a mi si me parecen.

Creo que eso es algo que puede ofrecer la literatura: una introspección que otros medios no permiten de otra manera. Si estoy escribiendo solo para entretener a alguien, mejor hacer un Tik Tok. Lo que me interesa es que se lleven sensaciones complejas, incómodas, que se queden con el lector.

Me encanta el título, siento que engloba muy bien el planteamiento del libro ¿fue idea tuya o una decisión editorial?

Fue una idea mía. En un principio se iba a llamar “Una ciudad al norte”, pero luego por casualidad escribí “Demasiado al norte” y me gustó más, justo sentí que englobaba la trama.

¿Cómo fue todo este proceso para ti, desde la idea hasta la promoción del libro?

Fueron tres años de escribirlo. Un día, Alaide Ventura, egresada de la misma maestría, vino a darnos un taller. Ella nos motivó a participar en el premio Mauricio Achar. “Si pueden, a mí me cambió la vida” nos dijo, y como yo era el único mexicano, lo intenté. Regresamos a México y el último día de la convocatoria fui a dejar mi manuscrito. Al ser un proyecto al cuál le había dedicado tres años, tuve la esperanza de tener una oportunidad, creo que nadie participa en un concurso si no piensa ganarlo.

Yo pensé que te avisaban si ganaste como una semana antes de que lo anunciaran oficialmente, pero el mismo día del anuncio me llamaron para decirme que había ganado y ¡qué debía presentarme a la ceremonia en una hora!. Me bañé rapidísimo, ni siquiera me corté el pelo, llegué sacado de onda, pero estaba muy emocionado, mis papás estaban súper felices. Después vinieron seis meses de trabajo con la editorial, la portada, algunos detalles del texto. El trabajo con la editora Nayeli García Sánchez de Penguin Random House fue muy bueno y desde diciembre estuve muy ansioso, pensando: “solo faltan dos meses para que se publique” “tres” “uno”... Y cuando finalmente se publicó: “ocho horas para que lo lean y conozca sus opiniones”

Ganar el premio Mauricio Achar como debut literario, es un gran comienzo. ¿Qué sigue para Emiliano Pérez Grovas?

Sigo escribiendo. Ahora con más calma porque no tengo presión de la tesis o un deadline. Escribo sobre las mismas obsesiones: Las historias absurdas y cómo la arquitectura afecta a las personas, pero justo ahora estoy escribiendo un libro sobre una amistad de jóvenes en Estados Unidos.


Contenido sindicado vía RSS de El Universal Cultura. Nota original: https://www.eluniversal.com.mx/cultura/confabulario/demasiado-al-norte-explora-un-humor-muy-particular-emiliano-perez-grovas/

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