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Mariana Mazzucato, profesora de Economía de la Innovación y Valor Público en el University College London y fundadora del Institute for Innovation and Public Purpose, presentó el 22 de septiembre en la UNAM sus principales hallazgos y recomendaciones para afianzar la viabilidad del «Plan México», para lo cual fue contratada hace dos años por el gobierno.

El evento reunió al rector de la UNAM, Dr. Leonardo Lomelí Vanegas, con el secretario de Hacienda y Crédito Público, maestro Édgar Amador Zamora, ante la presencia de investigadores, docentes y alumnos de la Facultad de Economía que dirige la maestra Lorena Rodríguez León.

De alguna manera, el evento significa algo que no es usual, pero que debería serlo, que es la proximidad de los procesos de toma de decisiones del gobierno ante desafíos concretos, con el conocimiento que generan los universitarios.

El Plan México, me parece, es el primer esfuerzo auténtico y serio de desarrollo elaborado por cualquiera de nuestros gobiernos desde hace más de medio siglo. La presidenta Sheinbaum lo presentó en enero de 2025.

Mucho se ha escrito acerca de sus cualidades y desafíos estructurales; entre las primeras hay que destacar que define acciones multisectoriales para transformar productivamente sectores estratégicos, con objetivos sociales y ambientales; establece metas de inversiones, de empleos, de productividad, de mejoras salariales y de desarrollo regional.

Entre los retos pesan la baja recaudación fiscal y una inversión pública que apenas alcanzó 2% del PIB en 2025.

Pesa también una estructura productiva en la que las microempresas representan el 95.4% de los establecimientos, pero sólo generan el 16% del valor agregado; el 0.2% de las empresas produce el 54.3% del PIB (Mazzucato).

Hay que subrayar que son precisamente las empresas pequeñas, medianas y grandes las que soportan, cuando son mucho más que el 4.4% del empresariado, el crecimiento, el empleo y los salarios en las sociedades desarrolladas.

Por eso, no se trata únicamente de acelerar el crecimiento anual del PIB; la implementación del Plan México debe poner más atención a los efectos multiplicadores e innovadores del crecimiento en esas empresas de clase media, que son alrededor de 450 mil entidades en un universo empresarial de diez millones de negocios.

Otros problemas estructurales hacen crecer el PIB, pero no porque tengan efectos productivos; se ubican en el sistema financiero y son buena parte del sector exportador de manufacturas.

Cada año, las ganancias bancarias superan el récord anterior; en 2025 alcanzaron 304 mil millones de pesos, a pesar de que el financiamiento otorgado a las empresas ese año fue menor en términos reales (Mazzucato).

Esa paradoja tiene que ver con los altos costos del crédito en México y con su demanda escasa, y significa que una proporción elevada del ahorro nacional que administra la banca, en su mayoría extranjera, se fuga del país.

El Plan México tendría que equilibrar oferta y demanda del financiamiento que requiera el mejoramiento de capacidades productivas de la planta industrial pequeña, mediana y grande.

En ello, la banca pública de desarrollo tiene un papel mucho más importante que el actual.

Algo semejante ocurre con parte de las inversiones extranjeras orientadas a las exportaciones; tales ventas externas se triplicaron entre 2000 y 2025, pero el PIB nacional no ha logrado superar el 2% anual promedio en el mismo lapso.

Ello, debido a que esas inversiones no generan encadenamientos con proveedores nacionales, ni progreso técnico en México, y que una proporción cercana al 85% de los componentes de esas mercancías exportadas desde México son partes que tuvieron que ser importadas.

Es la historia del TLCAN y del sucedáneo T-MEC, porque nuestros gobiernos no negociaron la participación de capital extranjero por su vinculación con la planta industrial nacional.

El problema no es simplemente que el sector moderno sea muy pequeño (0.2%). Es que las capacidades tecnológicas, de demanda de insumos, de acceso a mercados de ese sector, no se difunden en el resto de la economía.

Por causas financieras y de enclaves productivos modernos, puede hablarse en México de un crecimiento no sólo bajo, sino improductivo; es con lo que debe romper el Plan México.

Lo propician actividades financieras y mercantiles por las que circula dinero, riqueza que se registra como parte del crecimiento del PIB, pero mal contribuye a elevar la capacidad productiva futura.

México ha mejorado salarios mínimos, pensiones, transferencias, empleo, consumo; ha reducido la pobreza, pero no ha conseguido que crezcan las inversiones productivas empresariales, ni la productividad, ni los empleos de calidad.

Se ha logrado una mejor distribución del ingreso, pero de mantenerse el crecimiento económico bajo y la productividad estancada, será cada vez más difícil construir una planta productiva competitiva y una movilidad social ascendente, que sólo se consiguen mediante el aumento simultáneo de inversiones en innovaciones, de los salarios reales, de la productividad y de la estabilidad del empleo.

El Plan México tiene identificados proyectos y recursos necesarios para transformar la estructura productiva, modelar mercados y reducir las desigualdades regionales y sociales; su ejecución tiene como mayores requisitos la decidida participación de inversionistas verdaderamente emprendedores con visión de un mejor futuro compartido y la transformación de las capacidades funcionales y operativas del Estado para ejercer su papel rector del desarrollo nacional.


Contenido sindicado vía RSS de El Financiero. Nota original: https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/guillermo-knochenhauer/2026/10/01/crecimiento-improductivo/

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