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La protagonista de Besos, chao, de Claire-Louise Bennett, se muda a una cabaña en el campo y no se lo ha dicho a Xavier, su amigovio de setenta y cinco años (“Tenía setenta y cinco años y los aparentaba”, escribe). El libro es el relato de la relación, compleja y llena de aristas: nunca hubo sexo, dice, pero dormían juntos, él se separó de su mujer, ella se colaba en su cama por las noches cuando llegaba tarde después de haber estado en un plan ajeno a él, que precisamente por eso a él le molestaba. Él tenía dejes paternalistas y condescendientes, por supuesto, pero con ella no daban demasiado resultado. Besos, chao no es una novela sobre una relación desigual de dominación. Claire-Louise Bennet, su autora, es demasiado inteligente y buena escritora como para hacer una novelita etiquetable que nos confirme nuestros prejuicios y, precisamente por eso, nos haga sentirnos bien confirmados en nuestra visión del mundo. Claire-Louise Bennett viene a incomodar y a jugar con el lenguaje y a escribir sobre sexo sin dar vergüenza y sin caer en lugares comunes, viene a explorar las posibilidades rítmicas de los párrafos y frases, a jugar también con diferentes maneras de reproducir el diálogo, en fin, a renovar las formas literarias. Y a meterse en charcos sin miedo a ir mucho más allá de la superficie facilona y complaciente: “‘Yo soy el único que tiene una opinión acertada sobre ti’, solía decir. Cosa que yo no llegaba a aceptar, pero me lo callaba. Un comentario alarmante, narcisista, controlador, pero, por otro lado, cuando amas a alguien, ¿acaso no es eso lo que quieres que piense? ¿Que puede mirar en lo más profundo de ti, llegar hasta el mismo centro, y que te conoce mejor que nadie?” Besos, chao es un estudio sobre las despedidas y sobre qué pasa con las personas que estuvieron presentes en nuestras vidas y luego no; pero lo hace sin gritarlo: está por supuesto Xavier, pero también otros hombres, ligues y novios, y no novios, como el que fuera profesor de lengua de la protagonista, que reaparece, carta mediante –la carta, por cierto, vive una curiosa peripecia antes de llegar a su destinataria–, después de haber leído algunos de los libros de su exalumna en la biblioteca. Con esa carta se abre una correspondencia entre ambos que tiene un desarrollo también mental en la cabeza de la narradora. Sí, la protagonista es escritora, y, de hecho, será el mail de Xavier en el que le dice que su novela le ha parecido un HORROR (así, con mayúsculas) lo que la empuje a ella a cortar la comunicación con él. “¡Qué extremo!”, escribe ella sobre la crítica a su novela. Pero es difícil no escribirle, porque es imposible no pensar: “Cuando estoy escondida ya nadie puede pensar en mí. Claro que eso no es cierto. Pero lo parece. Estoy escondida. Estoy en un lugar nuevo y desconocido, un lugar en el que nunca había estado, un lugar…

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