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Es innegable que, en varios aspectos, el presente de México se explica por su pasado colonial. Y es que durante el periodo virreinal del país se gestaron muchos rasgos culturales de nuestra sociedad. Uno de ellos fue la gastronomía, en la cual se unieron los sabores prehispánicos, europeos, africanos y asiáticos. Es gracias a ello que la comida de la Nueva España tuvo un carácter marcadamente ecléctico y sincrético. Por ello, aquí exploraremos un poco la dieta de los novohispanos.

Una dieta que unió continentes

Lo primero a resaltar de la comida de la Nueva España es que en ella se unieron diferentes ingredientes tanto de los pueblos prehispánicos así como de la Europa mediterránea y África. Del propio territorio que hoy es México, se consumía maíz, frijoles, jitomate, chile, calabaza, aguacate, cacao, animales como el guajolote, entre muchos otros. Del mundo mediterráneo llegaron el trigo, cebolla, ajo, lentejas, garbanzos, lechuga, zanahoria, olivo y uvas, además de los animales de granja como la vaca, el cerdo, el pollo, ovejas y cabras. De África arribaron el plátano, café, melón y ñame.

Es así que muy pronto, en los tianguis y mercados de lo que actualmente es nuestro país se podían conseguir todos estos enseres naturales. A lo anterior hay que agregar al comercio marítimo. La Nueva España fue probablemente el más importante enclave de las rutas comerciales de ultramar del imperio español. Gracias a ello, llegaron importantes alimentos del continente asiático. En las cocinas de los hogares, conventos y palacios novohispanos se podía disfrutar de la canela, mango manila, tamarindo, arroz, limones y naranjas.

En los mercados y tianguis novohispanos se podían encontrar productos tanto locales como de Europa, África y Asia. © MNH. INAH.

La comida de la Nueva España

Como es evidente, la gastronomía novohispana tenía una base completamente natural. Gracias a ello, los ingredientes de la cocina de aquella época dieron lugar a todo tipo de platillos y costumbres culinarias. Podría decirse que la receta que por excelencia que unía todo era el mole, el cual tenía una base prehispánica y un posterior perfeccionamiento en los conventos. También de aquella época se modificaron el pozole, la cochinita pibil, la barbacoa y el chile en nogada. Todas aquellas se integraron no solo a la vida íntima de las familias de la Nueva España, sino sobre todo a la vida comunitaria. Y es que algo que debemos comprender desde nuestro presente es que platillos como el mole poblano no se comían cotidianamente. Se prepararan y consumían en eventos sociales excepcionales como las fiestas patronales o la ordenación como monja de alguna destacada mujer. Un barrio o un pueblo entero aportaba ingredientes así como sus manos para cocinar.

Por otra parte, las recetas nacidas en época prehispánica se volvieron en alimentos cotidianos ampliamente consumidos. Tacos, tamales, enchiladas y nopales podían comprarse en fondas y puestos callejeros. Bebidas sagradas como el pulque se volvieron populares en los expendios de la antigua Ciudad de México.

En los conventos nacieron muchos platillos que en la actualidad seguimos disfrutando. © Getty Images.

Costumbres y horarios de consumo novohispanos

Algo peculiar de la era virreinal de México fueron las formas y horarios en que se consumían los alimentos. A diferencia de nuestro presente, en la Nueva España había cinco tiempos para alimentarse a lo largo del día: desayuno (entre 5 y 6 de la mañana), almuerzo (entre 9 y 10 de la mañana), comida (entre el mediodía y las 2 de la tarde), merienda (entre 5 y 6 de la tarde) y cena (entre 8 y 9 de la noche). La comida era la más abundante y después de ella se acostumbraba tomar la siesta.

En el día a día, la gente con sustento podía iniciar tomando una taza de chocolate o atole con pan de dulce a las 5 de la mañana; en el almuerzo degustaban un guiso de carne de res, pollo o puerco y un plato de frijoles, acompañado de un buen vaso de pulque. Para la comida se podía comer un caldo de gallina con limón, un poco de arroz, todo antes del plato principal que solía ser un guiso de carne. Como postre se acostumbraba comer una fruta. A diferencia de Europa donde se tomaba té, a las 6 de la tarde en los hogares novohispanos se tomaba un rico chocolate caliente. Inevitablemente estaba acompañado de pan de dulce. Por último, en la cena se comían un plato fuerte con frijoles caldosos o refritos como acompañamiento.

El chocolate era una bebida central en la vida diaria de los novohispanos. © MNH. INAH.

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