ÚLTIMA HORA
CNN, MS NOW y Politico demandan a la Casa Blanca por veto; cadenas se solidarizan y no cubrirán a Donald Trump Norma Alicia Moreno: 40 años de impunidad Cuando el método importa tanto como el resultado Así amaneció el precio del dólar hoy 21 de septiembre de 2026 Fox News, ABC, CBS y NBC suspenden cobertura de Trump en protesta por vetar a CNN y más televisoras de EU WAICO: la avanzada china por la gobernanza de la IA Tiroteo deja dos muertos en sinagoga en Ontario; ataque fue durante el Yom Kippur Depresión se convierte en tormenta Polo al sur de Colima y Michoacán; advierten una rápida intensificación Partido de Vladimir Putin ‘arrasa’ con mayoría constitucional: Logra 355 de 450 escaños en la Cámara Baja La IA generativa revoluciona el e-discovery en las investigaciones legales y corporativas
4 min de lectura

Ahora en medio de la fiebre mundialista, había un montón de economistas de redes sociales comparando ingresos a paridad de poder adquisitivo (PPA) entre Argentina y México, para lograr que los agravios futboleros se convirtieran en humillaciones económicas. Como si los hispanos necesitáramos algo más que el idioma para crear conflictos entre nosotros. Chascarrillo aparte, consistentemente, en la comparación, Argentina sale por arriba de México, aunque en algunos años el valor es mucho mayor.

Sin embargo, en Buenos Aires sabes que el bife es barato, pero las camisas no, porque solamente hay de una marca nacional que está protegida. En cambio, en México sabemos que, si la carne está cara, comemos huevo, u otra fuente de proteína. Si las camisas están caras en el centro comercial, siempre puedes conseguir alguna oferta importada, aunque le duela y le pese mucho a mis amigos confeccionistas. Estas sutilezas, como el grado de apertura de una economía a las importaciones, no las capturan totalmente las mediciones a PPA.

Ahora bien, algo que aprendimos en el IMCO hace décadas, es que el cambio de país no es lo único que importa: también importa la ciudad a la que te mueves, y por supuesto, la productividad individual de los trabajadores. Hay un documento nuevo en NBER (nber.org) de tres economistas de UCSD (Bhalothia, Khana y Engelstadt) y uno de Northwestern (Mitchell) que captura el efecto de emigrar a ciudades en específico, no solamente de cambiar de país, usando la base de datos de LinkedIn (que captura gente de alta movilidad internacional, cuello blanco, altamente educada). Los resultados son muy interesantes. Tanto, que The Economist hizo una herramienta interactiva para jugar con los datos.

Por ejemplo: la Ciudad de México tiene una brecha salarial, respecto al promedio global, de 38 por ciento, a PPA. Eso quiere decir que los chilangos más calificados están 38 por ciento debajo de sus pares en cualquier parte del mundo, en 38 por ciento. Difícil de creer que Guadalajara y Monterrey están 40 por ciento abajo, -2 por ciento por debajo de CDMX. Quizá necesitas más aire acondicionado y más blindaje para el coche, o el cabrito y la torta ahogada son más caras que las quesadillas sin queso, o la congestión es mayor.

Si un regio de los mejor pagados decide moverse a Shanghai, tendrá un premio salarial, ajustado a PPA, de 52 por ciento. Si decide moverse a Bangalore, en India, perderá 19 por ciento. En Toronto el premio es de 220 por ciento, y en San Francisco de 425 por ciento.

Estas comparaciones no son fáciles. Por ejemplo, si estás en una empresa de alto valor en una ciudad con poca productividad, y te mueves a una empresa de bajo valor en una ciudad con altísima productividad, hay un efecto de confusión, que hay que ajustar. Siempre queda la pregunta de qué tanto de la productividad depende del trabajador, y qué tanto de en donde está. Los autores encuentran que entre el 45 y el 73 por ciento del efecto, al moverse adentro del mismo país, es atribuible a la ciudad. Si te mueves entre países, el efecto es mayor, aunque es difícil estimarlo con precisión.

Últimamente ha habido mucha discusión alrededor de si a México se lo va a llevar el tren en caso de que el TMEC desaparezca, de manera gradual o súbita. Ayer, mi periódico El Financiero dio espacio a una voz lúcida: la del Dr. Santiago Levy, quien dijo que el TMEC no es el talismán que asegurará la prosperidad. Tampoco son balas de plata las recomendaciones de la señora Mazzucatto y que son una plantilla estándar para países más avanzados. Tenemos que elevar la productividad.

Una forma expedita de elevar la productividad del trabajo es darle una asignación mayor de capital a cada trabajador. En las ciudades es donde es más evidente el déficit de capital. Falta infraestructura, y faltan empresas cuya característica definitoria sea una mayor dotación de capital por trabajador. Mientras la coordinación de inversión a nivel federal, estatal y municipal sea difícil, no habrá infraestructura urbana, y habrá menos productividad. Mientras no haya derechos de propiedad ni seguridad pública en las ciudades, habrá menos acumulación de capital y habrá menos productividad. Mientras el fisco castigue al rico, menos empresas formales y pletóricas de capital habrá.

Está bien que lean a Mazzucato, pero ese es debería ser el punto 36 del plan. Por lo pronto, les recomiendo “The Global Value of Cities”, documento de trabajo No. 34503 en NBER. No tiene desperdicio.


Contenido sindicado vía RSS de El Financiero. Nota original: https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/manuel-molano/2026/07/22/ciudades-y-trabajos/

Publicidad
Nota sindicada de El Financiero · Leer la nota original ↗
Escrito por
El Financiero
Fuente externa · Sindicación RSS · Carta de México

Contenido sindicado vía RSS desde El Financiero. Los derechos pertenecen a su editor original.