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"Chistes contra Franco", donde el caricaturista argentino Darío Adanti y la actriz y periodista española Ana Alonso recitan chistes que circulaban durante el franquismo podría parecer a primera vista un stand-up, un show de comedia peculiar, pero en realidad se trata de una acción performática que entra en la categoría de arte contemporáneo, afirma el artista Eugenio Merino, quien está detrás del concepto.

El trío está de visita para presentar mañana, a las 19:30 horas, este performance en el Centro Cultural de España en México (CCEMx) y, en entrevista con EL UNIVERSAL, reconocen que hay algunos chistes que “por sí sólos no tienen gracia”, pues se pasaban de boca en boca hace más de 50 años y el humor ha cambiado.

¿Cómo estáis?

No nos podemos quejar.

¿Entonces bien, no?

No, ¡qué no nos podemos quejar!

Es una probadita del tipo de chistes que se recitarán y que pueden que hagan soltar una que otra risilla, aunque advierten que hay unos menos naif y más negros. Sin embargo, Adanti, Alonso y Merino reconocen que es una presentación en la que las risas se darán inicialmente como una reacción de incomodidad o catarsis.

“No puede ser gracioso algo que es dramático”, dice Merino. “Y sí que te reís, pero más por catarsis, por lo tenso que estás”, comenta Adanti. “El público ha mandado mensajes en los que dice ‘me he reído, me he enfadado y también he llorado’”, remata Alonso.

Esto se debe a que los chistes, que van acompañados por lecturas de ensayos y textos históricos con los que Alonso proporciona al público contexto sobre los chistes. Para el trío de artistas era importante hacer difusión de lo que fue el franquismo, una dictadura en la que se cometieron crímenes de lesa humanidad, se crearon casi 300 campos de concentración, reprimió al grado que decir estos chascarrillos en voz alta era motivo para ser encarcelado.

“Todavía sigue habiendo un blanqueamiento del régimen fascista por parte de la derecha que nos parecía importante (contar el contexto)”, explica Adanti.

“Es un espectáculo que reivindica y habla de atrocidades que mucha gente que viene a vernos dice haber descubierto después del espectáculo”, agrega Alonso.

“Explicamos la historia de la dictadura a través de los chistes”, agrega Merino.

El tiempo ha pasado, se cumplen 51 años del fin del franquismo, “el dictador queda ridiculizado”, comenta Merino, y el humor ha cambiado -la influencia gringa del stand-up comedy “ha sido la gran desgracia que hemos sufrido como espectadores”, dice Merino. “Es el neoliberalismo colonial que viene de Estados Unidos. Abrazaron vicios (del humor) de los demócratas americanos”, añade Adanti.

Pero aun así los chistes franquistas tienen una dosis de vigencia incómoda en el panorama actual donde la extrema derecha y el fascismo recobran fuerza. Ante esta situación los tres creadores reflexionan, desde sus oficios, sobre la autocensura, una acción, quizá, supervivencia para escapar de la represión, la censura sistemática o la cotidiana funa en redes sociales.

Por ejemplo Alonso además de ser actriz, es periodista y la voz del podcast del periódico español El País. Desde su labor en los medios de comunicación, ella recomienda estar atentos a la voz de autocensura que nos susurra al oído.

“La autocensura es una de nuestras peores amenazas. Es muy importante tener esa mirada y vigilancia sobre ti misma para no empezar a actuar como se supone que quieren que actúes. Atreverse, ser valiente y sobre todo desde el periodismo, ser honesta, más con los sesgos que tienes”, dice Alonso.

Por su parte, Adanti, historietista y miembro fundador de la revista de humor “Mongolia”, recuerda que “el humor no es inocente” y puede usarse para reír o hacer crítica, pero también “se usa para el bullying”, por lo que considera importante tener presente la “responsabilidad en el campo público de la opinión, saber que tiene un peso lo que estás diciendo desde el humor”.

Merino, artista de fama internacional que metió a Franco en una heladera de Coca-Cola (obra de arte que lo llevó a los tribunales al ser demandado por la Fundación Franco, pero triunfó), quemó la figura del Rey Felipe VI hecha ninot, y puso a rodar las cabezas de Donald Trump y Benjamin Netanyahu como si fueran balones de fútbol, ha toreado a través del humor la polémica y la censura. Para él, la autocensura es un poco ajena, reconoce que se debe a la ventaja de que no trabaja para nadie, pero reconoce que “hay ideas que no merecen la pena”.

Los artistas invitan al público a asistir a su performance, en particular a aquellos que vivieron el exilio Español de forma directa o a través de la herencia familiar.

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