Había prometido no llorar, pero bastaron los primeros versos de “On ne change pas” para que Céline Dion tuviera que detenerse, anoche en París, durante su primer concierto completo en seis años.
La cantante se llevó una mano al pecho, se secó las lágrimas y miró a las 30 mil personas que llenaron la Plenitude Arena, en las afueras de la capital francesa.
“Estas son, por supuesto, lágrimas de alegría. Estoy encantadísima de verlos”, dijo antes de lanzar besos al público.
El tema que eligió para abrir, “On ne change pas” (“Uno no cambia”), habla de aquello que permanece pese al paso del tiempo y de la persona que uno fue antes de crecer. Dion regresaba con ella después de unos años en los que cambió casi todo alrededor de su carrera.
“Hay algo que puedo decirles en dos palabras: estoy bien. He aprendido a vivir con esta fragilidad, de tanto tenerla cerca la he domesticado y he decidido convertirla en la fuerza para vivir”, dijo la canadiense, de 58 años.
El camino hasta esa noche había sido largo. Su último show completo fue en marzo de 2020. La gira se detuvo primero por la pandemia de covid-19 y después por los problemas de salud que terminaron por apartarla de los escenarios.
A finales de 2022 reveló que padecía síndrome de la persona rígida, un raro trastorno neurológico y autoinmune para el que no existe una cura conocida y que puede provocar rigidez muscular, espasmos dolorosos y dificultades para caminar o controlar la voz.
Los síntomas, sin embargo, habían comenzado mucho antes. Dion contó que desde 2008 empezó a tener problemas repentinos para dominar su voz.
Los médicos revisaron entonces sus cuerdas vocales sin encontrar daños y ella continuó trabajando durante años, hasta que nuevos síntomas y estudios permitieron llegar al diagnóstico.
“Durante cuatro años me he dicho que no volveré, que estoy lista, que no estoy lista. Mi cuerpo me lo dirá”, explicó hace dos años a Vogue France.
Tres meses después sorprendió al mundo desde la Torre Eiffel. Bajo la lluvia y durante la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de París, interpretó “Hymne à l'amour”, de Édith Piaf.
Una noche soñada
Aquella aparición olímpica había durado una sola canción. Anoche, Dion tenía por delante un show de unas dos horas y 15 minutos.
Después de “On ne change pas” llegó “Destin” y entonces se dirigió al público, primero en francés y luego en inglés. Agradeció a quienes habían viajado desde distintos lugares y recordó la promesa que hizo cuando su regreso era incierto.
“Prometí volver, volver al escenario”, dijo. Y enlazó el agradecimiento con otro de sus éxitos: “Soy todo lo que soy porque ustedes me amaron”, antes de comenzar “Because You Loved Me”.
Después del arranque apareció también la Céline de otros años. Caminó con seguridad por el escenario, hizo gestos al público y hasta simuló tocar una guitarra mientras avanzaba un repertorio que mezcló sus canciones en francés con sus grandes éxitos en inglés.
La puesta en escena fue sobria para una arena de ese tamaño, con Dion siempre al centro y varios cambios de vestidos negros. La cercanía con el público se hizo evidente cuando volvió a quebrarse y extendió el micrófono para que miles de voces la ayudaran a seguir.
Sonaron “The Power of Love”, “My Heart Will Go On”, “Beauty and the Beast”, “The Prayer”, “It’s All Coming Back to Me Now” y “All By Myself”, junto con “Encore un soir”, “J’irai où tu iras” y otros temas del repertorio en francés.
También hubo espacio para algo nuevo. Dion enlazó “I Feel Love”, de Donna Summer, con “I’m Alive”, “That’s the Way It Is” y “Sweet Dreams (Are Made of This)”, de Eurythmics, y estrenó en vivo “Dansons”, su nueva canción en francés escrita por Jean-Jacques Goldman.
Para entonces, las lágrimas del comienzo habían dado paso al espectáculo. Céline bromeaba, recorría el escenario y se enfrentaba otra vez a las grandes baladas, poniendo a prueba durante toda la noche una voz que su enfermedad había llegado a comprometer.
París la esperaba
Entre las gradas había lentejuelas, camisetas con su rostro y seguidores llegados de varios países. Chloe y Katy Rydquist viajaron desde Londres y pagaron unos 2 mil dólares por sus entradas. “Teníamos que estar aquí para la primera noche”, contó Chloe.
La expectación llevaba días instalada en París. Afuera del hotel Royal Monceau, cerca del Arco de Triunfo, admiradores esperaban cada salida de Dion, que por momentos se detuvo a cantar o bailar.
The Times, que calificó el concierto con cuatro estrellas, señaló que su voz respondió con fuerza durante un espectáculo que pasó de la chanson francesa al pop, el disco y el gospel.
Entre los asistentes estuvieron la ex primera dama estadounidense Michelle Obama, Oprah Winfrey, la cantante Aya Nakamura, el astronauta Thomas Pesquet. También acompañaron a Dion sus tres hijos, René-Charles, Eddy y Nelson.
El concierto fue apenas el primero de una residencia de 26 fechas que concuirá el 10 en mayo.
Para llegar hasta aquí, Dion contó recientemente, cambió medicamentos y se sometió a terapia física y vocal, inmunoterapia, pilates y ballet. Ella misma ha comparado la preparación con la de una atleta.
Anoche, después de seis años, por fin llegó a la meta.
Con información de AFP y EFE.
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