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¿Ustedes saben dónde vive su alcalde/alcaldesa? Hablando de su diputado o de su presidente municipal, ¿ustedes pueden dar fe de que el patrimonio visible y el estilo de vida es congruente con sus labores profesionales, privadas y públicas?

La política se ha vuelto un mundo extraño. Quien aspira a representarnos se ha vuelto un ser ignoto. “Nuestro representante”, “nuestra mandataria”, está en todos lados, las redes sociales los han vuelto ubicuos, pero pocos pueden decir: es mi vecino, lo conozco.

Algunos dirán que es debido a que en los tiempos que vivimos, políticos y funcionarios corren muchos, muchos riesgos al punto de que su privacía es en nuestro beneficio (¡?). El o la lideresa están a salvo, tres hurras por ellos y san Juditas que vele por nosotros los mortales.

En eso pensé al leer que un funcionario que cuida que las cámaras de vigilancia funcionen (gran responsabilidad, pero ¿alguien diría que de riesgo personal?) se salvó de un asalto gracias a sus escoltas armados. Sí, guaruras empistolados en la entidad que se supone que, entre otras cosas porque tiene decenas de miles de cámaras, es la más segura del país. Armas para un administrador. Raro.

Como raro también –rarísimo, de hecho– lo que pasa en nuestra política, donde ahora el Instituto Nacional Electoral y el Gabinete de Seguridad van a ponerse a filtrar las candidaturas para que no se cuele un criminal (no se rían, dije criminal no delincuente).

Empiezo por el principio. Bastantes parroquianos saben si ése o ésa que de pronto, o de nuevo, quiere una candidatura se ha portado bien, medio bien, regular o de plano anda en cosas raras. Y si sus vecinos lo saben, sus compañeros de partido no pueden no advertirlo.

Felipe Calderón siempre contaba que cuando iba de gira, personas a lo largo de las vallas le daban papelitos con “informes”. En las notas le advertían: sutano está metido en esto, perengano anda en lo otro. Inteligencia del pueblo para el presidente.

Y si eso era con el mero mero, ¿a poco quien ocupa la gubernatura no se entera de los pasos, y los abusos, de sus colegas?

El problema no es el desconocimiento de tantas caras que vemos, pero prestanombres no sabemos. Porque de sobra conocemos todo lo que ellas y ellos presumen en Instagram, como si nadie fuera a concluir que esas vacaciones no las tiene ni Obama.

Calderón se subía a la camioneta, leía los papelitos, y como se estilaba que en el vehículo lo acompañara el presidente municipal y/o el/la gobernador(a), reprochaba: “¡La gente dice esto!”. La respuesta de un edil era: “Sí, yo también lo sé, pero con qué me les enfrento”.

Ahí está el meollo. En el nivel más elemental, el municipio, el Estado es incapaz de perseguir a narcos, o de siquiera denunciar a políticos ligados a narcos. El gobierno federal anda siempre en cosas “más importantes” que apoyar a un alcalde, y del gobernador ni sus luces.

No suena lógico que el INE y el gobierno federal les vayan a hacer la chamba a los partidos. Porque si Morena dice que tiene un comité en cada sección electoral del país, ¿a poco esos 70 mil comités dejan pasar a alguien sin hacer caso de lo que saben y oyen los vecinos?

Estamos poniendo los bueyes detrás de la carreta. Los partidos se deben hacer cargo de la gente que postulan, de su historia en la comunidad, y si el o la postulada sale con un domingo siete, ha de ser el partido el primero que los desconozca, denuncie y facilite su investigación, quitándoles cargo y fuero. Exactamente lo contrario, digamos, que con el futbolista morelense o la camada sinaloense.


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