Texto: Angélica Navarrete R.
Este año se cumplen 58 de la masacre en la plaza de las tres culturas de Tlatelolco.
Hoy retomamos lo escrito por el periodista José Carreño Carlón en el libro 1968, un archivo inédito, un compendio de fotografías y textos de colaboradores acerca del Movimiento Estudiantil, desde el bazucazo a la Preparatoria Nacional hasta la noche del 2 de octubre.
La política y los medios en la noche del bazucazo, Carreño Carlón describe las primeras señales de la represión estudiantil por parte de las autoridades y de cómo respondió la mayoría de prensa.
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En aquella época, México vivía una etapa de paz y aparente estabilidad, “un logro que sería coronado con la celebración, en estas tierras, de la Olimpiada de aquel 1968”.
Sin embargo las investigaciones y los análisis periodísticos reflejaban muy poco “la trascendencia de la escalada represiva a que apuntaba la noche del 30 de julio, la noche del bazucazo, dentro de la violencia gubernamental que llevaría, luego de la toma militar de Ciudad Univeristaria y del Casco de Santo Tomás del IPN, a algo peor: a la masacre en Tlatelolco el 2 de octubre.
En su colaboración para el citado libro, Carreño Carlón afirma que “los medios vivían en la corte del boletín o la Orden del Sobre”, por el subsidio gubernamental que se recibía, en efectivo, y que se entregaba a los comunicadores de los medios. Los diarios destacaban boletines y declaraciones autorizadas o discursos “revisados” asignados por Palacio Nacional.
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La noche del bazucazo, autoridades de Gobernación, el DDF y de las procuradurías capitalina y federal llamaron a la prensa a media noche para explicar, primero, que ellos habían llamado al Ejército por las proporciones de los disturbios estudiantiles, discurso arraigado para evitar la percepción de que las fuerzas armadas hubieran actuado por su cuenta y destacar la civilidad del sistema político mexicano, en contraste con Latinoamérica, donde la milicia solía imponerse a las autoridades o derrocarlas.
Los llamaron comunistas
Para el autor, este mensaje buscaba también alejar al autoritario presidente, Gustavo Díaz Ordaz, entonces de gira por Jalisco, “de aquella primera gran decisión represiva” y así, mantenerlo como una figura conciliadora.
Los jóvenes se resguardaban de la policía dentro de la Preparatoria 1 porque no los dejó llegar al zócalo a un mitin y los sacaron con un disparo de bazuca. Destruyeron sin más, la puerta barroca, histórica de San Ildefonso.
En la Gaceta de la UNAM se lee que la puerta fue labrada en el siglo XVIII y que había librado "las guerras de lndependencia, Reforma y Revolución, y donde, cien años antes, el presidente Benito Juárez había inaugurado la Escuela Nacional Preparatoria".
En cuanto al mensaje de las autoridades de aquella noche, el segundo punto no dejaba camino a la conciliación. Aseguraron que los disturbios estudiantiles eran “un plan de agitación y subversión perfectamente planeado” que revelaba una conspiración contra el país. Que la filiación de los promotores se veía en la identidad de algunos jóvenes detenidos y afirmaron “se trata de elementos del Partido Comunista”.
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En aquella ocasión estaban sentados frente al secretario de Gobernación, Luis Echeverría, el escritor Edmundo Jardón Arzate del Partido Comunista y el reportero estrella del semanario de mismo partido La Voz de México, Antonio Cáram.
Entonces Jardón les pidió precisar si ellos habían pedido la intervención de Ejército, puesto que el artículo 89 de la Constitución permite solo al Ejecutivo dicha facultad. Los funcionarios se voltearon a ver, nerviosos y sin respuestas.
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Echeverría respondió con rudeza a Jardón, hablándole de tú, para decirle que él -Jardón- sabía muy bien que aquellos disturbios se habían planeado en la Conferencia Tricontinental en la Habana, Cuba, en 1966, donde participaron comunistas mexicanos; luego trató de terminar la conferencia diciendo que el ataque militar “sirvió para preservar la autonomía universitaria de los intereses ingenuos, muy ingenuos”, que pretendían desviar el camino de la Revolución Mexicana. Pero Jardón le contestó en tono de decepción, hablándole también de tú, para reprochar que tratara de justificar de una manera tan falaz el ataque a la Escuela Preparatoria, la que ambos habían compartido y los había formado en su juventud con ideas generosas que llegaron a compartir, en favor de la justicia y la libertad.
Nuestro colaborador afirma que eso no se registró en los medios, dominó la versión oficial y la pertinencia del ataque del Ejército contra la vieja Escuela Nacional Preparatoria. “La intransigencia de un grupo sectario provoca la acción enérgica del gobierno” fue una cabeza a ocho columnas.
- Fuentes:
- s.a. (2008). 1968: un archivo inédito. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes; EL UNIVERSAL.
- Hemeroteca EL UNIVERSAL
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