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La decisión de Estados Unidos de no extender el T-MEC por otros 16 años es desafortunada, pero no significa el fin del Tratado. La realidad es que estamos mejor hoy en día que como estábamos el 2 de abril de 2025, cuando el presidente Trump anunció aranceles recíprocos en contra del mundo entero en su famoso “Día de la Liberación”. En ese momento cabía la posibilidad de que México enfrentara aranceles de por lo menos 25% en todas sus exportaciones, además de múltiples medidas arancelarias de seguridad nacional a través de la Sección 232. Para efectos prácticos, esto equivaldría a una cancelación de facto de nuestro Tratado de Libre Comercio. Tras una serie de llamadas a nivel de Jefes de Estado, y la presión constante del sector productivo estadounidense, México logró que esos aranceles no se aplicaran a los productos que cumplen con las reglas de origen del T-MEC. Ya en noviembre de 2025, cuando Estados Unidos llevó a cabo su proceso de consulta pública sobre la revisión del T-MEC, más del 90% de las cartas que recibió la Representación Comercial (USTR) fueron a favor de la permanencia y extensión del Tratado. No le quedó otra al embajador Greer, Representante Comercial de EU, más que reconocer que la mayoría de los actores económicos de su país están a favor del Tratado, pero señaló en su informe al Congreso que la Administración Trump no “estaba lista para extender el T-MEC en su formato actual”. Hoy en día EU quiere hacerle cambios al Tratado, pero no habla de cancelarlo. Los propios asesores de Jamieson Greer señalan que quiere pasar a la historia como el USTR que mejoró el Tratado, no como el que lo mató.

Eso sí, debemos reconocer que la postura de la Administración Trump ha sido clara desde que regresó al poder. Desafortunadamente EU cree que los aranceles son un instrumento para desarrollar su industria manufacturera, lo cual es completamente falso. Asimismo, el presidente Trump sigue enfocándose en el déficit comercial con México, y lo único que está haciendo Greer es reflejar esa postura. El que la obsesión con el déficit comercial no haga ningún sentido económico y que México le haya demostrado a EU con datos duros que las exportaciones mexicanas contienen casi 40% de valor agregado estadounidense parece no importarle a USTR. Es una postura política que carece de lógica económica.

Ante esta terquedad le corresponde a México no apresurarse, seguir trabajando en resolver aquellos irritantes comerciales que sean reales, en ambos países, y seguir explorando esquemas de cooperación con Estados Unidos y Canadá para reducir la dependencia de Asia. Pero México no debería dar ninguna concesión ni aceptar aranceles ni cupos permanentes. Si eso es lo único que ofrece Estados Unidos en este momento, resulta preferible esperar a que se vaya Trump y tratar de negociar términos razonables con una administración más sensata (esperemos) a partir de 2029.

Antes de otorgar cualquier concesión en materia comercial necesitamos obtener garantías de que EU está dispuesto a eliminar los aranceles que enfrentamos hoy en día, o por lo menos reducirlos a un nivel más bajo que el que enfrente cualquier otro país. Asimismo, debemos asegurar que las exportaciones mexicanas que cumplan con las reglas de origen del T-MEC quedarán excluidas de futuros aranceles de aplicación general o sectorial, que se impongan conforme a las Secciones 122, 232, 301, u otras.

Hace algunos meses escuchaba voces que consideraban sumamente riesgosa la postura del Primer Ministro Carney, cuando lanzó su política de diversificación comercial, y coincido en que el haber acercado a Canadá a China como lo hizo Carney alimentó la ira de la Casa Blanca. Pero creo que México puede aprender de esa lección y tomar la iniciativa de continuar el diálogo constructivo con EU sin doblar las manos, y al mismo tiempo fortalecer nuestra diversificación comercial como ya lo está haciendo el secretario Ebrard al impulsar, finalmente, la ratificación de nuestro tratado con la Unión Europea que estaba listo desde 2018. En paralelo, México estableció un plan de acción con Canadá para duplicar el comercio y la inversión bilateral, y ha iniciado un diálogo para fortalecer la relación comercial con Corea del Sur. Sin embargo, tampoco nos conviene arriesgar un rompimiento en la relación con Trump forzando un acercamiento comercial con China –como lo hizo Canadá–, al cual en todo caso se opondría la mayoría de nuestro sector productivo. Lo que sí podemos, y debemos hacer, es aprovechar las rondas de negociación con EU (y eventualmente con Canadá) para tener una conversación seria sobre cómo combatir prácticas desleales de manera conjunta, y cómo reducir la dependencia de Norteamérica en Asia para muchos insumos industriales.

La clave en esta negociación será no apresurarse, pero seguir dialogando, y demostrar que México entiende que su futuro económico está en América del Norte y que solamente con una Norteamérica unida lograremos competir con China a largo plazo. La prioridad para México debe ser llegar a un acuerdo sobre los aranceles que tanto daño le están causando a nuestro sector automotriz y a todos los exportadores mexicanos que utilizan acero y aluminio, así como a exportadores de otras industrias como la farmacéutica, el cobre o la madera. Lo más difícil será convencer a Trump de que las barreras en contra de México y su obsesión con el déficit solamente lograrán fortalecer a nuestros principales competidores.

El T-MEC está en vigor hasta el 1º. de julio de 2036, y sí, lo ideal hubiera sido que EU estuviera de acuerdo en extenderlo hasta el 2042. Pero estas son las cartas que están sobre la mesa y hay que aprender a jugar con ellas. El jugar con cabeza fría y sin prisas en la negociación gubernamental no solo nos permitiría avanzar hacia un mejor acuerdo, sino que también abriría un espacio para que las diversas iniciativas de abogacía y cabildeo a favor del T-MEC que se están llevando a cabo a través del sector privado mexicano (CCE, CONCAMIN, COMCE, CNAT, entre otras) rindan frutos en Estados Unidos. Este trabajo en equipo entre gobierno y sector privado ha sido la combinación ganadora en anteriores negociaciones, y debemos replicarlo.


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