En los últimos dos años, el crecimiento de la economía promedia apenas medio punto por año. Eso es un poco menos del crecimiento promedio desde 2018, que llega a 0.6%, casi la cuarta parte de lo que teníamos en los 40 años previos. Medido con respecto al PIB, entre 1980 y 2018 México crecía 2.2% anual, frente a un crecimiento de 2.7% en Estados Unidos. Desde 2018, el país vecino ha crecido al 2.3% cada año; nosotros, 0.6%.
La inversión, desde 2018, ha crecido a un ritmo anual de la mitad: 0.3%, la misma velocidad a la que ha crecido la construcción desde entonces, y también el conjunto de maquinaria y equipo; pero, en este caso, ha sido debido a una contracción de la inversión en equipamiento nacional y a un incremento en las importaciones.
Lo que ha movido la economía en los últimos ocho años ha sido el consumo, que crece poco, comparado con los años previos, pero cinco veces más rápido que la inversión: 1.5% anual. El detalle es que casi todo ese crecimiento proviene del consumo de bienes importados, que se mueve al 6% anual, frente a apenas 0.4% de los bienes nacionales y a poco más de 1% del consumo de servicios.
En varias ocasiones, ha parecido que la economía se reactiva: primero con la recuperación después del confinamiento del Covid, pero no logramos siquiera regresar al nivel previo; después con la burbuja de inversión y consumo creada por López para asegurarse el triunfo en 2024; y, más recientemente, con un ligero salto al cierre de 2025 que muchos vieron como la golondrina presagiando el verano. Pues no, fue un movimiento que no duró mucho y que ahora parece ser más un asunto como el de la burbuja: datos poco claros, originados en fuentes de gobierno. En este último caso, se trató de un salto en construcción de vivienda, según reportes del Infonavit, que no coinciden con la información de la encuesta de empresas de la construcción. Algo parecido a lo de 2023, pues, pero ahora no de parte de la Defensa.
A diferencia de aquel entonces, cuando los datos saltaron al doble de lo normal, ahora parecen ser récords históricos, pero por apenas unos puntos. Ya entraremos a los detalles y podremos verificar qué tanto es cierto, pero por el momento, no se ve que haya movimientos que hagan pensar en una dinámica diferente a la vista en los últimos dos años; es decir, en lo que va de la actual administración.
Como hemos comentado en varias ocasiones, no estamos frente a una crisis económica, sino a un estancamiento. Este puede convertirse en aquella, pero falta para eso. El estancamiento implica que el gobierno no puede recaudar bien, como ya es claro en los últimos datos (mayo), mientras que sus gastos no ceden. La falta de control del déficit, herencia de esa burbuja, puede descalificar a México a los ojos de los financieros, pero eso no ha ocurrido aún. Mientras no ocurra, nada más tenemos el deterioro que usted puede atestiguar día a día.
Sin embargo, cumplir ocho años con una contracción continua en el ingreso per cápita (porque, aunque la población está creciendo menos, lo hace a un ritmo superior a la economía) ya es un lastre para grupos cada vez más grandes de la población. Aunque algunos de ellos han recibido reparto de efectivo, y otros han aprovechado aumentos salariales, el saldo empieza a ser negativo. Tenemos entonces una población con un menor nivel de vida, con una economía que se sostiene gracias al resto del mundo: importaciones crecientes, exportaciones dudosas y un tipo de cambio que responde a flujos financieros sobre los que no tenemos control. Creo que, a pesar de eso, afirman que somos muy soberanos.
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