Hay viajes que se recuerdan por los paisajes y otros que permanecen en la memoria por lo que probamos, descansamos y compartimos. En Ixtapa-Zihuatanejo —ahora a 1 hora de puebla gracias a Volaris—, el mar es el escenario principal, pero detrás de cada amanecer también aparecen hoteles que invitan a desconectarse y restaurantes donde la cocina guerrerense cuenta historias a través de cada platillo. Porque viajar no solo es descubrir destinos, también es encontrar lugares que nos hagan sentir como en casa —lejos de ella—.
Dormir junto al Pacífico
Ixtapa cuenta con una sólida oferta hotelera para distintos estilos de viajero. Entre los grandes referentes se encuentra el hotel Barceló, un resort frente al mar que destaca por sus amplias instalaciones, albercas y espacios pensados para disfrutar del Pacífico sin preocupaciones. Su ubicación privilegiada permite que el océano se convierta en compañero constante durante toda la estancia.
Foto: Alejandro Aznar, Pexels
Las Brisas Ixtapa, por su parte, apuesta por una experiencia más íntima. Su característica arquitectura escalonada sobre la montaña permite que prácticamente todas sus habitaciones disfruten de vistas privilegiadas hacia la bahía. Rodeado de vegetación tropical y con una de las playas más atractivas de la zona, es uno de esos lugares donde el tiempo parece transcurrir más lento.
Dónde dormir en Ixtapa
Durante este viaje, me hospedé en Sunscape Dorado Pacifico Ixtapa. La habitación, equipada con terraza privada, se convirtió rápidamente en un refugio para observar el ir y venir del destino entre un recorrido y otro. Los detalles también cuentan: el kit de higiene premium y la comodidad general de la estancia hicieron que regresar cada noche fuera tan agradable como salir a explorar durante el día.
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Más allá de los grandes resorts, Zihuatanejo también ofrece hospedajes con un carácter más cercano. Villa Mexicana conserva esa esencia relajada de hotel frente al mar que invita a disfrutar la costa sin complicaciones. Hotel Irma destaca por su privilegiada ubicación y una de las vistas más bellas de la bahía; su arquitectura combina detalles coloniales con la atmósfera playera que define al destino, mientras que su propuesta gastronómica merece una visita por sí sola.
Por su parte, Solez Boutique Hotel apuesta por una experiencia más exclusiva y contemporánea, con espacios diseñados tanto para el descanso como para la realización de eventos especiales. Ninguno opera bajo el esquema todo incluido, pero precisamente ahí radica parte de su encanto: permiten vivir Zihuatanejo a un ritmo más pausado y auténtico.
Sabores de Guerrero
La gastronomía fue otro de los grandes descubrimientos. En Restaurante Angustina, la velada comenzó con mezcalinas de jamaica y maracuyá para después dar paso a un chamorro de cerdo con lentejas que combinó sabor y tradición en cada bocado. El cierre perfecto llegó con un postre de coco y mango que supo exactamente a costa guerrerense.
Para desayunar, Carmelitas Café es una parada obligada. Aquí las tortillas se elaboran a mano al momento y sirven de base para platillos que saben a cocina casera en su mejor versión. El aporreadillo, los tamales de mole, los tacos de requesón y chicharrón y otros guisos tradicionales convierten cada desayuno en una celebración de la gastronomía mexicana.
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Si lo tuyo son los sabores del mar, Restaurante Pamelita merece una visita —fue mi favorito por su ubicación frente al mar en la Isla de Ixtapa, sus mariscos frescos y deliciosos así como sus bebidas preparadas con esmero—. Las tiritas, el ceviche, las empanadas de camarón y el aguachile parecen resumir la esencia de la costa en un solo menú. Todo sabe mejor acompañado de una piña colada bien fría o de una “lesbiana”, nombre con el que localmente conocen a las clamachelas.
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Jueves de tradición en Ixtapa
Una de las experiencias más auténticas llegó en Teosintle durante el tradicional jueves pozolero. Ahí probamos el característico pozole verde guerrerense, distinto a otras versiones del país por sus ingredientes y acompañamientos. Aguacate, chicharrón y totopos con queso fresco complementan un platillo que no solo alimenta, también conecta con la identidad de Guerrero y sus tradiciones más queridas.
Entre habitaciones con vista al Pacífico y mesas llenas de sabor, Ixtapa-Zihuatanejo confirma que los mejores viajes se construyen a partir de pequeños momentos. Un desayuno preparado al instante, una terraza frente al mar o un pozole compartido pueden convertirse, sin buscarlo, en los recuerdos más duraderos del camino.
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