Altar de Muertos en el Museo de América
José Antonio Forzán | 2010-10-27 Carta de México

El “Altar de Muertos” tradición mexicana que tiene su origen en las culturas mesoamericanas precolombinas, se ha ido estableciendo dentro de la atención de los madrileños y consolidando año con año su público asiduo así como nuevos visitantes.

Está práctica, es parte de la cultura funeraria de México, la cual festeja el regreso de los difuntos al mundo de los vivos, pues se considera que en esta fecha tienen la oportunidad de volver a convivir vivos y muertos.

El Altar de Muertos se monta en el tiempo en que las almas de los parientes fallecidos regresan a casa para convivir con sus familiares vivos, y para nutrirse de la esencia del alimento que se les ofrece en los altares domésticos. El 1 de noviembre es el día en que regresan las almas de los niños, y el día 2, las de los adultos. En ambas festividades juegan un papel fundamental los altares y las ofrendas.

Hay que subrayar que en todos estos altares mexicanos determinados elementos rituales se hacen presentes con el fin de asegurar que en esos días los muertos puedan regresar fácilmente al mundo de los vivos y retornar después hacia el inframundo. Así por ejemplo, siempre aparece en ellos el agua, la fuente de la vida, que se ofrece a las ánimas para que mitiguen su sed después de su largo recorrido y para que fortalezcan su regreso. Aparece también la sal, un elemento de purificación que sirve para que el cuerpo del muerto no se corrompa en su viaje de ida y vuelta. Y por supuesto las velas y los cirios, que producen “la luz”. Son un símbolo de la fe y la esperanza, pero son también la guía que ha de servir para que las ánimas puedan llegar a sus antiguos lugares y alumbrar después el regreso a su morada.

Junto a estos elementos aparecen otros como los cigarros, hechos con picietl (tabaco con otros ingredientes vegetales). En el mundo mesoamericano fumar era considerado un acto ritual, ya que el humo comunicaba la tierra con el cielo. Sustancias como el copal o el incienso tienen como fin purificar el espacio, mientras que las flores sirven para adornan y aromatizar el lugar durante la estancia del ánima y proporcionarla felicidad en su regreso. Una de las más utilizadas es la flor amarilla del cempasúchil (zempoalxóchitl), considerada símbolo de la muerte y que se cree sirve para atraer y guiar a las almas de los muertos. En los altares aparecen también petates, que hacen referencia a la cama o la mortaja del muerto. En estos días funciona para que las ánimas descansen. En los altares de los niños no debe faltar el izcuintle, que aparece aquí como un juguete, y que en la época prehispánica muchas culturas mesoamericanas consideraban que este perro ayudaba a los muertos a cruzar el caudaloso río Chiconauhuapan, último paso para llegar al Mictlán o inframundo.

Fundamentales son también los dulces, de leche, de nuez, de coco, de pistacho, las figuras de chocolate o azúcar, las palanquetas de cacahuete, los ates, el camote, la calabaza en tacha... su fin es hacer felices a los pequeños muertos. Y en todos los altares se hace presente la comida: mole, frijoles, tortillas, guajolotes, tamales, panes de huevo y otras muchas cosas más se ofrendan, al tiempo que se preparan todos aquellos platillos que más agradaban a cada difunto, dispuestos en el altar para complacerle en este día.

El chocolate, una bebida ritual en la época prehispánica; el pan de muerto, las frutas, símbolo del constante devenir y de los ciclos vitales; el licor, recuerdo de los acontecimientos agradables durante la vida; los juguetes de los niños; las calaveras de azúcar, alusión a la muerte siempre presente, y una gran cruz de ceniza, que ha de servir al ánima para llegar hasta el altar y poder expiar así sus culpas pendientes, son otros de los elementos que aparecen en ellos.

Altares y ofrendas del Día de Muertos constituyen pues la puesta en escena de la proximidad entre los vivos y los muertos. Éstos regresan brevemente a la vida para beber, comer, descansar y convivir con sus deudos. Este reencuentro vital convoca a la memoria impidiendo “dejar morir del todo” a los fallecidos. Por eso, esta celebración es, ante todo, una celebración de la memoria.

Así que nuevamente este año por quinta ocasión se inaugura el “Altar de Muertos” en  el claustro de la planta baja del Museo de América, dedicado a la “Revolución de México”. La inauguración del Altar, se acompaña de la actuación del grupo de ballet folclórico Nahui-Ollin.

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