El Anillo del Nibelungo de Richard Wagner: Filosofía y Música como renovación espiritual.

Mayo 22 2017 por Rafael García Pavón

“Es posible que alguien sienta que unas obras le atraen por su riqueza pero no logra entenderlas de momento porque le desbordan. Confieso que algo así me sucedió, de joven, cuando me encontré con las operas de Wagner (…) poco a poco fui penetrando con creciente admiración en su enigma y, al final, se me abrió un espacio interior nuevo. (…) Lo decisivo es que las obras musicales, sea cual fuere su estilo, nos adentren en el mundo de la belleza y nos eleven a un plano de excelencia. Si uno advierte que sucede esto, pone todos los medios para elevarse a la altura debida, De lo contrario, se aleja porque le queda todavía mucha música excelsa por admirar.” (Alfonso López Quintás, Estética musical, pp. 377-378)

El arte musical de la obra operística que nos lego el compositor alemán, nacido el 22 de mayo de 1813, Richard Wagner y en particular con su magna obra y única en la historia de la ópera El anillo del nibelungo podría parecernos hoy una excentricidad, por un lado, por los aparentes excesos a los que llega con su creación: 4 operas con más de 20 horas de representación dramática, música que es poco melodiosa con grandes oberturas sinfónicas, múltiples personajes que no se identifican con seres humanos concretos sino que son míticos y fantasiosos, donde no hay cantos líricos y pegajosos, sino versos en alemán con contenidos filosóficos no fáciles de digerir, diseñado para realizarse en un teatro que no existía en sus tiempos y con escenografías casi imposibles. Podríamos preguntarnos ¿quién el día de hoy podría soportar este desbordamiento de creatividad?

Porque además, dicen algunos, esto parecería ser la creación de un megalómano, pues Wagner no sólo compuso la música, sino los libretos, la escenografía, la puesta en escena, peor aún si nos damos cuenta que le llevó realizarlo más de 20 años para ver su estreno por primera vez en 1876 y no sin indicar que en México se ha llevado a cabo una sola vez en la historia durante 4 años. ¿Por qué alguien que se encontraba en el exilio político, endeudado y perseguido por sus deudores, en pobreza hasta la indigencia e incomprendido por su primera esposa no se dedico a hacer algo más comercial? Además que entre las dos primeras partes de la saga y las dos últimas compuso otras dos obras (Tristán e Isolda y Los maestros cantores de Nuremberg) El día de hoy a lo mejor Wagner hubiera sido visto como alguien fuera de los parámetros del mercado. Es verdad, Wagner tuvo la suerte, la fortuna o el milagro de haber sido rescatado de estas condiciones por el patrocinio del Rey Luis II de Baviera por la profunda admiración que sus obras le causaban, pero esta no fue la condición para su potencia creativa.

Lo que quiero decir es que el atractivo de la obra de Wagner no está en que cumpla con los estándares a los que el mercado de la industria del entretenimiento nos tienen acostumbrados sino en que es un testimonio vivo, cada vez que accedemos a su representación, de la pasión humana de crear un ámbito de sentido que trascienda las limitaciones del tiempo y el espacio y nos conecte con ese mundo interior que palpita detrás de las preguntas fundamentales de la existencia ¿quién soy yo? ¿de dónde vengo? ¿qué sentido tiene la vida? Es decir, las preguntas filosóficas que constituyen nuestro modo de ser como seres pensantes. Sin las cuales nuestro modo de vivir se fragmenta en los deberes cotidianos de la rutina en donde nuestra personalidad e identidad, se diluyen y se experimentan como aburrimiento. Por lo mismo, si no queremos salir de nuestra zona de confort, Wagner siempre nos parecerá inaccesible o peor sin sentido, y en el fondo como dice López Quintás estaremos perdiendo una oportunidad única de acceder a la riqueza de un mundo interior que es patrimonio de la humanidad.

Desde esta perspectiva quisiera presentar algunas pinceladas de lo que ese mundo interior que Wagner expresó en la obra de El Anillo del Nibelungo nos dice sobre nuestra humanidad, y en la cual se integran el pensamiento filosófico con el arte musical, de modo tal que la música puede hacernos comprender lo que el pensamiento no abarca en sus límites conceptuales, precisamente porque para Wagner el arte y en su caso la ópera como drama musical deben tener un lugar en la sociedad como el que tenía el drama griego: el de un rito sagrado de comprensión y renovación del sentido de su destino. Como decía el filósofo y por muchos años amigo íntimo de Wagner, Friedrich Nietzsche, con ocasión del estreno de esta obra en 1876: “[Wagner] ha llegado a hacer filosofía con el sonido; la intencionalidad que le quedaba la invirtió en la expresión de sus ideas e intuiciones finales…El anillo del nibelungo es un tremendo sistema de pensamiento sin la forma conceptual del pensamiento.” (F. Nietzsche, citado por Bryan Magee La filosofía y Wagner. FCE. Ibooks iphone. Pos. 1398)

La idea central es que en el proceso de creación del Anillo Wagner expresa una idea universal que late en el fondo de estas inquietudes originales de ser humano, que es la de percatarnos, para decirlo coloquialmente, que no nos “hallamos” en el modo en que hemos hecho el mundo y como lo conceptualizamos, que de alguna manera se encuentra corrompido y que es el origen de nuestros sufrimientos; simultáneamente, nos sentimos llamados a hacer algo en el anhelo y el deseo de esperar una redención del mismo.

Para Wagner este proceso es el cambio que debe operar en el ideal más alto del hombre, como la transformación de un mundo basado en el poder a uno basado en el amor, pero que en la ópera de El Anillo se interpreta de dos modos diferentes en su creación: uno político y otro metafísico. En parte por las influencias de las lecturas filosóficas de Wagner en un tiempo y otro; pero de principio a fin este acto de redención o de paso del poder al amor solo sería posible por un mundo musical o dicho de otra manera, para Wagner como para su gran influencia filosófica Arturo Schopenhauer: en el principio todo era música y sin la música no se da esta redención espiritual.

Como bien expone Bryan Magee la ópera para Wagner se configuraba como un arte total y del futuro, porque en ella se relacionaban todas las formas del arte integradas en un drama expresado musicalmente de tal forma que en una sola obra se integraban los dos mundos que constituyen a los seres humanos: el mundo objetivo racional y definible en tiempo y espacio, y el mundo de las emociones, interno, duradero en la representación de mitos universales y no de historias específicas, porque los relatos míticos hacen presente el sentido mismo del origen de la condición humana.

De este modo sería un arte del futuro porque no se limitaría a su creación histórica o a hechos históricos. Por otro lado, la música en un principio tenía para Wagner la función del coro en el drama griego por lo que la música era como quien comentaba con sus tonos lo que sucedía con los personajes escribiendo la música en armonía con las frases, pero Wagner lo desarrollo al grado de que las frases desaparecían y era la música lo que imperaba.

Esta tensión que va de la música como acompañante de la palabra a la música como el sentido mismo del drama se ve en el desarrollo de la obra del Anillo como esa tensión de comprender un cambio del poder al amor como un paso de creer en el sentido político del desarrollo humano a uno metafísico del amor. Por lo que en el final lo que sucede para Wagner es que la ópera no es un drama con música sino que es un drama musical en el cual la música se liberaría de la palabra, es decir, del ámbito que nos sitúa y nos ata a un sujeto o a un objeto, y nos permite acceder directamente al mundo interior que es el fondo de aquello que vemos ante nuestros ojos.

El sentido político le viene influenciado a Wagner por las lecturas del filósofo Feuerbach y su relación con el anarquista Bakunin, bajo la idea de que era posible que este mundo corrompido por las ambiciones de poder en su forma y su sistema podía ser cambiado materialmente hablando e instaurar uno del amor, como pensaba Marx. En principio así inician las dos primeras partes del Anillo: El Oro del Rhin y La Valkiria. Pero después Wagner, y sobre todo influenciado por Schopenhauer, se da cuenta que en sentido material y social eso es imposible de cambiar, y que en realidad el cambio es el que opera de modo interior por medio de un amor sin condiciones como la compasión y la música al dejar de desear que ese orden cambie, sino que en el cambio interior se da un sentido de comunidad universal con toda creatura viviente, aniquilando el deseo de afirmarse en este mundo, lo cual se ve expresado en las dos siguientes partes del Anillo: Sigfrido y el Ocaso de los dioses.

Así para Wagner es la música por la cual el orden del amor como compasión universal y no del amor como deseo de cambio en las condiciones materiales es que los seres humanos podemos comprendernos, unirnos, con todolo que existe y de esta manera redimir inclusive al mundo y la naturaleza de su sufrimiento La razón de ello tiene que ver con la convergencia de las intuiciones musicales de Wagner con la filosofía de la música de Schopenhauer en su libro El mundo como voluntad y representación. En general para Schopenhauer larealidad se da en dos modos de ser simultáneo y que se unen de manera milagrosa en la condición humana, que son el mundo de la representación o sujeto del conocer, y el mundo de la voluntad o sujeto del querer. El mundo de la representación es la realidad que se objetiva de acuerdo a nuestros principios lógicos y conceptuales por los cuales el mundo aparece como una red de definiciones; este sería el mundo de los fenómenos, es decir de lo que apareceante nuestro sentidos y nuestra inteligencia como algo delimitado por el tiempo y el espacio y que se adecua a las formas de nuestra razón. Este mundo es al mismo tiempo una actitud, que sería el egoísmo, porque al fin y al cabo la representación a las definiciones, los conceptos, la realidad encuadrada en ello depende del sujeto que conoce por lo cual sería una actitud de dominio y de posesión de asemejar todo a uno mismo.

Sin embargo, este es un mundo aparente, en el que nos creemos los dueños y causantes del mismo y por lo mismo su propia ley. Pero para Schopenhauer cuando queremos conocernos a nosotros mismos nos damos cuenta en la introspección que no somos solo lo que podemos objetivar de nosotros mismos, no solo somos un fenómeno, sino que detrás de ello somoscuerpo, somos querer, somos motivos de tal forma que en realidad el fondo y causa de los fenómenos es algo más sustancial que en el hombre se encuentraantes de la conciencia en forma de deseos, motivaciones o pasiones, que es la voluntad de querer. La cual como tal no quiere nada pues solo define lo que quiere en el mundo de los fenómenos. En otras palabras y en síntesis, todo lo que ocurre y nuestra forma de conocerlo no es más que modos en que esa voluntad de existir que no se encuentra en el tiempo, ni en el espacio, se objetiva y se concreta. Por lo que en realidad todo deseo, todo anhelo de concretar un objetivo en este mundo no es más que una empresa infructuosa porque no es más que un modo de reproducir la voluntad de vivir, dicho de otra manera, vivir duele por que la vida es un deseo nunca satisfecho, lo cual se denota en el hastío y el aburrimiento cuando la voluntad se sabe voluntad.

Es en esta perspectiva que Wagner reinterpreta sus ideas revolucionarias de cambio social como una labor imposible, porque en términos de Schopenahuer no serían más que actitudes egoístas en las cuales impongo mis propios deseos a otros y por lo tanto, como dice Schopenahuer, el sufrimiento continuará, por eso el más egoísta es el que más sufre, y la representación de ello es el poder del que puede causar al otro la muerte y la vida, pero es sufrimiento porque no se libera del deseo. Por tanto, la única actitud o vía de slavación o de redención, es vivir sin desear de modo concreto, y esto es lo que cambiaría nuestra actitud egoísta a una compasiva que sería el fundamento de la ética. Es decir, cuando veo en el otro no lo que yo puedo objetivar o decir de él y que conviene a mis esquemas y satisface mis deseos, sino cuando en su dolor en su sufrimiento irremediable puedo comprender que estamos en la misma condición por lo que se disuelven las diferencias y nos encontramos en la misma unidad.

Esta vía de salvación si bien es la compasión es también para Schopenhauer el arte y sobre todo la música, porque para Wagner y Schopenhauer la música es una expresión no objetivable, no melodiosa, de la voluntad misma, por ello en la música podemos encontrarnos sin diferencias. Wagner va más allá, porque la música se convierte en el fondo que expresa la realidad por la cual lo que vemos representado en el personaje se realiza, principalmente en disonancias que no acaban de resolverse, en tensiones entre los instrumentos que representan el trasfondo de cada uno y que se repiten en múltiples motivos y variaciones a lo largo del drama; entre más música más nos olvidamos de la palabra y del personaje en sí y entramos en contacto con el mismo fondo que late en nosotros y así con la audiencia, de tal forma que la música permite ir más allá de lo dramatizado y entrar en un estado de ánimo común que funda la comunidad de humanidad.

Esta música debe producir efectos sublimes, es decir, en los cuales las posibilidades de relación con lo expresado desborden mis prejuicios y me encuentre comprendido por la obra antes de que pueda yo poner alguna defensa ante ella, por medio de una acto de suspensión de lo útil y lo cotidiano, del propio yo, es decir del mundo de los fenómenos, que Wagner pensaba hacer con el teatro que diseña y que existe al día de hoy en la ciudad de Bayreuth, no poniendo intermedios, ocultando la orquesta y distribuyendo los asientos del teatro en forma de teatro griego en modos equidistantes.

Así en la saga del Anillo el mundo de la representación el poder y el deseo se ve realizado en los modos como los personajes pretenden realizar sus deseos particulares desde los dioses a los seres mundanos y concretado en un objeto simbólico como es el anillo. Pero la música denota detrás de sus actos la condición que están padeciendo y así nos pone en contacto con el verdadero sentido de la obra y de los héroes y no nos deja perdernos en sus propias ambiciones o en sus hechos concretos.

Al final el efecto que esto produce es que la música es lo que se recuerda del drama y es lo que puede repetirse del mismo, pueden cambiar las adaptaciones y las condiciones materiales, pero la música es la misma, como diría Schopenhauer el mundo de la representación cambia pero la voluntad es una sola. Se libera la música de su relación de subordinación a la palabra y la acción y actúa por sí sola. Porque finalmente la obra es una re-presentación de la condición del devenir temporal de los fenómenos y la música es una imagen directa de la temporalidad, su duración, su relación de unidad por la cual puede hacer, antes que el cine, presente un pasado y presente un futuro no realizado, provoca que acontezca en la ópera como después en el cine imágenes directas del devenir temporal. Y es la repetición de ese devenir temporal el que al poderse recordar, porque permanece en nuestro propio modo de experimentar el tiempo en las diversas emociones, el que hace posible repetir las posibilidades de sentido y así aspirar a la redención. Por ello, finalmente el cambio del orden del poder al amor no se da en cambiar la peculiaridad del mundo finito o en cambiar esas condiciones sino en el modo de unirse con ellas sin abolirlas, en el Anillo se representa con el ocaso de los dioses y la reintegración y renovación del mundo en el medio de la música, de tal manera que como dice Cioran antes y después solo había música porque ella marca los tiempos, la duración, las distancias y los ritmos por los cuales las leyes de lo natural se realizan como una unidad.

El Anillo del Nibelungo –basado en las sagas nórdicas de los Erdda, como Tolkien y su Señor de los anillos- en general relata la creación del mundo por los dioses del Walhalla y cómo éste se corrompe por la misma ambición de los dioses, es decir, por la corrupción de las leyes que provocaron los mismos que fundaron las leyes, instaurando un desorden en la lucha por el poder que les da la forja de un anillo hecho con el oro del Rhin pero a cambio del cual habrán de renunciar a todo amor. Por lo que el orden natural no podrá ser restablecido por ellos sino por un héroe inocente, Sigfrido –nieto de los dioses- y cuyo valor consista en no temer a los dioses; sin embargo él mismo cae de su gracia de modo trágico, y la única redención se da por el amor incondicional de la Valkiria Brunilda –que abandonó su divinidad por la humanidad por compasión al padre de Sigfrido- y del mismo modo por compasión a Sigfrido retorna el anillo al Rhin y muere en la pira funeraria del héroe, terminando con la destrucción del orden de los dioses y reestableciendo el orden natural en un nuevo comienzo. Es el amor incondicional de una mujer tranformado de un amor erótico a uno por compasión en la renovación simbólica de la muerte lo que le da al mundo en su catástrofe la posibilidad de un renacimiento.

Sin entrar en los detalles de la saga, lo cual sería una tarea imposible, en el Anillo hay una música metafísica en el sentido de Schopenhauer y de redención por la música como una acto de amor eterno en el tiempo de compasión universal. La música tiene el modo de hacernos acceder de forma directa más allá de sus representaciones al mundo interior que subyace detrás de los fenómenos por el acto de lo sublime y en el fondo porque pasa de ser un acompañamiento de la palabra a sustituir a la palabra, porque es el arte del tiempo en el que persiste la memoria como la unidad del futuro posible con el origen pasado en el cual se da esa reconciliación con todo lo que existe. Va del silencio como intensidad y duración musical al despliegue sublime del mismo; la música une los dos mundos el de las ideas y el de la vida, el exterior y el interior. Liberar la música de la palabra es liberar al tiempo del objeto y así las obras de arte son actos de liberación de las relaciones sujeto y objeto (Bryan Magge, posición 1054) lo cual equivale a liberar el amor de las condiciones de la utilidad, la renovación se da en la permanencia de la vida interior de la música. La música de la obertura del preludio de la saga, el Oro del Rhin surge de la pasión como vinculación con las fuerzas que determinan el devenir de la naturaleza en diferentes modos de sonidos, que Wagner convierte en motivos musicales para determinar la unidad entre los personajes y el drama, con las pasiones subyacentes y dejarnos claros que detrás de todo lo que acontece su razón última se encuentra en los estados y pasiones que marca la música. A partir de ella surgen las palabras y los cantos de las hijas del Rhin que salvaguardan los secretos del oro que se encuentra en su fondo: que quien renuncie a todo amor posible y lo posea tendrá poder sobre toda creatura viviente, seducción ante la cual cae uno de los seres más despreciados dentro de este universo el enano Alberich, el cual se forja aun anillo para concentrar ese poder en su persona. Vemos enotnces en Alberich la amenaza del fin de la música, el individuo que se hace con los secretos de la naturaleza para dominarla y dominarlos a todos a costa de no tener ninguna relación de unidad real, es la encarnación misma delegoísmo en toda su expresión como diría Schopenhauer. Pero lo peor sucederá cuando el dios Wotan quien ostentaba la lanza de la justicia y la rectitud, viola sus propias leyes, engaña al enano Alberich y luego engaña a los gigantes, por poseer el anillo con el fin de terminar de construir la morada divina lejos del mundo el Walhalla. Este es el preludio de lo que sucederá en toda la saga la corrupción delamor por la ambición del poder.

En la Valkiria el drama se desencadena porque Wotan con su ambición engendró en la tierra en la forma de un lobo a un par de gemelos: Segismundo y Segismunda que separados de nacimiento se encontrarán una vez maduros para engendrar como seres perfectos a Sigfrido, algo así como la encarnación de Wotan, pero precisamente es la esposa de Wotan Fricka, la diosa del amor y el matrimonio fiel. La violación de él mismo de las propias leyes que le dan sentido a los dioses y al mundo, de su arbitrariedad, porque para ello Segismundo deberá derrotar en duelo, con la espada especial de Wotan, al esposo de Segismundad, Hunding, traspasando la fidelidad del amor matrimonial por la ambición de un poder desmesurado. Ante ello Wotan no tiene más remedio que pedirle a la protectora de los guerreros, a Brunilda la Valkiria, que no proteja a Segismundo, pero ella se compadece de Segismundo por lo que Wotan interviene directamente matando a su propio engendro y castigando a Brunilda, quitándole su divinidad y condenándola a padecer en una roca bajo un anillo de fuego hasta que no venga alguien que no le tema a los dioses, de nuevo, el hilo argumental se percibe en la música sobre todo cuando Wotan la condena.

En la tercera parte del drama, Sigfrido, heredero de la pasión divina es inocente e ingenuo, pero al mismo tiempo no sabe cuál es su verdadero destino, así que se la pasa constantemente saliendo a buscar aventuras en el bosque mediante las cuales se revele su destino y se sienta completo. Parece y se cree el gran hombre libre, además de que lleva consigo la espada de Wotan y forjada por el enano Mime, hasta llegar al momento de encontrarse con Brunilda. Donde traspasa el anillo de fuego y se revelan mutuamente en un amor humano apasionadamente sublime, que en su abrazo, no hay temor ante ningún dios porque se tienen a sí mismos. Es esta pieza musical una de las grandes cumbres del genio Wagneriano, pues si leemos los versos, seguimos la historia, sabemos lo que sucede, pero es por la múisca que el sentido de lo dicho adquiere toda su plenitud haciendo presentes los motivos musicales del pasado y las expectativas de nuevos motivos musicales del futuro, en la música y en la letra representan la esperanza de un nuevo orden que proviene de un amor apasionado sin temor al poder y que proviene del fondo de los seres humanos.

Sin embargo, en la parte final de la saga, El Ocaso de los dioses, Sigfrido, presa de los artilugios del hermano del desaparecido Alberich, Hagen, y aprovechàndose de la inocencia de Sigfrido que le produce su propia pasiòn de hèroe, lo engaña para casarse con su hija Gretuen y raptar a Brunilda y casarla con su hijo Gunther, con la intención de recuperar el anillo. Momento en el cual Brunilda movida por la defraudación confiesa la debilidad del héroe en su espalda, y en un momento de caza, Hagen lo hiere por la espalda y lo mata, en su agonía Sigfrido recupera la memoria olvidada y reconoce su amor auténtico ante Brunilda, la cual toma el anillo de sus manos lo regresa a las hijas del Rhin y se inmola a sí misma en la pira funeraria con Sigfrido, produciéndo con este acto de compasión total la renovación de todo el orden producido por la corrupción de los dioses y del poder, el cual se expresa musicalmente con toda su fuerza en el funeral de Sigfrido.

El héroe tien un sentido trágico porque como la música lo expresaba se dirigió inconscientemente a su destino trágico, el cual representa que ni siquiera él puede ser el instaurador de un nuevo mundo, porque pertenece a ese mundo de la representación y sería otro modo de egoísmo, sino que es el amor incondicional de Brunilda a su padre y a él en el descubrimiento de su humanidad, que la separó del poder de su padre Wotan, el que verdaderamente puede redimir al mundo simbolizado con la muerte de todo lo dramatizado y volviéndo a su estado original, por lo cual creo que la intención final de Wagner no era polìtica, es decir, no es un héroe carismático entre los hombres el que nos salvará del dolor de vivir, sino metafísica y cultural, en la medida en que el arte puede hacernos entrar en ese estado de compasión que representan los actos de Brunilda, por ello también el Anillo no podemos identificarlo, como en la saga de Tolkien, con alguna religión en particular, pero sí con un sentido religioso natural que nos habla de la condiicón humana del dolor de vivir y del anhelo de la unidad en el amor, la renovación espiritual solo vendrá para Wagner por el artista que habiendo madurado en su inconsciente la relación con su naturaleza pueda expresarlo mediante un arte, como la música, que participe a los otros en ese sentido de comunidad universal y como decía Mahler: “en el mundo de la música sólo Beethoven y Wagner” Bryan Magge, pos. 1629)

Bibliografía

Alfonso López Quintás (2005) Estética musical. Madrid: S.A: Rivera Mota.

Bryan Magee (2011) Wagner y la filosofía. México: FCE (Ibooks. Iphone 6plus)

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