Logran tres hitos científicos en megaproyecto en el Golfo de México

Interés General por Redacción - cartademexico.com

El equipo de científicos del CICESE, UNAM y Cidesi presentó los resultados de la primera etapa del proyecto oceanográfico CIGoM, entre los cuales se encuentra la modificación de un vehículo submarino y la identificación de cetáceos para ser monitoreados vía satélite


El pasado 17 de marzo, científicos mexicanos informaron que concluyó con éxito la primera etapa del megaproyecto mexicano para la investigación y monitoreo químico, físico y ecológico del Golfo de México. Éste es un esfuerzo de gran calado en el que participan, desde hace dos años, diferentes instituciones encabezadas por el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE); la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y el Centro de Ingeniería y Desarrollo Industrial (Cidesi), con financiamiento de la Secretaría de Energía (Sener) y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

A raíz del gran accidente y derrame petrolero ocurrido en el norte del Golfo de México el 20 de abril de 2010, por la explosión e incendio de la plataforma petrolera semi-sumergible, Deepwater Horizon, que trabajaba a 30 kilómetros de Louisiana, Estados Unidos, los científicos y autoridades mexicanos retomaron una vieja reflexión sobre la importancia de conocer el comportamiento de las corrientes, formas de vida y procesos bioquímicos en el mar que comparten, casi en exclusiva, México, Estados Unidos y Cuba.

Aquel derrame se considera sin precedente en la historia de la explotación petrolera debido a la profundidad a la que ocurrió, que fue de mil 500 metros, y a su magnitud, pues se estima que 757 millones de litros de petróleo crudo se vertieron en el Golfo, alterando y afectando los ecosistemas marinos y varias pesquerías en una amplia zona. Además, provocó la muerte de aves, tortugas, delfines y otras especies de cetáceos y pelágicos mayores.

La extensión de la gran cuenca oceánica que ocupa el Golfo de México es de 1.55 millones de kilómetros cuadrados, es decir, tres cuartas partes de lo que mide la superficie seca o área continental de México.

“Despertamos a la realidad de que no entendemos lo que pasa en el Golfo. Ninguno de los modelos podía descifrar a dónde iba el crudo. De hecho, 25 por ciento de ese petróleo derramado no se sabe actualmente dónde está”, indicó  Juan Carlos Herguera, investigador del CICESE y responsable técnico del megaproyecto, cuando se fundó el proyecto mexicano.

Según el reporte de resultados de la primera etapa del proyecto oceanográfico mexicano, los tres primeros logros históricos de este esfuerzo son: 1) la modificación de un vehículo submarino de control remoto que antes sólo hacía observación del fondo del mar y ahora es capaz de colectar muestras de suelo marino; 2) la integración de un simulador virtual que permite entrenar a personas que trabajan como operadores de gliders, que son vehículos robots que bajan hasta mil metros de profundidad para estudiar corrientes marinas y que envían información las 24 horas, mientras están sumergidos, y 3) la identificación de individuos del grupo de mamíferos marinos conocidos como cetáceos (ballenas, delfines y orcas), que serán marcados para poder ser monitoreados vía satélite. 

Además, se completó y entregó el único producto definido como entregable en esta etapa, el manual de procedimientos y protocolos de muestreo en cruceros oceanográficos y de intercalibración de metodologías de análisis en laboratorios.

Todas las instituciones mencionadas trabajan juntas bajo el nombre de CIGoM, que es el acrónimo de Consorcio de Investigación del Golfo de México, y recibe recursos del gobierno de la República a través del Fondo Sectorial de Hidrocarburos Sener-Conacyt.

ROBOT SUBMARINO. El Golfo de México es una zona que se caracteriza por emanaciones naturales de hidrocarburos, esto hace que al presentarse un derrame sea necesario distinguir entre aquel petróleo que proviene de emanaciones naturales y no confundirlo con el que proviene de un derrame accidental.

Para medir correctamente es imprescindible contar con una línea base para poder evaluar los impactos en casos de derrames de gran escala y tomar decisiones rápidas para proteger los ecosistemas. He aquí la importancia de contar con estudios de línea base y monitoreo ambiental en aguas mexicanas, específicamente en el Golfo de México.

Juan Carlos Herguera, responsable técnico del proyecto e investigador de la División de Oceanología del CICESE, informó que, en la primera etapa, la parte financiera se cumplió en 85 por ciento, mientras que el avance técnico alcanzó 97 por ciento, lo que representa un avance global de 40 por ciento para todo el estudio.

Este proyecto fue convenido a cinco años en tres etapas. La etapa 1 se estableció a dos años y concluye en marzo de 2017; la segunda abarca dos años más y concluirá en 2019, mientras que la tercera etapa durará un año y concluirá en 2020.

El doctor Herguera explicó que los tres grandes logros correspondientes a esta primera etapa son hitos que “nos abren las puertas para poder realizar otras actividades que antes no podíamos llevar a cabo porque no teníamos ese avance instrumental”.

El primero de estos tres hitos fue el modificar y poner a disposición de los investigadores el vehículo autónomo o ROV de la UNAM, que ya está modificado y operando.

Herguera García dijo que la UNAM tenía un robot submarino que era puramente observacional. Es decir, que estaba dotado solamente con una cámara para detectar y visualizar organismos y objetos en lugares normalmente inaccesibles para los humanos, como es el mar profundo.

La propuesta fue reconvertir este vehículo operado remotamente (ROV, por sus siglas en inglés) de un medio observacional en un vehículo capaz de muestrear sedimentos y rocas del fondo del mar. Las modificaciones que el equipo del Cidesi integró en este robot submarino fueron un brazo robótico para colectar muestras de sedimentos y rocas del piso oceánico y una base modular donde acumular las muestras obtenidas, que son núcleos de sedimentos de hasta 10 cm de diámetro y 15 cm de penetración.

SIMULADOR VIRTUAL. El segundo de los hitos alcanzados en la primera etapa de esta investigación oceanográfica es el desarrollo de un simulador virtual con el que los operadores de gliders podrán entender su comportamiento tomando en cuenta la profundidad y el movimiento de las corrientes marinas, tal y como podría ocurrir en un océano con corrientes. Este simulador virtual también fue desarrollado por personal del Cidesi.

Los gliders o planeadores submarinos son vehículos autónomos que trabajan ininterrumpidamente durante semanas o meses en condiciones extremas, pues llegan a descender hasta mil metros de profundidad.

El simulador que ahora tiene el megaproyecto del CIGoM permite a los pilotos conducirlo virtualmente bajo el agua, modificando o manipulando las inclinaciones de navegación, es decir el ángulo pitch y el ángulo roll. De este modo posibilita el conocer y predecir su comportamiento bajo distintas condiciones.

MONITOREO DE CETÁCEOS. Respecto al tercer hito, el responsable técnico dijo que concluyeron no solamente los reconocimientos aéreos, sino también en barco, de las especies y zonas en las que se hará marcaje satelital de cetáceos.

Este proyecto está a cargo de los doctores Oscar Sosa Nishizaki y María Concepción García Aguilar, del CICESE, quienes han sido pioneros en este tipo de estudios sistemáticos para la caracterización de los patrones de movimiento y agregación de estos grupos de cetáceos en el sur del Golfo de México, región de la que se tiene muy poca información respecto a la abundancia y diversidad de estas especies en aguas mexicanas.

Con las marcas satelitales que colocarán en selectos especímenes se podrán conocer sus trayectorias individuales y de agregación dentro del golfo. Algunas de estas marcas graban información sobre la temperatura y profundidad durante los buceos de estas especies a grandes profundidades para forrajear, y se podrá conocer cuánto tiempo permanecen sumergidos y a qué temperaturas y si tienen lugares preferentes donde forrajear en el fondo.

CUENTAS CLARAS. El gran esfuerzo interinstitucional deja ya como un legado un documento que será un gran apoyo para la ciencia del futuro en la zona y que se llama Manual de procedimientos de muestreos durante los cruceros oceanográficos y resultados del proceso de intercalibración y control de calidad de los laboratorios analíticos. Este documento estuvo a cargo de la doctora Sharon Herzka Llona y del propio doctor Juan Carlos Herguera.

Se trata de dos tomos. Uno describe los protocolos de muestreo que han seguido en cada una de las campañas oceanográficas, y el otro explica qué metodología se siguió en el análisis de muestras en los diferentes laboratorios de las instituciones participantes.

Esta información generada es básica y fundamental para poder comparar los resultados que se están obteniendo y para programar cómo se deberán hacer las cosas a futuro. Así, el manual pretende unificar criterios durante la colecta de las muestras para minimizar los errores asociados a los resultados, y describe las metodologías que utiliza cada laboratorio y qué tan comparables son sus resultados con el resto de los laboratorios.

En el pasado mes de febrero de 2017 se llevó a cabo una reunión convocada por la subcomisión de evaluación de este fondo sectorial, donde los científicos presentaron los dos tomos del nuevo manual y los tres grandes logros o hitos alcanzados. También se hizo una reflexión abierta sobre los problemas que pudieran alterar el cumplimiento de los objetivos.

Entre éstos, Juan Carlos Herguera diferenció los problemas que surgen de manera natural en el aspecto humano y en el administrativo, los asociados exclusivamente a la conversión del ROV y aquellos de organización interna.

Destacó entre los problemas actuales la depreciación que ha tenido el peso frente al dólar. Explicó que hace tres años, cuando proyectaron la segunda etapa (que está por iniciar), les impusieron como techo máximo el valor de 15 pesos por dólar.

“Tres años más tarde nos encontramos que el dólar está en 20 pesos. Hemos perdido la tercera parte de lo que habíamos proyectado. Ahora tenemos que trabajar para cubrir ese déficit y asegurar que cumpliremos exitosamente con los objetivos que propusimos originalmente en el proyecto”, indicó el investigador de CICESE.

La zona económica exclusiva del Golfo de México y el mar Caribe abarca casi 830 mil kilómetros cuadrados, y está sujeta a la influencia de diferentes procesos oceanográficos que operan en diversas escalas de espacio y tiempo, características que lo convierten en un desafío para la comunidad científica.

Cuando en noviembre de 2014 el CICESE anunció el inicio del megaproyecto Plataformas de observación oceanográfica, línea base, modelos de simulación y escenarios de la capacidad natural de respuesta ante derrames de gran escala en el Golfo de México, la comunidad oceanográfica de nuestro país consideró que se trataba de la oportunidad para “subirse al tren de la oceanografía del siglo XXI”, el reconocimiento y aprobación de la propuesta tomó más de cuatro años, pero hoy en día es una realidad, con una inversión de más de mil quinientos millones de pesos y una duración de 5 años.

Con la presentación de los avances técnicos y financieros, la Subcomisión de Evaluación del Fondo Sectorial Conacyt-Sener-Hidrocarburos avaló los resultados obtenidos en la primera etapa del proyecto “Implementación de redes de observaciones oceanográficas (físicas, geoquímicas, ecológicas) para la generación de escenarios ante contingencias relacionadas a la exploración y producción de hidrocarburos en aguas profundas del Golfo de México”, y recomendó la liberación de la segunda ministración de recursos del proyecto, el más importante en el ámbito oceanográfico que se realiza en aguas mexicanas y que cumplirá dos años de actividades en marzo de 2017.

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