Jueves 19 de Septiembre, 2019 - México / España
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Los franquistas están despertando; no les ayudemos desde México


Polémica. La carta de AMLO a Felipe VI ha causado un daño colateral preocupante: El gen ultranacionalista español se ha reactivado- como vimos con la grosera reacción de Pérez Reverte- y está siendo aprovechado por la derecha nostálgica para derrotar a la izquierda en las elecciones del 28 de abril.

El próximo 28 de abril, los españoles vuelven a las urnas para renovar el Parlamento del que saldrá el futuro gobierno. Hasta aquí nada fuera de lo normal, de no ser por un factor altamente perturbador e inaudito en la democracia de España desde la muerte en 1975 del dictador Franco: el seguro regreso de sus herederos al Congreso de los Diputados.

Nadie los vio llegar, hasta que el pasado 2 de diciembre lograron que la noticia sobre unas elecciones regionales sin interés, las celebradas en Andalucía, diera la vuelta al mundo. Las encuestas anunciaban que Vox, un partido de extrema derecha minúsculo, iba a obtener apenas un escaño (en el mejor de los casos 4), gracias al desgaste y la corrupción de los dos partidos tradicionales, PSOE (socialdemócratas) y PP (conservadores), y por la creciente decepción con los dos partidos surgidos de la indignación ciudadana, Ciudadanos (liberales) y Podemos (izquierda). No logró cuatro escaños, logró 12. Todas las alarmas sonaron al unísono. España ya no era la excepción europea y seguía la senda del resto de potencias del viejo continente que llevaban años coqueteando peligrosamente con los nuevos fascismos. “Éramos pocos y parió la abuela”, tituló al día siguiente un medio ibérico. ¿Qué pasó para que nadie los viera llegar?

Los catalanes y los huesos de Franco. Pasó básicamente que España nunca fue una excepción ni los españoles estaban vacunados contra el fascismo, ni eran menos racistas y xenófobos que sus vecinos. Bastó con que se activara ese gen del ultranacionalismo que parecía definitivamente neutralizado. ¿Y qué activó es gen? El desafío independentista en Cataluña. Frente al nacionalismo catalán, basado en un agravio histórico —la derrota en 1714 de los catalanes por las tropas castellanas—, el nacionalismo castellano, basado en lo contrario, la exaltación de la supremacía militar y la hegemonía sobre otros pueblos y naciones.

Dos siglos después, ese mismo nacionalismo español radical surgió violentamente cuando esa alianza sagrada castellano-católica se vio amenazada por la amenaza comunista”.  Eso dijo el general Franco para asestar un golpe de Estado contra la República, que degeneró en una guerra civil y en 40 años de dictadura.

Por eso, el reciente anuncio del gobierno español de que va a sacar los restos del dictador del Valle de los Caídos puso en guardia a muchos franquistas y generó reacciones preocupantes como la del candidato de Ciudadanos, Albert Rivera, quien en plena precampaña electoral dijo que “prefiere hablar de sanidad en vez de huesos”, desdeñando así el enorme valor simbólico que supone para millones de españoles —como los que encontraron refugio en México— que el líder de su país se atreva por fin a corregir una anomalía histórica.

Este tufo franquista ayudó al socialista Pedro Sánchez a mantener la esperanza de que podría ganar las elecciones del 28 de abril y gobernar otros cuatro años junto a Podemos… Y fue entonces, con las encuestas anunciando una mayoría absoluta a la coalición PSOE-Podemos, cuando apareció de la nada la famosa carta de Andrés Manuel López Obrador.

“Imbécil o sinvergüenza”. Aproximadamente una hora después de que el diario El País filtrase la carta del presidente mexicano, exigiendo al rey Felipe VI perdón por la conquista y la colonización de México, el escritor español Arturo Pérez Reverte escribió lo siguiente en Twitter: “Que se disculpe él, que tiene apellidos españoles y vive allí. Si este individuo se cree de verdad lo que dice, es un imbécil. Si no se lo cree, es un sinvergüenza”.

Lo preocupante no es tanto la virulencia y la altanería mostradas por el autor de La Reina del Sur con sus insultos (al que suele recurrir siempre que escribe artículos), sino que su caso no es ni mucho menos aislado, ni se centra en círculos derechistas. Ese gen ultranacionalista español, que López Obrador logró activar en Pérez Reverte, es compartido por millones de españoles, que podrían identificarse con candidatos como el líder de Vox, pese a sus descaradas mentiras, como la que escribió tras estallar el escándalo: “López Obrador, México y toda América deberían agradecer a los españoles que llevaran la civilización y pusieran fin al reinado del terror y barbarie al que estaban sometidos. Nada más que decir. España dejó Nueva España como un territorio rico y próspero”. Para rematar su tuit siniestro lo ilustró con la imagen de calaveras, pertenecientes a la de las víctimas decapitadas por los sacerdotes de Tenochtitlán.

En el colmo de la mezquindad y el oportunismo, el líder del PP, Pablo Casado, calificó las declaraciones de López Obrador como de una “ignorancia escandalosa” y una “auténtica afrenta a España”, y denunció que el líder del PSOE se haya “equivocado de aliados en Iberoamérica” y se haya unido a “nacionalistas indigenistas”.

A menos ya de un mes para las elecciones, el rebrote nacionalista español podría costarle muy caro no sólo a Sánchez, sino también a las relaciones entre dos naciones aliadas, si regresa a España la derecha más rancia y nostálgica de tiempos oscuros, no tan lejanos.

¿Quién iba a decirle a Hernán Cortés que iba a ser estrella mediática y electoral 500 años después?

Con información de: La Crónica de Hoy.